Bulling: El pecado de Caín

04/11/2014

 

Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: no sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? (Gén. 4, 8-9).


¡NO! no redactaré un discurso monoteísta, politeísta o sectario. No defenderé a capa y espada ni moral ni regla alguna, tan sólo me internaré en lo más profundo de mi mente, buscando la razón que me insta a escribir este artículo, que necesito y quiero comprender. Me sumergiré muy dentro en mi propia esencia, en mi recuerdo neuronal genético vivencial, dentro del cual se halla el compendio de millones de recuerdos, experiencias y sucesos de mis raíces, mis orígenes, ¡nuestros orígenes!, la base comunal de esta sociedad.

 

No es la primera noche que deambulo descalza, sobria y taciturna, por la sala y la larga estancia de mi hogar.

Una noche fría más para meditar y contemplar. Poco dura el silencio perpetuo de los cuerpos indefensos que descansan. Los demonios emergen de la nada, como abriendo puertas de un lugar tan cercano e irreal.

Escucho los gritos ahogados. Mi pulso se acelera. Se acrecienta la presión arterial. Las venas de mi cerebro se exaltan, se excitan, se hinchan de histeria. Mi piel, mis piernas tiemblan. La debilidad macabra se viste de gala.

Mi respiración se sofoca, me ahoga. Siento desfallecer…

Miro mis manos. Sentada a media luna, bajo el cielo desteñido, cae a pedazos mi ser. Un hueco inmenso rodea el punto interno donde se supone debería de existir un paraíso. Las lágrimas como gotas sangrientas góticas resbalan por mi cuerpo frágil. Aquí el dolor ya no es sensible, ya no es inmenso, ya no se siente, ya no palpita. Sólo pido y ruego a gritos que este infierno que abarca los rangos de mi existir termine ya.

— Se cuenta que el Creador de todo y de todos, luego que descubrió el desacato de Caín para con su hermano, lo maldijo por el tiempo exacto que duraría la existencia dentro del plano que conocemos como vida. Siendo así que en pleno 2014, tan tecnológico y versátil, el sumo hermano continúe vagando por las calles de este mundo.

Pareciera una película de ciencia ficción, una escena de muertos vivientes.

No es la primera noche que tengo experiencias de ese tipo, y lamentablemente sé que no será la última…

En ocasiones, sobre tierra firme miro un horizonte cualquiera, a una distancia cubierta de neblina y estupor real, de ese que se materializa cuando la muerte anda cerca, cuando vaga en busca de víctimas. Muchos son los cuerpos de inocentes. Muchos cuerpos sin vida rodean el círculo de ese ensueño, pedazos de seres sin más aliento ni porvenir, un montón de genes masacrados, sangre por doquier….

Intento comprender más que sentir. Intento asimilar, pero con tantos cuerpos encima del vientre entenderán que mi proceder racional no es el mismo.

¡Dios no ha muerto! Si tuviera oportunidad de intercambiar inspiraciones con Nietzsche, se lo diría. Más tampoco Caín ha fallecido. Continúa masacrando vidas, ¡peleando por envidia, poder y ego!

¿Ego, Poder, Envidia, Competencia?

¿Ego es acaso ese singular componente obeso que sacia el hambre inmensa de nuestro wanna be existencial? Ese insaciable y superfluo superhombre que tanto ansía conquistar el sistema de percepción para lograr de sí un conjunto de ideas inconscientes sobre la realidad que se vive.

Ese yo que se sobreimpone al “ello” y que es una versión modificada de éste. Y que al contacto con la realidad exterior fuera de los ideales del “superyó” puede llevar a casos de manía y otras enfermedades mentales…

Acaso ese superYo fue el demonio trastocador que injurió al inocente Abel, que instó a Caín amargo y desleal, sucio, traicionero y vil a competir.

Tan arraigado el celo del ser, aparentar, poseer y satisfacer. Todo cuanto entra en juego, desde la educación familiar hasta las metas ejemplares que guían nuestra esencia y moldea nuestro comportamiento social; impregnado y codificado en nuestros genes, el aditivo perfecto, el cromosoma detonante, cual insignia a modo de letra escarlata que traza el destino gestante desde el vientre materno de asesinos e inocentes.

Poder ser, hacer, construir o destruir, controlar, modificar, alterar, maniobrar, manipular… Cualquier sinónimo de poder que emerge de la voluntad interna latente de privar de libre albedrío al hermano. Todo intento de apagar la luz propia ajena, de entorpecer el pan nuestro de cada quien, hurtar la victoria por talentos del prójimo, por creer ser más y mejor.

Poder… tema central de guerras, luchas, cruzadas y drama histórico- religioso-social-cultural-antropomórfico.

Es así como termino una noche más de pesadilla. Entrando y saliendo de mundos que aparentan incoherencia, siendo más reales que el mismo teatro de la vida. Una gélida noche más, en la que mi cuerpo a salvo se transporta en materia y esencia de los tormentos ajenos…

Yo aquí, mi estimado lector, al igual que usted, bajo el confort de la evasiva existencia.

¿Pero usted y yo qué podemos hacer para que Caín no cobre más vida de Abel?

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