Claridad de Propósito: El Gran Reto de Publicar con Principios

04/05/2015

 

Conozco a la maestra Guadalupe Yamin Rocha desde hace más de 10 años, una mujer de agallas, una mujer con pensamiento humanista, una mujer preocupada y ocupada por el acontecer social, político y económico de su entorno y de nuestro país. 

 

Desde los años de la preparatoria, Lupita, como sus amigos la conocemos, decidió incursionar con artículos de opinión en un periódico local del Estado de México: ahí fue cuando descubrí la gran pluma que aportaría, desde su temprana edad, al debate público acerca de los temas más relevantes de nuestro México y el mundo. Para posteriormente integrarse activamente a los debates institucionales que la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México le ofrecerían. 

Años después de conocer a Lupita y de su interés por plasmar y compartir sus opiniones analíticas con el público, llegó a mis manos uno de los grandes textos que han marcado mi vida, fue la autobiografía publicada por André Schiffrin, llamada Una educación política: entre París y Nueva York. Esta obra narra los laberintos que llevaron al autor a huir y viajar durante toda su vida entre Francia, su país natal, y Estados Unidos su segundo hogar. Esta historia de éxito desmenuza cómo Schiffrin se convirtió en uno de los grandes editores del mundo, hasta convertirse en “el ejemplo del editor resistente”, como el periódico El País acertadamente le ha denominado. La historia del autor marca una trayectoria que le llevó a ser el fundador The New Pressy de la editorial Phanteon Books, hasta el día en que la famosa Random House decidió adquirirla para buscar publicar únicamente bajo una lógica que apostaba por las enormes ganancias económicas de los best sellers, pero dejaba de lado la esencia de la publicación con responsabilidad intelectual. Hecho que culminó en la separación de Schiffrin de su propia editorial y a su marginación a pequeñas casas editoriales donde aportó su experiencia y sus últimos años de vida a la edición y publicación que fueran consistentes con sus principios y creencias formativas.

Hago remembranza de los primeros años de formación de la maestra Yamin y referencia a la historia de dignidad de André Schiffrin, porque sin ellos no se pueden entender mis motivos para decidir, por invitación expresa y en conjunto con Guadalupe Yamin, a fundar y ser el coordinador de la sección de Educación de la revista Pensamiento Libre en febrero de 2010; así fue como nació este proyecto intelectual sobre una visión clara y la firme convicción de enaltecer las ideas plurales y ser el canal “para la libre comunicación de las ideas”, como nuestro lema más tarde nos definió. Cinco años han pasado y puedo sentirme satisfecho por la enorme encomienda y los grandes resultados que hemos tenido como equipo en este proyecto de transformación de las ideas. En lo particular, la sección de Educación fue en cada edición un eje transversal para interconectarnos con el resto de los temas abordados en la revista. 

Dicho lo anterior, he decidido que en esta última publicación de Pensamiento Libre me tomaré la libertad de compartir el reto profesional y personal que me llevaron a conectarme emocionalmente y a comprometerme editorialmente con la temática educativa. Todo se remonta a mi niñez, época en que, con mucho orgullo puedo decir, tuve la suerte de cursar mi educación preescolar, primaria y secundaria en el sistema público escolarizado, hecho que me permitió conocer de forma directa los éxitos y las deficiencias de la educación que caracteriza a la enorme mayoría de los niños y niñas de México. Aunado a lo escolarizado, en el plano familiar tuve la experiencia, durante mi niñez y parte de la juventud, de desarrollarme en el seno de una familia de profesores de los distintos niveles educativos, desde maestros de preescolar hasta profesores universitarios; esto me ayudó a tener siempre claro el panorama y los grandes retos que enfrentaba la política social mexicana, dado que este era el tema recurrente en las conversaciones familiares.

Más tarde, para mi formación de bachillerato, ingresé al sistema de educación privada donde recibí una educación integral basada en valores, instituto donde además tuve la suerte de conocer a la hoy editora de este medio. Posteriormente, a mi paso por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) pude apreciar el valor que tiene para la sociedad un buen modelo educativo. La excelencia académica llevada a un nivel macro es fundamental para tener un impacto decisivo sobre el desarrollo eficiente de los países.

