Movilidad en el Anciano

01/03/2015

 

Guardar reposo y estar en cama es una de las indicaciones médicas más utilizada de todos los tiempos. Incluso la palabra clínica, que hace referencia a muchas cuestiones médicas, proviene del griego κλινική (kliniké) y se llamaba así a la práctica de atender a los pacientes en la cama.

 

Conforme ha evolucionado la medicina, nos hemos dado cuenta de que el estar acostado por mucho tiempo, puede ser incluso perjudicial. Aun así, la población general está acostumbrada a fomentar que el abuelito no se esfuerce tanto, que no se mueva, que descanse y repose. Específicamente en la población geriátrica la inmovilidad es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades y aumenta la mortalidad general.

 

En este sentido, se ha desarrollado el concepto de movilidad, que no debe ser confundido con la movilidad social o de grandes masas. Aunque ambos conceptos están implicados en el estudio y cuidado de la salud, la movilidad social explica cómo se desplaza la población dentro de una ciudad y a su vez estudia el impacto en salud que tiene, por ejemplo, desplazarse en bicicleta en vez de usar el automóvil. Por otra parte, la movilidad geriátrica es consecuencia de la interacción entre factores que incluyen salud biológica, capacidad perceptual sensorial, habilidades motoras, capacidad cognitiva y factores externos como infraestructura, inmobiliaria y apoyo social.

 

Actualmente, en medicina a la inmovilidad del anciano se le conoce como fragilidad. La fragilidad, mejor conocida como síndrome de fragilidad, está caracterizada por la disminución de la reserva funcional y resistencia del cuerpo en diferentes sistemas, por ejemplo, sistemas óseo, muscular, cardiovascular, etc. Es decir, varias partes del cuerpo pierden función a la vez de una manera muy rápida. Aunque esto suena como algo que pasa con el proceso de envejecimiento, es diferente, ya que si con la edad las funciones van menguando, esto es paulatino y no pone en riesgo inminente la vida. Por el contrario, en el síndrome de fragilidad una persona de edad avanzada, que generalmente tiene una o varias enfermedades de base, se enfrenta a un proceso en el cual su función general disminuye drásticamente y, aunado a su estado previo, puede poner en peligro su vida (Ruiz, Cefalu y Reske, 2012).

 

En la vida real esto es lo que sucede: un anciano contrae neumonía, debido a esto se queda en cama un par de semanas, pierde masa ósea y muscular rápidamente, se debilita y al intentar levantarse para ir al baño sufre una caída. Con la pérdida de la masa ósea característica de la tercera edad, aumentada por el síndrome de fragilidad, la caída provoca fractura en un hueso de las piernas. Ahora el anciano debe estar acostado hasta que consolide la fractura (cuestión que tarda hasta tres veces más tiempo que en un adulto joven) y el síndrome de fragilidad empeora las condiciones generales. Se vuelve un ciclo que lleva a nuestro anciano a tener más complicaciones, disminuye el apetito, se desnutre rápidamente y puede incluso morir de forma repentina.

 

Es muy importante conocer el síndrome de fragilidad y saberlo reconocer, ya que tiene una prevalencia de hasta 25% en adultos mayores de 65 años y de 50% en adultos mayores de 80 años. Aunque es bastante común y está bien reconocido el síndrome de fragilidad, poco sabemos acerca de las bases moleculares. Se ha demostrado que durante el envejecimiento hay menor secreción de sustancias endocrinas, como hormona de crecimiento, testosterona, andrógenos y factores antioxidantes; pero estas vías hormonales presentes en todos los ancianos no explican de manera contundente, por ejemplo, por qué en dos semanas un anciano puede perder hasta 50% de su masa muscular. Hasta ahora sabemos que es un proceso multifactorial, complejo y que no solo involucra procesos bioquímicos, sino también cuestiones psicológicas que juegan un papel importante en la movilidad del anciano (Che, Mao y Leng, 2014).

 

Existen varias definiciones y clasificaciones, pero una forma sencilla de reconocerlo es por las siguientes características: pérdida de peso, cansancio, disminución objetiva de la fuerza muscular, actividad física reducida y velocidad lenta para la marcha. Estas manifestaciones deben hacer pensar a cualquier persona en dicho síndrome y buscar ayuda profesional adecuada. Evidentemente, el tratamiento está enfocado en la terapia física, con el objetivo de aumentar la fuerza muscular, la marcha, la autosuficiencia y, por ende, la movilidad general del paciente.

 

Este texto no tiene como objetivo abarcar la totalidad del tema de movilidad en el anciano o del síndrome de fragilidad. Existen libros enteros acerca de esto e incluso hay congresos mundiales que tratan este tópico. Es importante saber reconocer que el síndrome de fragilidad es una entidad que aumenta las morbilidades y la tasa de mortalidad en un grupo de población que ya está en riesgo. Debemos dejar a un lado el concepto de reposo en cama y fomentar las actividades tanto físicas como mentales en la población geriátrica.

 

Tanto para el joven como para el anciano, la movilidad es vida.

Fuentes consultadas

 

Ruiz, Marco; Cefalu, Carcles y Reske, Tom (2012, noviembre). “Frailty syndrome in geriatric medicine”. American Journal of the Medical Sciences.
Che, Xuijao; Mao, Genxiang y Leng, Sean X. (2014). “Frailty syndrome: an overview”. Clinical interventions in aging.

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