Participación Social en Sustentabilidad: El caso Xochimilco y Otros

El sistema político mexicano es una democracia en consolidación. Si bien tiene una serie de defectos, no se pueden negar avances en la constr

 

ucción de un régimen de mayorías y de la construcción de ellas, particularmente de 1997 a la fecha.

Sin embargo, para que tengamos una democracia consolidada es necesario ir más allá de la sola participación electoral y pasar a una democracia participativa.

 

Es común ver manifestaciones con consignas que exigen proteger al ambiente, montajes artísticos que buscan poner en evidencia los problemas ambientales, que condenan accidentes y a veces omisiones del Estado. Sin embargo, su efectividad y la información que ahí se da pueden ser inadecuadas.

Por otro lado, y más allá de la retórica usada por algunos partidos mediante las propuestas de consulta popular del año pasado, es necesario hacer partícipe a la población en la construcción de planes, programas y proyectos (como ya lo manda la Constitución), siempre con una fuerte carga técnica y hasta pedagógica para provocar también la formación e información de la ciudadanía.

Personalmente, he participado en muchos ejercicios de participación ciudadana y hay uno en particular que me parece importante analizar. Dentro del proceso de evaluación del impacto ambiental se realiza una consulta pública. En algunos casos, se incluye una reunión pública de información. El evento tiene tres momentos clave: la exposición del proyecto por parte del promovente, exposición de terceros y sesión de preguntas y respuestas.

En las exposiciones en las que he estado presente observo que resulta común que una parte de los comentarios de terceros y las preguntas suelen estar fuera de lugar e incluso se repiten. Me tocó escuchar en una ocasión la misma pregunta ocho veces, aún con espacios después de que se respondió tres veces.

¿Qué significa esto? Una fuerte desinformación por parte de los participantes o la intención de figurar y fortalecer una idea, más que de cuestionar legítimamente. ¿Cuál es mi conclusión? No es suficiente participar, sino que es necesario informarse. De otra manera cualquier ejercicio de participación resulta inútil.

Por otro lado, hablaré de un caso de fracaso: algunos programas de “rescate” de Xochimilco. Mucho se ha invertido en la demarcación. Tan solo en internet, se encuentra que al menos de 2000 a la fecha se aplicaron mil 200 millones de pesos.

Vale la pena hacer un breviario cultural: parte del proceso productivo de las chinampas consiste en sacar el lodo del fondo de los canales, esparcirlo en las chinampas y sembrar en ese lodo. El gobierno suele pagar como empleo temporal a quien saque el lodo del fondo de los canales. En otras palabras, pagar por algo que se hacía como parte de la actividad productiva. Cuando se informa sobre estos programas, se dice que la aplicación de los recursos permitió integrar a la sociedad activamente en el rescate de la zona lacustre. ¿De verdad?

Este programa de empleo temporal ha tenido efectos contrarios al rescate pretendido: buena parte de los chinamperos no sacan el lodo del fondo de los canales sino hasta que la autoridad les paga. Y peor, no siguen las partes subsecuentes del proceso, con lo que dejan de producir. Al dejar de aprovecharse, las chinampas se han vuelto presa fácil del interés inmobiliario de los invasores y sus líderes (políticos).

¿Cuál es el defecto? Un malentendido impulso a la participación ciudadana. Si bien las políticas públicas deben tener a la participación social como un eje transversal, el involucramiento de la gente a cambio de un bien material en particular no es necesariamente participación ciudadana. La mejor forma de impulsar la conservación en la zona lacustre es fomentando la productividad de la zona, la venta de los productos a precios justos, no sustituyendo el interés productivo por un interés económico que resulta improductivo en los hechos, pero que genera clientela política.

Xochimilco solo será rescatado y revalorizado si hay participación social, tanto de la gente de Xochimilco como de los visitantes. La participación ciudadana es indispensable para lograr el desarrollo sustentable, pero ¿cómo debe ser esa participación?

Primero debe ser una participación legítima, sin intereses creados que suplan el principio original de conservar el ambiente. Debe ser lo más informada posible, pues muchas veces las buenas intenciones con mala información pueden llevar a malas decisiones. Finalmente y muy importante, debe ser constante no solo en las decisiones grandes y técnicas, sino en el actuar día a día, en los hábitos de consumo y actividades cotidianas.

Mientras tanto, queda el espacio para proponer consultas ciudadanas con un mejor fondo y con una visión realmente sustentable, que influya fuertemente en el interés nacional general, como la reducción de subsidios regresivos y que atentan contra la tierra y el aire

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