La Religión y su Místico Vínculo con el Deporte

Hablar de religión y deporte es hablar de dos temas que sin duda comparten denominadores comunes, como: la pasión, la devoción y el fervor. A lo largo de la historia de la humanidad, las naciones han construido sus códigos éticos y de comportamiento social sobre los pilares de la filosofía religiosa, y también han desarrollado un gusto y pasión por las actividades físicas y de competencia, lo que hoy conocemos como deporte. Ambos temas son además antiguos, ya que sus orígenes pueden encontrarse hace más de 2013 años, es decir, antes de nuestra época toda.

 

 

 

Pero, ¿de qué manera precisa puede uno influir en el otro? ¿Será acaso que un país con una religión más conservadora tienda a desarrollar menos características físicas que otro donde la religión sea más abierta? Son precisamente estos planteamientos los que analizaremos en las siguientes líneas, tratando de comprender de qué forma se hilvana ese místico vínculo que une al deporte y a la religión.

En primer término, hay que conocer a los países con los mejores resultados deportivos en la máxima competencia a nivel mundial que son los Juegos Olímpicos celebrados en 2012. Los cuatro países con mayor número de medallas son: Estados Unidos (104 medallas), China (88 medallas), Rusia (82 medallas) y Reino Unido (65 medallas); por otro lado, los países con los menores resultados fueron:
Arabia Saudita (1 medalla), Marruecos (1 medalla), Bahréin (1 medalla), Afganistán (1 medalla), Kuwait (1 medalla) y Tayikistán (1 medalla).

De esta forma, notamos cómo en el caso de los primeros países la religión predominante es la cristiana, ciertamente en diferentes vertientes, siendo en Estados Unidos los católicos romanos, los protestantes, así como baptistas los que mayor superioridad tienen, en tanto que en Rusia es la iglesia católica ortodoxa y en Reino Unido es la iglesia anglicana. Sólo China se diferencia de las anteriores, pues en este país oriental el budismo es ampliamente aceptado y ejercido.

Con respecto a los países con menor cantidad de medallas obtenidas, resulta por demás interesante encontrar que la religión que domina de manera hegemónica es el islam. Una religión monoteísta sumamente conservadora y que en no pocas ocasiones tiende a radicalizar a sus más fervientes devotos.

Como se observa en la comparación anterior, la relación de la religión y el deporte verdaderamente existe. No es una coincidencia que en países como Estados Unidos o Reino Unido el sentido competitivo permee en todos los ámbitos, desde el escolar hasta el profesional, pasando por el económico y, por supuesto, también se hace presente en el deportivo. En estos países, donde la religión es más abierta y tolerante, la cultura de la exigencia, la disciplina y el triunfo son una constante, pues es innegable que la cultura y la religión son piezas también del mundo globalizado, ese mundo en el que a la gente le gusta consumir mundiales, súper bowls, series mundiales, etcétera. Y donde la religión no es permisiva ni omisa, sino simplemente acepta que sus creyentes estén insertados en esa dinámica social.

En contraste, en los países árabes donde el islam no sólo es una religión sino una forma de vida, el hecho de ser competitivo o sobresalir de algún campo en particular está directamente contrapuesto con los principios de su filosofía espiritual. Y es que no precisamente hacer deporte es un pecado, pero normas como la entrega a su dios de la oración diaria, un mes de ayuno durante el ramadán y la prohibición para las mujeres de convivir libremente con varones pueden ser factores que afecten el rendimiento deportivo de su población.

En este contexto, vale la pena recordar que durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012 por primera vez en la historia se logró contar con la participación de atletas femeniles de Qatar, Brunei y Arabia Saudita, gracias la intervención del Comité Olímpico Internacional y a la disposición del mundo árabe de romper con una de sus tradiciones más antiguas, en aras de mostrar al mundo que ahora también en Medio Oriente el deporte puede hacer equipo con la religión. Sin duda, un verdadero triunfo histórico.

Resulta evidente que hablar de logros deportivos en el alto rendimiento es hablar de la preparación física y mental, del apoyo de patrocinadores, de instituciones públicas y privadas, de una suma de actores que pueden contribuir a la obtención de una medalla, por ello nuevamente la reflexión de cómo los atletas árabes o africanos enfrentan no sólo el reto físico y económico, sino también el mental y espiritual.

Por último, quisiera señalar que el análisis realizado en este espacio no tiene como finalidad concluir que una religión sea mejor que otra, pues todas las creencias, cultos y credos son respetables. Pero me parece por demás importante que a través del conocimiento de la influencia de las religiones podamos comprender en mejor medida el comportamiento del mundo, pues el pensamiento del hombre también se desarrolla sobre los caminos de la moral y las normas de carácter religioso que heredamos de nuestroDios(seacualseasunombre)yque,por supuesto, refuerza ese vínculo místico con casi todos los actos humanos… incluidos los del deporte.

Durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012 por primera vez en la historia se logró contar con la participación de atletas femeniles de Qatar, Brunei y Arabia Saudita.

Sitios consultados:
www.ehowenespanol.com www.olympic.org/ioc

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