Sobre Animales, Circos y Otros Demonios

 

En los meses anteriores y después de la prohibición de circos con animales en el Distrito Federal, el tema se reavivó y generó un debate airado, aunque poco serio.

 

Para algunos expertos, la medida particular en el Distrito Federal estuvo tan mal diseñada que terminaría por prohibir también el uso de animales vivos en educación ambiental. El fondo del asunto nadie lo cuestiona: se debe evitar el maltrato a los animales.

 

Como norma general, la Ley General de Vida Silvestre norma a los circos con animales. Para efectos de esta ley, los circos deben llevar a cabo programas de manejo de sus especímenes y evitar el maltrato animal. Entonces, son considerados Predios o Instalaciones que Manejan Vida Silvestre (PIMVS) igual que los zoológicos. En papel hay regulación y su aplicación correcta es responsabilidad de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

Pero hagamos un análisis del debate y sus argumentos.

 

Uno de los argumentos comunes de quienes se oponen a los circos con animales (autonombrados animalistas) es que los animales no deben estar en o hacer cosas distintas a “su naturaleza”. Vale la pena preguntar ¿a qué se refiere “su naturaleza”? ¿Cómo determinar la naturaleza? Si se refiere a vida silvestre ¿por qué no se propone también la prohibición de otros animales? Me refiero a perros en hogares y refugios, caballos y bueyes en el trabajo de campo, peces en peceras, estanques y acuarios; pollos, cerdos, borregos y otros animales en criaderos y ranchos. Todos son casos en los que fueron sacados de su vida silvestre y algunos domesticados o sometidos. ¿Por qué sólo se defienden animales vistosos como tigres o leones? ¿Precisamente por vistosos?

 

Otro argumento es que en los circos se maltrata a los animales y que por ello se debe prohibir su uso. Pero cuando los animalistas fueron invitados a conocer los métodos e instalaciones de los circos hicieron caso omiso. ¿Por qué?

 

Sobre el tema hay datos concretos: en el periodo abril de 2013 a la fecha, Profepa ha realizado inspecciones a 740 animales en 63 circos. En estas inspecciones, fueron asegurados 96 ejemplares. Las razones del aseguramiento fueron tanto administrativas como la falta de trato digno y respetuoso. El número es claro: 13% de los animales supervisados estaban en condiciones irregulares. Pero no todos, ni la mayoría de los animales, son maltratados.

 

Aun así, muchos han propuesto que se prohíban los animales en circos. Prohibir así resulta absurdo. Haciendo analogías, se debería prohibir circular a todos los autos porque algunos contaminan en exceso. Que se prohíban también los rastros, pues en muchos se procede mal en la matanza y, ya encarrerados, también se deben prohibir las escuelas, pues en algunas los niños son maltratados.

 

La propuesta parece incompleta y superficial. Muchos expertos cuestionan: ¿qué sucederá con los animales retirados de los circos? Estos morirían pronto de ser reintegrados a vida silvestre. México no tiene instalaciones adecuadas ni suficientes para atender estos casos ¿Qué se hará con la vida silvestre que por ley no pueda salir del país? Desde esta perspectiva, la prohibición de circos con animales parece una ocurrencia y no una política pública bien planteada.

 

Finalmente, cuando a los animalistas se les menciona la regulación legal de los circos dicen que no creen en la ley. Si es así, ¿para que proponen una Ley que, en su propia lógica, no será confiable?

 

Un problema del fanatismo es que se evita la información contraria a la opinión propia. Quien no esté dispuesto a confrontar sus ideas y escuchar las del otro corre el riesgo de tomar decisiones basadas en dogmas y probablemente erróneas o incompletas.

 

El asunto de circos sin animales es popular. Sin embargo, me parece que como democracia debemos optar no sólo por lo que diga la mayoría, por más popular que esto pueda ser, sino que se deben diseñar políticas públicas completas y exigir la aplicación de la ley.

 

La mayoría de los mexicanos (sobre todo los de sitios alejados) conocimos a los tigres, leones, avestruces y demás animales en los circos. Los circos con animales ya están ahí. Esos animales han sido adaptados a vida en cautiverio. Reintegrarlos a la vida silvestre sería matarlos y no hay instalaciones ni recursos adecuados y suficientes para refugios. Mejor aprovechemos los circos. Que los circos se regulen eficientemente por Profepa y se obligue, además del buen trato, a realizar educación ambiental.

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