Feminismo y Religión

01/01/2014

Según el Génesis, Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.
(Torá y Viejo Testamento 1: 26).

 

Me descubrí abiertamente feminista después de una semana de estar en Jordania. Nunca lo había aceptado de esa forma. Siempre pensé que el solo hecho de defender los derechos humanos te hacía un completo humanista. Un rango más que todos aquellos que defienden los derechos de las mujeres: alguien que no veía sexo o género, simplemente la raza humana.

Allá en la tierra en donde las tres grandes religiones monoteístas convergen y en el país en donde se toleran unas a otras, fue justamente en donde mi sexo hizo que perdiera la calidad de ser humano en ciertas ocasiones. Es muy sencillo caer en la discusión de cultura vs. religión cuando se habla de estas cuestiones, pero en este caso creo que la relación que existe entre las religiones y la cultura hace más notoria esta cuestión. Es cierto que la mayoría de las personas en Jordania son musulmanas (93%), mientras una minoría (6%) son cristianos, sin embargo, creo que el trato que noté va mucho más allá de la mayoría musulmana, las religiones convergen en Medio Oriente y esto hace que exista un sesgo en cómo se actúa.

Lo sentí tanto en las calles como en la oficina, en donde se supone es un lugar neutral. El peso de las religiones es tan grande que llega hasta lo más profundo de los seres humanos. A veces llega a deshumanizar a algunos por su sexo y hacer de esto una práctica constante y común. Es normal que no te tomen en cuenta por no ser hombre, que no te vean y que si te descubren te vean “de más”. Un sentimiento de impotencia, cuando eres un objeto, cuando tus ideas no son escuchadas o simplemente tienes que esperar en un restaurante a que terminen de servir a todos los hombres que vienen solos, después a los que vienen acompañados y al último, si es que tienes la fortuna de que no llegue otro ente del sexo masculino, a ti.

Es común que después de unos meses te acostumbres y cubras todo de ti; tu cuerpo, tu mente, tus ideas; como un secreto, un tabú, algo que tiene que ser escondido para no dar tentación, temes ser tú, un ser humano pleno, completamente libre. Porque no eres un ser humano, eres un objeto, una mujer.

Ése ser que después de manchar de sangre sus ropas se vuelve impuro. Porque la sangre del ser humano y la leche son impuros. Ése ser que vale menos por eso. Por llevar en ella la fecundación, la creación, ella que da vida, pero es impura, ella que no puede mostrarse, ella que no se ve entre los tantos hombres, que es golpeada y no escuchada. Porque necesita testigos para ser escuchada, porque su palabra no vale. Y así te sientes por un rato. Esa impotencia me acompañó por las calles de Amán, de Jerusalén y de Erbil. Ese sentimiento me acompañó entre católicos, cristianos, musulmanes y judíos. Una sociedad en la que sentí necesidad de cubrirme en ocasiones por protección, por no ser juzgada, por temor a mi sexo.

Según el Génesis, Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (Torá y Viejo Testamento 1: 26). Un poco más adelante se explica que la mujer fue creada de la costilla de Adán y el cómo se hizo a la mujer para que el hombre no estuviera solo.

El Corán retoma las bases del judaísmo y el cristianismo y se puede leer en el Surat de las mujeres (Surat An-Nisa) “¡Hombres! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de un solo ser, creando de él a su pareja”. Las tres religiones comparten visiones similares sobre las mujeres, debido a que en las tres la creación es exactamente la misma.

Después de conocer el “bien y el mal”, Dios castiga a la mujer a que sea subyugada por el hombre. A partir de este punto comienza, no sólo en la literatura de las religiones, sino en la práctica, un trato a la mujer como objeto de impureza. Nunca más como un igual. Es como si tuviéramos que regresar en el tiempo a quitar el pecado original y así librarnos del yugo para poder volver a ser iguales. Si las personas siguen fielmente las religiones, se vuelven cada vez más fundamentalistas, ¿a dónde van los derechos humanos en este sentido?

Entonces, llevada por mi nueva camiseta de feminista, decidí comenzar a ser de nuevo. A sentirme yo, un ser humano, pleno de derechos y libertades. Respetando mi entorno, pero con un nuevo sentido. Yo, mujer, alzando la voz en el restaurante para que me atendieran cuando era mi turno, sin avergonzarme de mi sexo, sin sentirme diferente al sexo opuesto. Yo, ser humano alrededor de seres humanos.

El peso de las religiones es tan grande que llega hasta lo más profundo de los seres humanos. A veces llega a deshumanizar a algunos por su sexo y hacer de esto una práctica constante y común.

 

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