Afrentas al Abordaje Social de la Intersexualidad

 

El activismo de la diversidad sexo-genérica o LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual) ha tenido en su marco histórico la conjunción de diversos grupos y personas que han venido exigiendo el posicionamiento, reconocimiento y ejercicio de sus derechos en diversos espacios sociales. Estos grupos cuentan con la particularidad de no adecuarse a las “prácticas” y “conciencias” heteronormadas señaladas por manuales de conducta, educación escolar, familiar, social e instituciones de Estado que mandan dicha normalidad.

 

A esto se le conoce como hombres o mujeres cisgenéricos (personas que se encuentran en congruencia a su sexo gonadal y fisiológico de nacimiento con el desarrollo social que cuentan, lo que conocemos como construcción social de género) y heterosexuales (en términos generales son aquellas personas que tienen su desarrollo erótico y afectivo por personas del sexo contrario), en contraposición con el término LGBTTTI1, que manifiesta una diversidad de prácticas erótico-afectivas en sus primeras tres siglas (lésbico, gay y bisexual) y una diversidad genérica en sus siguientes tres siglas (travesti, transexual y transgénero). No obstante, la intersexualidad no necesariamente implica una definición diversa de “el género” o de una construcción personal diferente a la heterosexual.

 

La intersexualidad, como lo ha señalado Mauro Cabral2, se asocia con el hermafroditismo y a personas que tienen ambos sexos en su cuerpo. Sin embargo, la intersexualidad tiene diversas conformaciones que no deberán alinearse a una visión única, la cual viene en detrimento de la calidad de vida y desarrollo de las personas intersexuadas; las definiciones conocidas han derivado de estudios exclusivamente clínicos, siendo la visión médica la que oferta una definición única de las variantes de estos estados intersexuados y su “apropiado tratamiento”, lo cual implica una visión de enfermedad, deformación o anomalía en la persona a partir de esta visión.

 

Esta perspectiva ha implicado la negación de una condición del ser humano diferente a las ya reconocidas: personas cisgenéricas, transexuales y transgénero. Por ende, la revisión del estatus de los estudios y atención médicos y jurídicos que se están dando al respecto deberán ir acompañados de una sensibilización social y apertura al tema, para que la definición física y fisiológica de una persona intersexual no derive de una decisión familiar abordada a partir de concepciones médicas que no consideran aspectos relacionados con la socialización y generización (proceso de aprendizaje de los estereotipos y preceptos de género masculino o femenino) de la persona intersexual y llegar a abordar el tema de manera abierta como una posibilidad de desarrollo social que se desmarque y que expanda el abanico social dicotómico y bigenérico (hombre y mujer), y que la construcción social vaya dando determinantes específicas para la autodefinición de las personas.

 

Esta posibilidad deberá ir abriendo también la opción de las consideraciones jurídicas que una variante intersexual requiere, dirigiendo el tratamiento social hacia la posibilidad de hablar de personas con especificaciones definidas por cada una, y no encuadrar en entidades dicotómicas (hombre-mujer, heterosexual-homosexual) las conductas, permitiendo lo que en países como Alemania o Australia ha sucedido, la posibilidad de contar con la nulidad de género o tercer género, abriendo el abanico de autodefinición de la persona intersexuada.

 

Por el lado médico queda en la agenda la necesidad de desarrollar estudios especializados y protocolos de atención médica —cuando ésta sea necesaria— adecuados, sensibles y que consideren las necesidades de socialización a futuro de las personas intersexuadas, con la finalidad de que no deriven en un dictamen médico que refiera una “incongruencia” genital o gonadal de la persona, lo que conlleva una operación casi estética en donde la congruencia “normal” de los cuerpos sea el criterio que predomina para determinar dichas operaciones, mas no el bienestar físico, psicológico y emocional de la persona intersexuada3

1 Para revisar la definición retomada a nivel internacional al respecto, ver Los principios de Yogyakarta: sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género. Disponible en http://www.yogyakartaprinciples.org/principles_sp.htm 2 “Cuando digo intersex. Un diálogo introductorio a la intersexualidad”. Entrevista a Mauro Cabral realizada por Gabriela Benzur en Argentina, 2005.
3 Para mayor referencia a estudios realizados sobre planteamientos de atención integral a personas intersexuadas y casos de atención a personas intersexuadas y familias se puede consultar el sitio de la Intersex Society of North America: http://www.isna.org/

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