Brasil 2014, Mundial a la Vista, Esperanza Renovada

01/01/2014

Protagonistas o simples competidores.

Cada cuatro años el planeta entero se detiene ante un acontecimiento deportivo sin precedentes, el campeonato mundial de fútbol. Millones de aficionados, no sólo de las naciones participantes sino de todos los países y regiones del orbe, se congregan para disfrutar de un espectáculo cuyos alcances mediáticos y sociales únicamente pueden ser comparados con los de los juegos olímpicos.

 

 

 

Para poder alcanzar el privilegio de llegar a tan importante justa, cerca de 205 naciones se enfrascan en despiadadas eliminatorias para alcanzar el sueño de jugar la Copa Mundial de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). De éstas, sólo 32 escuadras nacionales tienen el privilegio de asistir a tan importante evento.

Sin embargo, existen países que por su historia, tradición futbolística, calidad de su liga profesional o por su impacto mediático se encuentran prácticamente obligados a obtener un boleto para la máxima fiesta del balompié mundial y destacar en la misma, ya que de no hacerlo se considera un fracaso rotundo que trae aparejado un fuerte impacto económico y social.

En la actualidad no puede concebirse un mundial de fútbol sin la participación de naciones campeonas del mundo, como Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, España, Argentina y Brasil, o sin la presencia de grandes protagonistas que, sin haber obtenido un título mundial, cuentan con un excelente nivel, como Holanda y Portugal.

Además de estas superpotencias futbolísticas, para que la fiesta del mundial sea completa, existen otras selecciones animadoras que siempre aportan un toque de frescura y en ocasiones sorprenden con participaciones muy destacadas (recordemos el cuarto lugar de Corea del Sur en el mundial de 2002 o el tercer puesto de Croacia en Francia 98). Entre estos países encontramos a México, asiduo participante en copas del mundo (15 participaciones) y cuya mejor intervención se remonta a los sextos lugares obtenidos en los mundiales de 1986 y 1970.

A partir de 1994 no se puede concebir un mundial sin la participación del combinado azteca, quien a base de esfuerzo colectivo más que de individualidades, poco a poco ha ido ganándose el respeto de selecciones que en el papel son superiores, lo que ha hecho que gradualmente se le reconozca como un invitado incómodo y con el que nadie quisiera enfrentarse en las primeras rondas.

Sin embargo, el Tri nunca ha dado esa estocada final, ese toque de calidad que hace la diferencia entre ser un simple participante y un verdadero protagonista que pueda contender por el título mundial. Esperemos que esa situación pueda revertirse de la mano de Miguel Herrera y que el Mundial de Brasil que se avecina rompa con todos los fantasmas de conformismo y medianía que han rodeado al cuadro Tricolor en sus participaciones mundialistas.

Mundial inmerecido

El camino para el cuadro verde a Brasil 2014 ha sido tortuoso, incluso la opinión generalizada de los expertos es que ésta ha sido la peor eliminatoria para México en la historia. Esto no sólo por los pésimos resultados ante rivales de paupérrimo nivel, sino por el pobre desempeño futbolístico, la falta de compromiso de algunos jugadores, la escasa personalidad y la ausencia de carácter.

Presenciar un partido de la selección mexicana durante el hexagonal final de la Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe (CONCACAF, por sus siglas en inglés) resultaba vergonzoso: imprecisiones constantes en pases de rutina, coberturas a destiempo, desatenciones defensivas, equivocaciones primarias, escasez de llegadas al arco rival y un pésimo nivel de definición se tradujeron en resultados inusitados para una eliminatoria que fue complicándose paulatinamente hasta el grado de estar a punto de sufrir la eliminación más humillante en la historia del fútbol mexicano.

Si bien el nivel de los rivales del Tricolor era sumamente precario (con excepción de E. U. A.), los partidos se complicaban de manera inexplicable, al grado de sufrir una dolorosísima derrota en casa a manos de un rudimentario y poco talentoso equipo hondureño, quien a base de contragolpes torpes sacó el resultado más importante de su historia en la cancha del Estadio Azteca.

Conforme transcurrían los partidos el panorama se complicaba aún más, con posterioridad a la de Honduras, México sufrió otra dolorosa, aunque previsible, derrota ante los Estados Unidos en Columbus, la cual prácticamente sepultó las aspiraciones aztecas de arribar al mundial de forma directa.

Concluido ese partido, las prioridades dieron un giro inesperado, el boleto directo lucía más que complicado y el repechaje se convertía en la opción más viable para salvar el desastre que se avecinaba.

Directivos, patrocinadores y dueños de los equipos de primera división intentaron por todos los medios impedir la debacle que les implicaría a algunos pérdidas millonarias y a otros sus puestos de trabajo. Tal desesperación los orilló a tomar decisiones que hasta al día de hoy resultan precipitadas e inexplicables, como el cambio de cuatro directores técnicos en menos de un mes, ante la desesperación de no calificar a un mundial que en un principio se pensaba a la vuelta de la esquina.

Haciendo números, el hecho de que México no hubiera calificado a la Copa del Mundo de Brasil hubiera representado pérdidas estratosféricas no sólo para la Federación Mexicana de Fútbol, sino para patrocinadores, para la liga MX y para el propio país organizador, quien estimaba recibir a cerca de 40 mil aficionados mexicanos durante el verano de 2014. Incluso, en su interior la FIFA se lamentaba la posible eliminación de México al representar un mercado de gran importancia para la organización.

