La Problemática de la Salud Sexual de las Mujeres Lesbianas: Su Invisibilidad

02/09/2014

 

El término LGBTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersex) y su banalización en el discurso de las políticas públicas tuvo la enorme ventaja de contribuir en la visibilización de toda una franja de la comunidad antes ignorada o rechazada por las políticas de salud. Sin embargo, es importante notar que la población LGBTTI no es homogénea, además de identidades sexuales y de género disidentes del sistema heteropatriarcal, cada letra representa prácticas, necesidades y riesgos propios en términos de sexualidad.

 

Si para los gays la homofobia se expresa por una desvalorización de su masculinidad y por una violencia verbal y física, las lesbianas en general son invisibilizadas (Guillemaut, 1994). Enfrentan a la vez el sexismo como mujer y la homofobia como homosexuales.


La sexualidad entre mujeres siempre ha sido objeto de fantasía e incomprensión de parte de los hombres heterosexuales. La representación de la sexualidad lésbica en el imaginario colectivo corresponde a una paradoja: por un lado, son desexualizadas, se reduce su sexualidad a preliminares, caricias, juegos, pero les hace falta la presencia de un hombre; por otro lado, son hipersexualizadas y cosificadas, su sexualidad es negada pues solamente existen para satisfacer las fantasías heteronormadas masculinas (Arc, 2006). El placer y la sexualidad no tienen existencia propia fuera de una presencia fálica.

 

Esta invisibilización se expresa de manera muy clara en las investigaciones en materia de salud sexual. En México, por ejemplo, las investigaciones están enfocadas al grupo LGBTTI o a las mujeres heterosexuales. Pero la población LGBTTI es más bien entendida como un bloque homogéneo de prácticas riesgosas entre hombres homosexuales; las mujeres lesbianas o bisexuales no son contempladas en las metodologías de investigación a pesar de que su sexualidad, al igual que cualquiera, implica riesgos y necesidad de prevención. Un ejemplo muy representativo de esta invisibilización es el enfoque en el VIH y la promoción del condón masculino en manifestaciones como la marcha del orgullo gay, no obstante no existe la promoción de métodos preventivos para los problemas de enfermedades de transmisión sexual (ETS) lesbiana.

 

Estudios hechos en Canadá y Francia muestran que solo un tercio de las mujeres lesbianas y bisexuales han consultado un ginecólogo a lo largo de su vida sexual activa. Una investigación de 2003 de la Red Quebequense de Acción para la Salud de las Mujeres (RQASF) ha evidenciado varios criterios que aíslan a esta población de los servicios de salud. Resalta que la discriminación y homofobia está presente en cualquier servicio de salud por la presunción de heterosexualidad por parte del personal médico, y por la ignorancia y la falta de conocimiento de los profesionales de salud en cuanto a la sexualidad lesbiana y sus riesgos. La lesbofobia interiorizada, en cuanto al estrés que representa la revelación de su orientación sexual al personal médico, también es un obstáculo al acceso a los servicios de salud. Finalmente, resalta la pobreza y la invisibilidad social como últimos factores que impiden un acceso sereno de las lesbianas a los servicios de salud (Mimeault, 2003).

 

Esta falta de acceso a los servicios de salud es una violación grave a los derechos sexuales de esta población y tiene consecuencia directa en su salud. Por ejemplo, el virus de papiloma humano (VPH) está en aumento en la población femenina tanto heterosexual como bisexual o lesbiana, pues su contagio es solo por contacto y no solo por penetración. Es un ejemplo perfecto de ETS entre mujeres, pero este modo de contagio es desconocido por las mujeres y por los profesionales de la salud (Marrazzo et al., 1998, pp. 1604-1609). Las mujeres lesbianas y bisexuales van dos veces menos que las heterosexuales a enfrentar un examen PAP (prueba de papanicolaou), y no tienen un acceso facilitado a un ginecólogo, así que presentan mayor riesgo de desarrollar un cáncer uterino o de ovario (Roberts et al., 1998, pp. 93-101).


Si bien el riesgo de transmisión del VIH por relación sexual entre mujeres es considerado como muy bajo, no es inexistente. Las mujeres lesbianas y en especial bisexuales pueden tener relaciones sexuales con hombres a lo largo de su vida sexual por lo que estarán también expuestas al virus o a cualquier otra forma de transmisión no sexual del virus. Un peligro más importante para las lesbianas en cuanto al VIH es el mito de su inmunidad frente al virus, creencia difundida entre la población lésbica en sí pero también en la comunidad médica (Richardson, 2000, pp. 33-49 y Roussel, 1993, pp. 24-25). Si bien es cierto que el riesgo de transmisión es menos probable que entre hombres, sigue existiendo y no debe ser ignorado.

 

La transmisión de trichomas vaginales, de la sífilis y la hepatitis A ha estado demostrada en casos de mujeres que nunca tuvieron pareja sexual masculina. Además, la tasa de hepatitis C, que es transmisible por la sangre, sería más importante en la población lesbiana que en la población de mujeres heterosexuales, en particular, por razones de relaciones sexuales en periodo de menstruación (Marrazzo et al., 2003, pp. 890-895).

 

Esta falta de acceso a los servicios de salud es una violación grave a los derechos sexuales de esta población y tiene consecuencia directa en su salud.

 

La falta de visibilidad de las mujeres lesbianas en las políticas públicas de salud dirigidas a la población LGBTTI tiene consecuencias muy concretas en el incremento de ETS en esta población. La negación de la sexualidad lésbica y su invisibilización es una violencia institucional que deja a estas mujeres expuestas a varias enfermedades que se podrían evitar fácilmente si tuvieran acceso a un discurso de prevención.

 

Hoy en día, este discurso está encabezado por las organizaciones de la sociedad civil, pero es crucial que el gobierno empiece a elaborar políticas de salud sexuales enfocadas a mujeres lesbianas y dé a cada letra de LGBTTI el enfoque y la importancia que merece.

 

Arc, Stéphanie (2006). Les lesbiennes. Paris: Le Cavalier Bleu.

Guillemaut, Françoise (1994). “Images invisibles: les lesbiennes”. En Daniel Welzer-Lang, Pierre Dutey y Michel Dorais (Dirs.), La Peur de l’autre en soi, du sexisme à l’homophobie. Montreal: VLB.

Marrazzo, Jeanne; Koutsky, Laura; Stine, Kathleen; Kuypers, Jane; Grubert, Thomas; Galloway, Denise; Kiviat, Nancy; y Handsfield, Hunter (1998). “Genital human papillomavirus infection in women who have sex with women”. Journal of Infectious Diseases, 178, 1604-1609.

Marrazzo, Jeanne; Stine, Kathleen; y Wald, Anna (2003). “Prevalence and risk factors for infection with herpes simplex virus type-1 and -2 among lesbians”. Sexually Transmitted Diseases, 30 (12), 890-895.

Mimeault, Isabelle (2003). Pour le dire… Rendre les services sociaux et les services de santé accessibles aux lesbiennes (rapport de recherché). Montreal: Réseau québécois d’action pour la santé des femmes (RQSAF).

Richardson, Diane (2000). “The social construction of immunity: HIV risk perception and prevention among lesbians and bisexual women”. Culture, Health and Sexuality, 2 (1), 33-49.

Roussel, Nathalie (1993, marzo). “Féministes et lesbiennes en panne d’activisme”. Le Journal du Sida, 48, 24-25.

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