Reforma Energética ¿Cómo quedó? ¿Qué sigue?

 

A finales del año pasado, en sesiones largas y atropelladas, fue aprobada en el Congreso de la Unión y posteriormente ratificada por el Constituyente Permanente la reforma constitucional con lo que se transforma radicalmente la política de Estado en materia energética.

 

 

 

En resumen, los cambios de la reforma son los siguientes:

• Permite la extracción y refinación de hidrocarburos y petroquímica a particulares, sin renunciar a la obtención de recursos de estas actividades (renta petrolera) por medio de utilidad compartida, una importante carga fiscal y otros mecanismos.
• Permite también la libre generación de energía eléctrica por parte de particulares, manteniendo la transmisión como función del Estado por medio del Centro Nacional de Control de Energía.
• Petróleos Mexicanos (Pemex) mantiene por sí mismo la extracción de hidrocarburos en los sitios donde ya lo hace con alta eficiencia, como el yacimiento Ku-maloob-zaap, además de los sitios donde tiene ya reservas probadas, como el pozo Supremus-1 en aguas profundas, teniendo plazos claros para desarrollarlos. A esto se le llama ronda cero.
• Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) seguirán siendo empresas del Estado, seguirán dando servicio a los mexicanos y tendrán los retos de modernizarse y ser más competitivos.
• Fortalece a entidades regulatorias como la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Reguladora de Energía, con lo que las empresas dejan de ser juez y parte.
• Crea varios organismos como el Centro Nacional de Información de Hidrocarburos, el Centro Nacional de Control de Gas Natural, encargado de la regulación de la distribución de gas por medio de ductos, y la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente del Sector Hidrocarburos, que dependerá de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
• Es muy importante la creación del fondo petrolero, el cual administrará la renta petrolera, separándola del gasto corriente. La importancia reside en que en las últimas administraciones federales esos recursos se usaron para el pago de la burocracia y no como una verdadera palanca de desarrollo. La nueva reforma ordena ese cambio.

A pesar de lo puntual que fue en algunos temas, la reforma deja cosas importantes para la legislación secundaria: los diputados y senadores deben ser cuidadosos de que los modelos de contratos den las mayores ganancias al país, no sólo en el aspecto económico, sino en lo social y ambiental, además de que se garantice el desarrollo tecnológico del país.

La reforma energética ordena también reformas secundarias en materia ambiental, a fin de evitar mayores daños al ecosistema por las actividades propias de la extracción y aprovechamiento de hidrocarburos. Esta parte es importante: los
riesgos de la exploración en nuevos campos son altos comparados con lo que actualmente hace Pemex.

Se deben evitar grandes accidentes como los de British Petroleum en el Golfo de México recientemente (aguas profundas) o el de Ixtoc de Pemex, en 1979, por parte de Petróleos Mexicanos y que es, hasta ahora, el accidente más grande de la historia.

Por otro lado, las técnicas de extracción de gas y aceite de lutitas requiere grandes cantidades de agua y, por lo mismo, el Estado debe garantizar el acceso al agua para consumo humano y que no afecte el equilibrio ecológico en las zonas donde se hará fractura hidráulica.

Finalmente, en las leyes reglamentarias se deberá establecer un mínimo de generación de energías limpias a los generadores privados, de ahí saldrá el verdadero impulso al sector de energías renovables.

La reforma ya está, con lo que el legislativo cumplió parte de lo que se necesita. Esperemos que la legislación secundaria sea la adecuada y el Ejecutivo aplique el nuevo marco legal de forma eficiente,por el bien de todos los mexicanos.

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