México frente a los Huracanes Ingrid y Manuel

01/01/2014

 

El 15 de septiembre por la noche, el nuevo presidente de la República Mexicana, Enrique Peña Nieto, sonaba por primera vez frente a miles de mexicanos la campana que conmemora históricamente el Grito de Independencia. La lluvia caía abundante esa noche, como en muchas otras noches de conmemoración anteriores, lo que no impidió que la muchedumbre gritara el tradicional “¡Viva México!” al escuchar los campanazos que evocan año con año, el gesto revolucionario que conllevaría a la lucha de independencia en 1810.

Pero en ese preciso momento de celebración nacional, la lluvia no caía a profusión únicamente en el Zócalo de la capital azteca. En las costas del Golfo de México, la tormenta tropical Ingrid se intensificaba a huracán categoría 1 en la escala de Saffir-Simpson, amenazando los estados de Veracruz y Tamaulipas, además de provocar lluvias intensas en Hidalgo, Puebla y otros estados de la zona centro del país.

Hasta ese momento, nada fuera de lo usual, ya que México tiene en promedio 14 huracanes en su costa atlántica, de los cuales, la Comisión Nacional del Agua estima que son cuatro los que consiguen alcanzar el índice de intenso. En ese momento, las autoridades de Protección Civil de los estados del Golfo trabajaban ya en los preparativos para hacer frente al probable impacto de Ingrid, cuando lo inédito comenzaba a suceder… en el Pacífico, otra tormenta tropical de nombre Manuel se fortalecía simultáneamente con una trayectoria hacia las costas de Guerrero, no muy lejos del famoso puerto de Acapulco. Las autoridades de la zona se encontraban en alerta máxima, mientras la celebración de Independencia continuaba en la mayor parte del país, frente al poderoso evento meteorológico que se aproximaba.

No era extraño que lloviera tanto durante la celebración del Grito de Independencia sobre el Zócalo capitalino, lo extraño resultaba que casi la totalidad del territorio nacional se encontraba bajo la lluvia en ese momento, debido a la interacción de dos ciclones simultáneos en dos zonas litorales diferentes, ambos, acercándose a tierra con un índice de peligrosidad elevado.

El día lunes 16 de septiembre, el desfile militar en la Ciudad de México sorprendía por su impresionante despliegue a niños y adultos, en un día feriado cuando las familias de muchas ciudades del país aprovechaban para salir, pasear y relajarse. Más de uno seguimos durante el desayuno la transmisión del gran desfile de conmemoración de la Independencia, mientras “zapeábamos” constantemente a los noticieros nacionales donde se escuchaban ya los reportajes y testimonios de una gran afectación en ambas costas y en más de do s terceras partes del país.

Las unidades estatales de Protección Civil de varios estados trabajaban sin descanso para asistir a las poblaciones que sufrían por el doble impacto de Ingrid y Manuel. El martes 17 de septiembre, el Secretario de Gobernación de México informa a los medios de comunicación sobre la escala de la emergencia y los datos eran impresionantes, el gobierno estimaba al menos 1.2 millones de personas afectadas de manera directa e indirectamente por la situación de emergencia en el país. Hasta el momento los reportes oficinales daban cuenta de 22 personas fallecidas, sin contar a los 50 desaparecidos debido a un deslave en un municipio de la montaña de Veracruz. El Secretario de Gobernación llamó a la solidaridad del pueblo mexicano para hacer frente a lo que consideró “días complejos y difíciles” para la nación, mientras la emergencia continuaba y seguía lloviendo en la mayor parte del país.

La respuesta de la comunidad internacional no se hizo esperar. Al mismo tiempo que el Secretario de Gobernación daba cuenta de la extensión de la emergencia, la Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en México enviaba un comunicado oficial al gobierno de México, en nombre de las agencias, fondos y otras organizaciones con presencia en el país, en el cual expresaba solidaridad con el pueblo de México y ofrecía apoyar en las labores de respuesta en el país de ser necesario. Al día siguiente, los jefes de las agencias de la ONU se reunían en la Ciudad de México,al mismo tiempo que el Secretario General de las Naciones Unidas expresaba su apoyo y solidaridad con el país. Todas estas acciones respondían a una situación inédita, ya que nunca antes en su historia, dos ciclones simultáneos impactaron dos costas del territorio nacional.

Poco más de dos meses después de la emergencia por Ingrid y Manuel, las lecciones aprendidas del evento comienzan a entreverse. Pareciera que a nivel global, los últimos años nos confrontan a emergencias súbitas, de gran escala, en países con fuertes capacidades de respuesta y con gran impacto en poblaciones, sobre todo en los más vulnerables. Desde el gran terremoto de 1985, México no experimentaba un evento tan importante en términos de pérdidas en vidas humanas y costos monetarios derivados de la destrucción de infraestructura y daños socioeconómicos.

Otros países han sufrido desgraciadamente de esta situación. Por ejemplo, la gran devastación ocasionada por el supertifón Haiyan en Filipinas, un nuevo evento hidrometeorológico “atípico” que impactó a otro país reconocido por su experiencia y capacidad frente a fenómenos hidrometeorológicos extremos. Toda proporción guardada y matizando el concepto de “atípico” de estas dos emergencias recientes y otras más, podríamos preguntarnos qué pasaría si uno de estos supertifones o un conjunto de fenómenos ciclónicos simultáneos u “atípicos” impactaran regiones más vulnerables en el Caribe, Centroamérica, Asia Pacífico, ÁÁfrica o aun Europa, como hemos visto recientemente, y por desgracia, en la Cerdeña italiana.

¿Cambio climático? ¿Calentamiento global? Las causas no son menos importantes que las consecuencias y, quizás, dentro del debate mundial actual sobre cómo reducir nuestra situación de vulnerabilidad frente a fenómenos naturales extremos, el tema de la preparación a la respuesta adquirirá aún más relevancia.

Aun en países fuertes, las comunidades expuestas a estas amenazas súbitas deberán considerar el carácter “atípico” de estos poderosos fenómenos que, por sus características y potencia, pueden vulnerar hasta las estructuras de los países considerados como experimentados y con recursos.

El gobierno estimaba al menos 1.2 millones de personas afectadas de manera directa e indirectamente por la situación de emergencia en el país.

 

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