El Ciclismo como Alternativa a la Movilidad Urbana


Es conocido por todos que el ciclismo más que un deporte es una cultura que se ha arraigado en distintos pueblos y zonas rurales de nuestro país, como uno de los medios de transporte más importantes por su costo, beneficio y, sobre todo, facilidad para ser utilizado por jóvenes, mujeres y adultos por igual.


En esta misma línea, vale la pena recordar a algunos grandes exponentes de este deporte a niveles nacional e internacional, personajes que obtuvieron el mejor acondicionamiento y preparación física a través del uso habitual de su medio de transporte y que eventualmente se convirtió en su modus vivendi.

Destaco, por ejemplo, a Porfirio Remigio, mejor conocido como el Indio de Acero, quien en la década de los 60 causaba revuelo por su fortaleza física, que lo llevó a ganar diversos certámenes nacionales. También está la historia sorprendente de Ricardo el Pollero García, a quien le fue encontrado su talento gracias a su herramienta de trabajo, la bicicleta, con la que cargaba una caja que transportaba pollos, gallinas y gansos del municipio de Toluca a otras localidades del Estado de México, como Lerma y Ocoyoacac. Este singular atleta también ganó diferentes competiciones nacionales e internacionales, lo que le valió para representar a nuestro país en los Juegos Olímpicos de Helsinki, además de Juegos Panamericanos y Centroamericanos.

En fin, podríamos seguir platicando de este tipo de casos de éxito donde el ciclismo como medio de transporte rindió frutos en el ámbito deportivo y al nivel más alto. En contraste con estas alegres historias del siglo pasado, que bien nos podrían llevar a pensar que el ciclismo se ha perfeccionado o evolucionado como alternativa de movilidad urbana, hoy chocamos con una realidad muy triste y hasta cierto punto incoherente.

La cultura de la bicicleta no ha permeado aún en la idiosincrasia del mexicano, como debería de ser. En la actualidad son muy pocas las ciudades que apuestan por detonar una infraestructura seria en materia de ciclo vías. Muchas de las ciudades más pobladas y desarrolladas del país prefieren seguir haciendo caminos, puentes y carreteras que apostar a otras alternativas para la movilidad de su gente.

Además, el ciclista común tiene que enfrentarse con la pobre cultura vial que también es otra triste realidad en nuestro país, por ello quienes tienen la necesidad de desplazarse en bicicleta saben que en cada trayecto ponen su vida a rodar.

México debería respetar más los ecosistemas que lo componen; las autoridades deberían de ser más justas con la ecología y congruentes con esa aspiración eterna de hacer este un mejor país, no solamente fomentando el uso de la bicicleta sino generando verdaderos esquemas para su utilización, a niveles tanto cultural como estructural.

Sé que es muy recurrente la frase “miremos lo que están haciendo otros países” y, en este caso, me gustaría referirme a este multicitado proverbio, pues sin irnos hasta el viejo continente, que es sin duda el mayor ejemplo de éxito sobre políticas públicas en el uso de la bicicleta, países vecinos como Estados Unidos y algunos de Sudamérica, como Chile y Brasil, están aprovechando al máximo el uso de la nueva “conciencia verde”.

Esa conciencia que trasciende al solo hecho de cómo moverse de un lugar a otro, que busca que como humanos y habitantes de este planeta asumamos una responsabilidad con las futuras generaciones, que entendamos que hablar de una nueva movilidad urbana no tiene que ver solo con bajar los niveles de CO2 de nuestra atmósfera, sino que implica un compromiso profundo con nuestro cuerpo, nuestro espacio y nuestro legado.

La movilidad urbana, se haga en bicicleta o en cualquier otro medio, tiene que dejar de ser un sueño y convertirse en una realidad que sea responsabilidad compartida y para el beneficio de todos.

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