Adicional a mi formación escolarizada, tuve la oportunidad de vivir durante cerca de un año en países desarrollados como Canadá e Inglaterra donde me sumergí en el aprendizaje y práctica del idioma inglés con estudiantes de todo el mundo. De igual manera, en 2008, estuve de intercambio académico en la Universidad de Shanghai, China, y en 2009 en la Universidad de Monash en la ciudad de Melbourne, Australia. Hecho que me llevó a convivir mucho tiempo con compañeros provenientes de diversos países del mundo, pero predominantemente de Asia, dándome cuenta de que se caracterizaban por una capacidad inigualable de proyección a futuro y de disciplina intelectual incansable, lo que me hizo comprender las razones por las que estos países han crecido tanto social y económicamente, siempre con una base sólida en su sistema educativo. 

Cuando concluí la licenciatura y como parte de mi proyecto de investigación para titularme, tomé la decisión de conocer el sistema público de educación básica desde su núcleo y así me aventuré a ser profesor interino de primaria durante cerca de medio año al frente de un grupo de cuarenta pequeñitos de segundo de primaria y durante casi cuatro meses como profesor de la materia de Educación cívica en una secundaria rural en el turno vespertino. Esta experiencia marcó mi vida, al permitirme interactuar de tiempo completo con los estudiantes con características altamente heterogéneas, con los padres de familia con demandas y exigencias diversas, con los profesores y directivos que tienen una cultura organizacional que solo se puede entender al convivir con ellos y, finalmente, lograr palpar la verdadera educación que ofrece nuestro país.

Una vez concluida mi estancia de investigación en campo y con el ánimo de seguirme formando, tomé un curso de verano en 2010 en la Universidad de Nuevo México, en la misma ciudad de Estados Unidos de Norteamérica, con la intención de prepararme para el ingreso a la Maestría de Administración Pública en aquel país. Sin embargo, este proyecto se vio truncado por el mundo laboral y mi pasión por la política mexicana que me atraparon en un crecimiento profesional vertiginoso que hasta el momento ha sido una montaña rusa con grandes aprendizajes en la vida, que me instan en cada momento a dar lo mejor de mí como persona y a refrendar la labor que como político tengo frente a la sociedad.

No obstante, este no ha sido impedimento para seguirme preparando en grandes instituciones educativas de nuestro país, como lo son el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde cursé en 2012 la Maestría en Gerencia Pública, y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), donde actualmente estoy finalizando el quinto semestre del Doctorado en Ciencias Sociales. Instituciones que me han permitido utilizar una diversidad de técnicas cuantitativas y cualitativas que me han facilitado la investigación parsimoniosa y completa sobre algunos de los temas que atañen al desarrollo social de México y el mundo. 

En conjunto, puedo decir que mi formación, tanto personal como profesional, ha despertado en mí el interés por seguir dando cauce a grandes proyectos que aporten al desarrollo eficiente de la política educativa. La revista Pensamiento Libre me ha ayudado a canalizar diversas ideas, a conocer a muchos pensadores de la arena educativa, a hacedores de política educativa y a transmitir experiencias de profesores incansables y ocupados en lograr exitosamente su labor como formadores de conciencias.

El proyecto de Pensamiento Libre me deja grandes amigos que sin duda alguna serán compañeros para otras mil batallas a lo largo de la vida. Me tomo finalmente el atrevimiento para agradecer en lo particular a Edith Itzén por haberse sumado con los ojos cerrados a Pensamiento Libre y animarme cuando los tiempos fueron complicados; a Nazario Pescador, crítico incesante del sistema político y equilibrio necesario en aquellos debates interminables; a Alejandro Furlong, una mente comprometida con hacer de México un mejor espacio para vivir, con ideales incluyentes para que seamos una sociedad más tolerante; a Alejandro Montes de Oca, hombre del sistema, político acertado, pero sobre todo un buen amigo; a Vicente Camacho una mente brillante y compañero de la juventud, y, por último, pero muy especialmente a Lupita Yamin, una mujer que confía en que podemos lograr transformarnos en un mejor planeta, en el cual todos llevamos una gran responsabilidad, una mujer de grandes ideas y, sobre todo, de ideales titánicos, una directora editorial que firme y acertada en el timón siempre supo llevar al puerto indicado a la revista Pensamiento Libre. Gracias porque hoy nos toca desembarcar e iniciar una nueva y, sin duda, más emocionante travesía. 

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo