Estudio de Género: Aportes de la Neurociencia

02/11/2014

 

El consejo nacional para Prevenir la discriminación (Conapred) menciona que “la desigualdad de género es resultado de prácticas discriminatorias sistemáticas que han sido reproducidas a lo largo de muchos años en nuestro país. Y responde a una visión de dominio masculino dentro de la cual la mujer debe cumplir roles específicos y comparativamente limitados” (http://www. conapred.org.mx).

 

En atención a lo citado, el género debe entenderse como los atributos que la sociedad asigna a hombres y mujeres. Secundario a ello, surge la desigualdad, pero estrictamente ésta no tiene su origen per se en la discriminación, sino en la biología; en otras palabras, la sociedad no puede otorgar las mismas características a entes biológicos que en principio son diferentes. Esto no implica un juicio de valor, es decir, el reconocimiento de la diferencia no debe confundirse en la afirmación de que un género vale más que el otro.

 

En los últimos años, la neurociencia ha sido una herramienta de gran utilidad para el entendimiento del cerebro y sus diferencias entre hombres y mujeres. Al ser este órgano un elemento principal en la expresión de la conducta, su estudio permite una mejor comprensión de la disimilitud del comportamiento y las habilidades cognitivas de hombres y mujeres.

 

Dicha diferencia es establecida por acción de las hormonas, que son sustancias producidas por tejidos especializados y que actúan en órganos diana (blanco) a través de receptores. Su influencia para el establecimiento de las diferencias en el cerebro de varones y mujeres comienza desde que el individuo se encuentra dentro del útero. Recientemente se ha descrito su preponderancia en el conectoma cerebral (mapa de las conexiones neuronales) (Pallarés, 2011).

 

Aunque el funcionamiento cerebral es global, su organización en hemisferios le concede cierta especialización funcional a cada uno, lo que se conoce como asimetría cerebral o funcionalidad asimétrica. Algunas de las funciones asimétricas más importantes son: lenguaje, reconocimiento de rostros, identificación visuoespacial de las formas geométricas y de los objetos. Una de las variables que afecta dicha asimetría es el sexo (Gil-Verona et al., 2003).

 

De forma sucinta, las diferencias en las características cognitivas y el funcionamiento cerebral en mujeres y hombres son las siguientes: las mujeres tienen habilidades verbales más desarrolladas, muestran mejor desempeño en movimientos finos (motricidad fina) y en velocidad perceptiva. Por otro lado, los hombres adultos obtienen mejores puntuaciones en pruebas espaciales de conocimiento y praxis (Gil-Verona et al., 2003).

 

Aunado a lo anterior, es preciso señalar que las diferencias cognoscitivas entre hombres y mujeres se manifiestan en patrones de actividad muy específicos, sin diferencias significativas en el coeficiente intelectual (CI) (Márquez, 2009).

 

Existen tres enfoques para explicar las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres: la lateralidad, las diferencias interhemisféricas y el tamaño del cuerpo calloso. En relación con el primero, las mujeres son más simétricas, más bilaterales, mientras que el cerebro de los hombres tiende a ser más lateralizado. Esto provoca que las funciones verbales están más “repartidas” en ambos hemisferios en el cerebro femenino, en tanto que en el masculino las habilidades verbales estarían más lateralizadas al hemisferio izquierdo y las espaciales al derecho (Burges, 2006).

 

En contraste con el enfoque anterior, el que aborda las diferencias sexuales interhemisféricas afirma que las áreas del lenguaje están más focalizadas en el hemisferio izquierdo en las mujeres, específicamente en la región anterior o frontal, en tanto que, en el caso de los hombres, están más difusas en todo el hemisferio (Burges, 2006).

 

Finalmente, el tercer enfoque aborda la cuestión del cuerpo calloso. Esta estructura cerebral es la que permite la comunicación entre ambos hemisferios, pues consiste en un “puente” de fibras nerviosas que va de un hemisferio al otro. En el caso de las mujeres es más largo, por lo tanto, esta idea es congruente con la abordada en el enfoque de la lateralidad (Burges, 2006).

 

Ahora bien, aunque la neurociencia nos ayude a comprender estas diferencias, ello supone apenas un paso primario para la solución a los problemas de género y la discriminación y al mismo tiempo aporta información para un nuevo planteamiento de la problemática.

 

Lo realmente trascendente no es la intención de hacer igual nuestro comportamiento o forma de ser, sino aprovechar las diversas maneras de ambos géneros para afrontar una situación.

 

Es innegable que hombres y mujeres tenemos diferencias cerebrales estructurales y funcionales, que pueden influir en la divergencia de nuestras intenciones y objetivos. Admitir las diferencias neurobiológicas debe suponer un beneficio para generar equidad en el ambiente social.

 

El reto que hoy enfrentamos, a partir de la comprensión de nuestro funcionamiento cerebral diferente, es propiciar un escenario en donde las habilidades de cada género sean aprovechadas y reconocidas en todo su potencial: son igualmente valiosas y sirven para propósitos diferentes en nuestro comportamiento social y en último término en la preservación de nuestra especie.

Fuentes consultadas
Burges, Lucrecia (2006). “Diferencias mentales entre los sexos: innato versus adquirido bajo un enfoque evolutivo”. Ludus Vitalis, 14, 43-73.
Conapred (2014). “Documento informativo sobre el día internacional de la mujer” [en línea]. México, disponible en http://www.conapred.org.mx
Gil-Verona, Macías et al. (2003). “Diferencias sexuales en el sistema nervioso humano. Una revisión desde el punto de vista psiconeurobiológico”. Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 2, 351-361.
Márquez, Andrea (2009). “Diferencias neurobiológicas de género”. Alcmeon, 16, 5-13.
Pallarés, Daniel (2011). “La neurociencia aplicada al estudio de género: ¿una nueva perspectiva?”. Fórum de Recerca, 16, 17-35.

 

Vicente Camacho Téllez

Médico por la Universidad La Salle, A.C.

Especialista en Neuropsicología Clínica por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos, Barcelona, España.

vicentct@hotmail.com

Twitter: @VICATEL

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