Corrupción y Asistencia Humanitaria

04/01/2015

 

Cuando se habla de corrupción, las prácticas que vienen a la mente no se asocian con la idea de la asistencia humanitaria. El dedicarse a ayudar a otros no se concibe como una profesión donde las personas puedan cometer prácticas corruptas o se vean envueltas en ellas. Hace algunos años, decidí dedicar mi vida a esa profesión, a la asistencia humanitaria. Cuando descubrí que era un campo tan inmenso, comencé a interesarme por los tabúes del mismo; uno de esos tabúes es la corrupción.

Como en muchas otras áreas, la corrupción no está bien definida y solo son algunas prácticas las que podemos identificar como corruptas. El objetivo de este artículo no es denunciar prácticas corruptas en el campo, sino compartir cómo se entiende, cómo se vive y las repercusiones de la corrupción en el campo humanitario.

Los objetivos de la asistencia humanitaria son: salvar vidas, aliviar el sufrimiento humano, y mantener la dignidad durante crisis humanitarias, conflictos y desastres naturales; esto quiere decir que los contextos en los que se trabaja son, por definición, riesgosos. La acción humanitaria se practica normalmente en donde los Estados no pueden cubrir las necesidades de su población, donde hay poco o nulo control de la situación. Estos contextos inestables dan grandes oportunidades para prácticas corruptas.

En los últimos años, el sector humanitario ha incurrido en escándalos de corrupción. En 2004, cuando el tsunami en el Océano Índico afectó a varios países, la prensa internacional puso el tema de corrupción en el campo humanitario en los encabezados (Transparency International, 2008). Fue entonces que este tema se volvió importante para la comunidad internacional y los donadores. La mancha que había puesto la prensa sirvió para que se comenzara a trabajar en marcos legislativos y regulaciones para organizaciones y practicantes. El hecho de reconocer que existían prácticas corruptas sugería que los “trabajadores humanitariosenelcampotendríanquelidiarcon estosdilemasadiario,desdepagarsobornos en los puntos de control o los puertos para llevar ayuda más rápido, hasta qué hacer con comités locales que hacían abuso de poder en designar quién necesita ayuda” (Transparency International, 2008, 4).

La mayor parte de los países en donde hay presencia humanitaria son pobres, carecen de instituciones, padecen de grandes problemas de inequidad y la seguridad no es óptima. Muchos de esos países tienen alto grado de corrupción, esta se practica a diario y en ocasiones se confunde o percibe como parte de la cultura (Cremer, 1998), lo que hace que pase desapercibida o se ignore cuando se trata de cumplir con los principios humanitarios.

Cuando no se presta la debida atención a este tema, no pueden observarse sus consecuencias. En este caso, la corrupción en la acción humanitaria no solo se traduce en pérdidas financieras, sino que repercute directamente en la vida de los beneficiarios y en pérdidas humanas en todos los niveles. Es ahí donde las cosas comienzan a cobrar más importancia y es necesario concientizarse sobre la gravedad de dichas prácticas.

En ocasiones, por querer pasar un punto de control, es más sencillo dar un soborno, por pequeño que parezca, para poder dar asistencia a las personas que lo necesitan del otro lado. Sin embargo, no se toma en cuenta que ese pequeño soborno se puede volver una constante que alimenta esa práctica y puede hacer cada vez más difícil el acceso y poner en riesgo la operación, al personal humanitario y a las personas beneficiarias del programa.

En estado de emergencia nadie se pone a pensar en eso, simplemente se crea cierta forma de trabajo y rutina que se traduce en entregar y finalizar proyectos. En ocasiones, el pasar desapercibidas estas prácticas y seguir con la corriente parecería la mejor opción. Para ilustrarlo, un ejemplo que compartió conmigo un trabajador humanitario en una entrevista hace algunos años, me contaba cómo en Burundi el gobierno local sabía que las organizaciones no gubernamentales recibían dinero de la Unión Europea para realizar proyectos y que siempre había un dinero “extra” (siempre hay un poco más de dinero en el presupuesto para emergencias inesperadas dentro de la emergencia); el gobierno quería ese “extra” para dejarlos trabajar en su región. El 31 de diciembre de 2007, una chica que trabajaba como voluntaria en una ONG de médicos, financiada por la Unión Europea, no accedió a dar ese dinero que el gobierno de Burundi exigía como cuota para trabajar en su territorio y la mataron. En esta ocasión las prácticas que llevaban las demás organizaciones empoderaron al gobierno para que pudiera cometer ese tipo de atrocidades. El programa de la ONG se vio afectado por la muerte de su empleada, lo que tuvo repercusiones directas en los beneficiarios y sus inmediaciones laborales. Ocasionalmente, este tipo de casos detienen operaciones completas, esto quiere decir que las personas que reciben y dependen de esa ayuda tienen muchas menos posibilidades de subsistencia.

En adición, como mencioné en un principio, la corrupción se presenta en diferentes formas. Una de las más denigrantes es el abuso de poder y el soborno por medio del intercambio de favores sexuales propiciados tanto por practicantes, como por beneficiarios. Esta forma de explotación tiene implicaciones muy graves y de las únicas formas reguladas en los códigos de conducta de las organizaciones y que tiene efectos para los practicantes y profesionales. Se considera no sólo una violación al código de conducta, sino que es un delito que atenta contra la salud, la seguridad y los derechos humanos de las personas. Ejemplos de esto se pueden encontrar en diversas investigaciones. Se han escrito libros y hasta artículos en periódicos como The Guardian que hacen referencia a prácticas de personal humanitario de abuso de poder. Aunque no se habla abiertamente de los intercambios sexuales como corrupción, es una forma de asumirla.

El nepotismo es una de las prácticas más recurrentes en la esfera. Es común que salgan convocatorias para plazas que ya están ocupadas. Las relaciones dicen mucho en ese campo, generalmente para los puestos medios y altos. Así mismo, existen escándalos gigantes de corrupción en asistencia humanitaria que implican pérdida de dinero o contratos fraudulentos, como el programa de “petróleo por alimentos” que se llevaba en Iraq, un caso de corrupción a gran escala que fue difundido en todo el mundo.

Podría continuar enumerando casos y ejemplos de corrupción en la asistencia humanitaria, sin embargo, más allá del debate moral o de si se cumplen o no los principios humanitarios, existe la necesidad de debatir, estudiar y evaluar las implicaciones reales para la población, el personal humanitario, las operaciones, el país receptor y las instituciones. Lo que representa mantener viva la corrupción y el daño que causa a mediano y largo plazo. Hacerse preguntas a cada una de las acciones y tratar de cambiar el curso y sacar a la luz esos tabúes.

Es la responsabilidad de cada uno de los actores en el campo reflexionar sus acciones, comenzar a planear programas teniendo en cuenta que la corrupción existe y se debe combatir, así como combatimos la discriminación, la violencia de género; así como se defiende la equidad de género, los derechos fundamentales y el medio ambiente; el combate a la corrupción debería ser un tema fundamental cuando se habla de emergencias humanitarias y tiene que ir más allá de sistemas de transparencia y rendición de cuentas. Tiene que ver con saber cómo poner el combate a la corrupción en cada paso del ciclo de programa, sensibilizar a todos los practicantes, y llevar como bandera cómo hacer del combate a la corrupción un aliado para apoyar la paz y no hacer más daño en los países en los que se desarrolla.

Se escribe muy poco de este tema, pero seguirá siendo controversial por muchos años. Va siendo hora de que se empiece a reconocer que existen prácticas de este tipo como en todas las profesiones. El sector humanitario no está exento de malos manejos o de gente que quiera aprovecharse de las situaciones para sacar ventaja, un sector muy susceptible en lugares muy riesgosos y que busca no poner en entredicho su labor.

Los practicantes de la acción humanitaria no somos ángeles o héroes, somos simplemente seres humanos con las virtudes y defectos que conlleva la especie, con culturas e ideas diferentes, trabajando muchas veces en situaciones muy complicadas.

Es en estas ocasiones en las que se vuelve difícil pensar en las repercusiones a gran escala que puedan tener nuestras acciones. No obstante, debemos comenzar a responsabilizarnos de las mismas y alzar la voz, quitarnos esa idea de héroes que van a salvar personas y asumirnos como actores y profesionales responsables de nuestro trabajo y los servicios que proveemos para los menos favorecidos.

Fuentes consultadas
 

Cremer, Georg (1998, 15 de junio). “On the problem of Misuse in Emergency Aid”. Caritas Germany, International Department and University of Freiburg.
Transparency International (2008). Preventing corruption in humanitarian assistance: Final research report. Berlin: Transparency International.

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