La Homofobia en el Mundo Laboral Mexicano

01/09/2014

 

¿Se protegen y garantizan efectivamente los derechos laborales de la ciudadanía lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual e intersexual (LGBTTI) en México? Si bien hoy el desempleo y el subempleo son graves problemas en general para la población económicamente activa —que trabaja mayormente en el sector informal—, se trata de situaciones que enfrentan a diario las personas LGBTTI, incluyendo la discriminación laboral.

 

Aunque estos problemas afectan a todas las identidades, las más expuestas y perjudicadas suelen ser las personas trans, las lesbianas y los gays que parecen, son o se muestran más o menos femeninos o más o menos masculinos.

 

La “1a. Encuesta Nacional sobre Homofobia y el Mundo Laboral en México” (Espolea, 2014), contestada por 2 mil 284 personas LGBTTI, ofrece una mirada acerca de quienes trabajan en empresas, gobierno, academia, pequeños negocios, sociedad civil, medios de comunicación y otros ámbitos. Y que sus diferentes modos de emplearse incluyen: “tiene empleo y un contrato indefinido”, “tiene empleo y un contrato temporal”, “desempleado y busca trabajo”, “trabaja por su cuenta”, “no tiene trabajo y no lo busca”, “tiene su propio negocio” y “otros” modos. Aunque la encuesta tiene sus limitaciones, resulta útil porque sus datos permiten hablar de este vivo problema. Destaca que una de cada tres personas LGBTTI ha sido víctima de discriminación, siendo las mujeres transgénero y transexuales las más discriminadas; seguidas por los hombres gays y bisexuales, y las mujeres lesbianas y bisexuales.

 

A 35% de LGBTTI, sus jefes/as o compañeros/as les discriminaron, a 20% les preguntaron sobre su orientación sexual, a 14% les negaron un empleo y a 10% les despidieron por ser quienes son. Además, 55% dicen que sus compañeros/as de trabajo saben sobre su condición. En cambio, para algunos “nadie sabe” (24%), pues temen salir del clóset.

 

Entre los que fueron discriminados, 56% dijeron “no hicieron nada”; y sólo 15% “hicieron algo”, que le significó: renunciar, acusar con directivos y denunciar ante autoridades.

 

En 2007, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoció la discriminación laboral por orientación sexual, ya que los empleados LGBTTI “pueden ser objeto de violencia verbal, psicológica y física, amén de ser blanco de manifestaciones de odio”. Aceptó que, aunque no ha sido suficientemente documentada, esta discriminación remite a un aspecto de la intimidad de las personas sobre la cual muchas veces prefieren quedarse calladas y no la denuncian. La impunidad suele imponerse porque son actos difíciles de probar y el estigma social es muy fuerte.

 

Entre los actos homófobos más recurrentes destacan: el despido y la denegación de empleo y de ascenso; el acoso, que implica bromas indeseables, indirectas y comentarios tendenciosos, abuso verbal, chismes difamatorios, apodos, intimidación y hostigamiento, falsas acusaciones de pederastas, pintadas, llamadas telefónicas insultantes, anónimos, daños a los bienes, chantaje, violencia e incluso amenazas de muerte. También la denegación de prestaciones a la pareja del mismo sexo y las regulaciones referidas a vivienda, sanidad, seguros o pensiones que no abarcan a las personas homosexuales y sus parejas.

 

La discriminación en el trabajo es una experiencia de vida más aguda si se trata de personas trans, si las personas LGBTTI pasan los 35 o 40 años de edad, si son extranjeras, si proyectan una imagen “obvia”, si tienen expresiones y ademanes femeninos o si sus voces son más agudas o chillonas, etcétera. Y eso acontece aún en México porque persiste la marginación social y económica de LGBTTI en diversos ámbitos sociales, principalmente en el mundo del trabajo, ya que no existen políticas sociales de desarrollo que protejan el trabajo decente y los derechos laborales de LGBTTI. Y no existen debido a las arraigadas formas de homofobia que se reproducen entre quienes tienen el poder de decidir, gobernar e incidir en los ámbitos del Estado y de la sociedad. En el país, no hay estadísticas oficiales, pero sí testimonios de esta realidad, aunque pocas veces se denuncian formalmente, porque no se confía en la administración de justicia o por temor a las represalias, incluso dentro de la administración pública.

 

El discurso gubernamental presume como una de sus metas: “Lograr empleo pleno, productivo y trabajo decente para todos”. El trabajo digno o decente es el que “respeta plenamente la dignidad humana del trabajador”, sin ningún tipo de discriminación, incluida aquélla por preferencias sexuales (Ley Federal del Trabajo). Sin embargo, irrumpe la discriminación cuando se justifican y firman ciertos contratos que, en la vida práctica, clasifican a las y los trabajadores en ciudadanos de primera y segunda categorías y, a veces, hasta de tercera. La Constitución reconoce los derechos laborales de los trabajadores, pero sus mecanismos los restringen. Se critica, por ejemplo, que las figuras contractuales de “prestadores de servicios” o “pago de honorarios” son disfraces que utilizan los propios gobiernos para un sinnúmero de relaciones laborales, sin derechos ni acceso al sistema universal de protección social (ingreso mínimo, acceso a servicios de salud, seguro de vida e incapacidad y pensión mínima universal). Se trata de un mismo “Estado de derecho”, donde únicamente la burocracia formal que tiene plaza en el Estado goza de plenos derechos laborales. ¿Y los “demás” trabajadores que son mayoría?

 

Por lo tanto, el Estado no cumple con garantizar, proteger y respetar efectivamente los derechos humanos de todos los trabajadores en general y de los LGBTTI en particular. Lo irónico es que con cada nueva reforma laboral en lo que menos o nada se piensa es en las necesidades reales de los trabajadores, independientemente de donde se empleen, siendo formales o informales. Quienes detentan el poder público sí gozan de sus plenos derechos laborales para sí mismos, pero, cuando toman decisiones, no quieren compartir lo que viven como “privilegio” ni reparan en que tener un trabajo decente es la fuente principal que permite a las personas disfrutar y amplificar sus libertades y derechos fundamentales.

 

Si una persona cualquiera, más si es LGBTTI, no cuenta con un trabajo digno, ello la vuelve vulnerable y reduce sus capacidades de defensa y ejercicio de derechos. Así, el goce de derechos laborales es base fundamental para disfrutar de todos los derechos humanos, en igualdad de condiciones.

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

La deuda urgente del gobierno con el sistema penitenciario

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo