Nos Leemos Pronto, es Momento de Seguir Pensando Libremente


Siempre es difícil decir adiós. A nadie le es placentero despedirse de un amigo entrañable. Y sobre todo a ninguno de nosotros le viene bien dejar algo que siente propio, que siente suyo.


Esto es lo que sin duda sentimos quienes hemos compartido el proyecto Pensamiento Libre, porque reitero, para quienes vimos nacer, crecer y desarrollar esta revista fue mucho más que sólo un medio, fue un proyecto entero que logró hilvanar ideas, pensamientos, visiones y amistades, esas amistades que suelen ser para toda la vida.

Cuando nuestra máxima autoridad en el Consejo Editorial de la revista —me refiero a la directora Guadalupe Yamin— me compartió de su decisión para redireccionar los esfuerzos de este proyecto hacia otras tareas sociales, específicamente a la Fundación Pensamiento Libre A. C., debo confesar que me tomó por sorpresa, pues aun cuando yo era testigo de las innumerables batallas que sostenía con cheques, facturas y todas las demás veleidades a las que una persona con ese cargo debe enfrentarse, yo siempre di por sentado que la revista estaba por encima de esas “barreras” administrativas.

Por ello, cuando nuestra directora desmenuzaba poco a poco cada una de las razones por las que de manera impostergable era necesario realizar un cambio de rumbo, no hice más que mantenerme firme, extender mi solidaridad y entender que la renovación no es el fin de un sueño, sino una extensión de ese sueño con el mismo fin.

En el tiempo que tuve la fortuna de pertenecer a este gran equipo de trabajo, fui un elemento receptivo y propositivo. Me explico, fui receptivo pues siempre había algo que aprender de mis demás compañeros, un dato curioso, una anécdota histórica, una historia personal que podía alimentar el contenido del proyecto o simplemente un comentario ocioso, de esos que pueden hacer las tardes más amenas. Quiero destacar que en este aprendizaje de quien mayores lecciones me llevo es de nuestra directora, quien siempre en su paciencia y su amor al proyecto nos otorgaba esa libertad de estrechar los lazos fraternos, al tiempo de forjar y concretar los trabajos para esta revista.

Fui propositivo, porque siempre que me parecía oportuno vertía mi opinión respecto de los temas que se ponían sobre la mesa, en todo momento con la idea de lo que podría ser mejor para la revista y por ende para nuestros lectores. Además, traté siempre de abonar con las cuestiones que trascendían al propio medio, por ejemplo, la publicación del libro, los eventos de aniversario y las participaciones del Consejo Editorial en algunas actividades culturales o relevantes para Pensamiento Libre.

En este sentido debo confesar que, en la medida en que proponía, me instruía sobre cuestiones diversas, pues es precisamente de esta forma —compartiendo y proponiendo— que uno logra entender que todos los puntos de vista son válidos, que cada quien tiene una opinión distinta a la tuya y que triunfar en una discusión no se trata de imponer una visión sobre la otra, sino tener una visión conjunta que permitiera una mayor eficacia para cumplir con nuestras respectivas tareas; ese es un aprendizaje que atesoro, no solo para mis actividades profesionales, sino para la vida misma.

Así pues, agradezco a todos los integrantes del Consejo Editorial de esta revista por su amistad, por su sinceridad y, sobre todo, por compartir su inspiración en el afán de ver siempre a un mejor país, a un México con el que todos soñamos.

También agradezco profundamente a quienes desde su trinchera creyeron en el proyecto y tuvieron a bien depositar su confianza a través de la generosidad de sus patrocinios, convenios de publicidad y demás apoyos que permitieron la viabilidad y sostenibilidad de Pensamiento Libre, a lo largo de estos 5 años. De verdad gracias por ser ejemplo de que para aspirar a una vida y entorno distinto hay que creer en alternativas y proyectos diferentes.

Por último, agradezco y reconozco a quien es, fue y seguirá siendo la artífice y la sustancia del proyecto Pensamiento Libre, a ti, Guadalupe Yamin, que dejaste incontables horas de esfuerzo, dedicación y trabajo para que puntualmente la publicación llegara a ocupar los puestos de revistas. A ti que le diste un voto de confianza a la juventud y nos diste responsabilidades dentro de tu Consejo Editorial; a ti que lo mismo sufriste que gozaste mil momentos con este proyecto; solo puedo decirte que eres un ejemplo para mí, para tu familia y para muchos quienes creemos que una mujer talentosa y valiosa como tú seguirá creciendo junto con los proyectos por venir. Mi agradecimiento sincero por habernos enseñado que la grandeza de los hombres se da por la grandeza de sus sueños.

Esto no es un adiós, es un hasta pronto...

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