Comunicación: Inicio y Fin de las Redes Sociales

03/05/2015

 

Una de las razones que les permitieron a los primates humanos continuar en el planeta fue su capacidad de comunicación, es decir, el desarrollo del lenguaje se convirtió en un asunto de sobrevivencia. Así pues, las formas complejas de comunicación nos han permitido trascender a lo largo de la historia.

 

La corteza cerebral constituye la estructura más evolucionada del cerebro y, si observamos al “hombrecito” que describió Penfield, en el que se representan cada una de las regiones corporales que tienen su correspondencia en la corteza, podremos percatarnos de que los órganos de la fonación, así como la boca y la lengua (estructuras básicas para el habla), ocupan gran parte. Esto es porque hemos evolucionado para comunicarnos (Pellicer, 2004).

No cabe duda de que, para la trascendencia de la cultura y su persistencia, el lenguaje y su registro han sido herramienta indispensable. Sin esos dos elementos sería imposible concebir la historia de la humanidad. Actualmente, las redes sociales constituyen el medio en boga dentro de las sociedades que tienen acceso a ellas para la transmisión de información.

Y debo precisar para la transmisión de información para que no se confunda con la transmisión de conocimiento y mucho menos con su adquisición. Hoy, la inmediatez en el acceso a la información es motivo de celebración, sin embargo, no ha producido el efecto deseado, es decir, no porque esté más a la mano el conocimiento ha sido adoptado y hecho propio por aquellos que lo tienen a su alcance. 

Lo señalado en el párrafo anterior, es un fenómeno complejo y, por tanto, para que ocurra seguramente existen muchas razones; una de las que es preciso señalar es que pareciera que la fácil obtención provoca que la dedicación para hacer propio el conocimiento no sea tan intensa y detallada.

Pero la inmediatez no es el único desafío que enfrenta el uso de las redes sociales. Otro aspecto fundamental es conocer la validez y veracidad de la información que circula en ellas y, además, su calidad. Por ejemplo, en lo que se refiere al ámbito científico específicamente, el uso de internet y redes sociales ha acercado el contenido de sus investigaciones a otra población, pero también se ha visto acompañado por la proliferación de múltiples revistas científicas electrónicas que no tienen el mismo rigor en sus comités editoriales para la publicación de artículos.

Es obvio que la generación de conocimiento demanda recursos económicos, por tanto, pareciera utópico y hasta inocente creer que el contenido de las redes sociales esté destinado únicamente a su divulgación. Es evidente que, en gran medida, la motivación para determinar qué tipo de contenidos deben formar parte de las redes sociales es el entretenimiento y el consumo. En otras palabras, el objetivo no es enseñar sino entretener y vender.

Dichos objetivos no son malos en sí mismos ni deben ser vistos como algo negativo totalmente; lo importante es que los usuarios, lectores y consumidores de esas formas de comunicación tengan las herramientas necesarias para saber elegir los contenidos que les permitan acrecentar su cultura y enriquecer sus ideas y puntos de vista.

Compartir diversas opiniones y conocer ideas ajenas trae consigo la ampliación del panorama propio. Y es a partir de un proceso específico que esto se vuelve posible: la comunicación.

El lema de esta publicación es “Por la libre comunicación de las ideas”, y para que la comunicación exista se requiere al menos de dos actores: el emisor y el receptor; y en lo concerniente a la comunicación escrita, estos actores hacen uso de elementos específicos: para la expresión del mensaje, la escritura y para la comprensión de este, la lectura. 

Por tanto, la escritura es una actividad compleja para la cual el escritor debe reunir ciertos atributos como: conocimientos, claridad de conceptos, estrategias y habilidad para integrar múltiples procesos (Vigotsky, 1978).

Es innegable que en cada una de las cosas que hacemos o producimos va implícita parte de nuestra personalidad, en términos llanos algunos lo llamarían “toque personal”. En el caso de los escritores esta cualidad de su producto (los textos que elabora) se refiere al contenido de sus intereses, conocimientos, experiencias, formación académica, principios morales, miedos, deseos y demás elementos que configuran la integridad de una persona.

En el otro lado, está situado el lector, quien recibe el mensaje y además lo interpreta, es decir, a partir de los elementos que conoce puede encontrar puntos de identificación o divergencia en las ideas vertidas en el texto e, incluso, dar un sentido diferente del que originalmente quiso transmitir el escritor.

Una de las muchas cualidades fascinantes de la escritura, es que su trascendencia no se limita únicamente al registro en tinta y papel (o ahora en un archivo informático), sino que el proceso culmina en el efecto que provoquen en el lector las ideas plasmadas en el texto. Es justo ahí donde se encuentra el valor de compartir el pensamiento: influir en el otro.

A pesar de que el panorama es difícil, es decir, lo común no es que dicha influencia sea favorable o tenga solamente fines para el mejoramiento de las personas, también es cierto que existen actores ocupados en la generación de una visión crítica y constructiva de nuestro presente. Pensamiento Libre es una publicación en la que cada uno de sus colaboradores nos hemos ocupado en brindar lo mejor de nuestras posibilidades a los lectores. Es por dicha razón que aprovecho este espacio para agradecer al comité editorial de la revista la oportunidad brindada para la existencia de esta sección de Divulgación Científica.

Dicho agradecimiento ha sido patente desde el inicio de este espacio, sin embargo, ahora decido hacerlo del dominio de los lectores porque el presente es el último número de este proyecto surgido hace cinco años.

No dejo de lado mi gratitud para quienes se tomaron el tiempo para leer la sección. Seguramente habrá oportunidades para continuar la comunicación iniciada en este espacio. Por lo pronto, estimado lector, cuenta con mis redes sociales. Estoy a tus órdenes.

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