En este sentido, el fracaso del equipo mexicano en esta eliminatoria se fue gestando al no sumar victorias en casa, adicionado con el pobre desempeño de visitante, lo cual le redituó un penoso arribo al repechaje ante un rival de pobre nivel futbolístico como Nueva Zelanda.

El hecho de que México se encuentre calificado a la Copa del Mundo no se debe a su actuación dentro de la cancha, sino a varios favores de nuestro vecino país del norte. En efecto, Estados Unidos, el más odiado y acérrimo rival, prendió la luz del repechaje en un camino en el que sólo se vislumbraba obscuridad ante una inminente eliminación azteca.

Esos dos goles norteamericanos de último minuto ante Panamá no sólo salvaron a México de la debacle, sino que de paso devolvieron a la fiel afición mexicana la esperanza de volver a disputar el torneo deportivo más importante del orbe.

Sin embargo, el triunfo ante Panamá no fue el único “favor” que Estados Unidos hizo a México en la pasada eliminatoria. En efecto, nueve años antes en el mundial de Japón y Corea 2002 el conjunto de las barras y las estrellas obtuvo un logro futbolístico que a la postre repercutiría en la clasificación de México a Brasil 2014, que hoy todos celebramos.

Efectivamente, un dato que pocos conocen es que durante esa cita mundialista, Estados Unidos arribó a la instancia de cuartos de final (eliminando en octavos de final a México), obteniendo una muy decorosa participación. Ante esa situación, directivos de la FIFA determinaron que el nivel de la CONCACAF se había incrementado considerablemente, por lo que otorgaron un boleto adicional a dicha zona para las eliminatorias subsecuentes, mismo que México aprovechó en esta ocasión.

¿La peor eliminatoria de México en su historia?

Como se señaló, existe la controversia de si esta eliminatoria ha resultado la peor en la historia de los mundiales para un equipo mexicano. Lo anterior al haber dejado por los suelos el prestigio que con base en esfuerzo y actuaciones decorosas se había conseguido en las últimas dos décadas. Sin embargo, a efecto de dar un veredicto claro ante esta aseveración, es preciso recordar las eliminaciones más vergonzosas a lo largo de casi nueve décadas de existencia de las copas del mundo.

El primer antecedente se remite al poco afortunado premundial de Haití 1973 que otorgaba un boleto para el mundial de Alemania 1974. En dicha competición el Tricolor empezó con un empate a cero goles contra Guatemala, otro a un gol contra Honduras, luego una engañosa goleada de 8-0 sobre Antillas Holandesas, después una derrota humillante de 4-0 contra Trinidad y Tobago y, por último, un inútil triunfo sobre Haití, quedando de esta forma eliminados. México había sido víctima de la soberbia de un grupo de jugadores “profesionales” que confiaban únicamente en el color de su camiseta para vencer, privándose así de su octava participación mundialista (séptima consecutiva) y dando la bienvenida al bien merecido mote de Ratones verdes.

Para la eliminatoria a España 1982, se aumentó el número de equipos participantes de 16 a 24. Debido a tal aumento, la FIFA le otorgó un lugar más a la CONCACAF, que sólo contaba con un boleto. Con dos pases automáticos al campeonato mundial, la calificación de la Selección Mexicana parecía cosa sencilla, aunado al hecho de que se contaba con una selección de calidad con jugadores de la talla de Alfredo Tena, Tomás Boy, Leonardo Cuéllar y Hugo Sánchez.

Sin embargo, una nueva catástrofe se apoderó del cuadro verde. Después de superar con facilidad a Estados Unidos y a Canadá en la fase previa, la selección obtuvo su pase al premundial enTegucigalpa, Honduras, en donde todo fue un desastre: el Tri sólo consiguió un triunfo sobre Cuba. Los calificados por la CONCACAF al Mundial fueron El Salvador y Honduras, ambos eliminados en la primera ronda de aquel mundial.

Finalmente, quizás el episodio más vergonzoso de todos tuvo lugar en 1988 (aun sin haber jugado), cuando la FIFA determinó suspender a México durante 2 años de toda competición organizada por ésta, incluyendo el Mundial de 1990 en Italia, al haber encontrado la alineación indebida de por lo menos cuatro jugadores que sobrepasaban la edad reglamentaria mientras competía en las eliminatorias para clasificar a la Copa Mundial de Fútbol Juvenil de 1989.

En este sentido, resulta aventurado hacer un juicio sobre si la pasada eliminatoria es el peor fracaso en la historia del balompié nacional, pero queda claro que, por lo que hace a actitud y desempeño futbolístico, sí puede considerarse de esta manera.

No obstante lo anterior, lo importante es que después de una serie de penumbras y episodios obscuros se logró el tan ansiado boleto. Atrás quedarán las pésimas actuaciones y las derrotas humillantes, siempre y cuando México compita decorosamente en el próximo verano, lo cual únicamente se logrará teniendo una preparación adecuada que no sólo implique una larguísima concentración, sino un fogueo correcto ante rivales de respeto que impliquen verdaderos retos futbolísticos y cuyo estilo pueda asimilarse al de los adversarios que se designen en el sorteo del 6 de diciembre.

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

La deuda urgente del gobierno con el sistema penitenciario

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo