Personal Humanitario en el Blanco

03/11/2013

 

La comunidad receptora de ayuda humanitaria es la que tiene que cargar con las consecuencias de los actos que quitan la vida o lastiman a los trabajadores humanitarios.

 

Cuando uno se refiere a las guerras, siempre salta la idea de las personas inocentes que quedan en fuego cruzado, de los civiles que no tienen nada que ver con los problemas y de las graves violaciones a los derechos humanos, el derecho internacional y el derecho internacional humanitario. Antes de poder iniciar una carrera profesional en el ámbito humanitario, debe quedar muy claro que no existe ley o persona alguna por completo protegida. Cuando alguien decide dedicarse al trabajo humanitario en conflictos armados, tiene que confiar en la bandera de neutralidad erguida por la organización a la que pertenece; sin embargo, hasta la más neutral de las organizaciones corre el riesgo de ser blanco de ataques o fuego cruzado.

El derecho internacional humanitario, plasmado en las Convenciones de Ginebra y sus respectivos protocolos facultativos, resguardados por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), suponen la protección al personal médico, personal humanitario, población civil, infraestructura no militar, etcétera. Como siempre, de todos los protocolos y convenciones firmados, los únicos responsables de cumplirlos son los Estados. No obstante, los conflictos armados se han transformado, pues ya no sólo son conflictos entre países ni internos, la esencia del conflicto se ha transformado y, por lo tanto, el derecho internacional humanitario no ofrece ningún tipo de protección. Sin embargo, el personal humanitario, a pesar de saber de la incapacidad de la comunidad internacional para brindar protección, permanece sobre el terreno, protegido en ocasiones únicamente por sus insignias, mismas que en algunas ocasiones han sido la diana de reprobables ataques.

En los últimos años, el número de personal humanitario que ha sufrido ataques en su trabajo se ha incrementado, siendo 2011 el año en que se registraron más víctimas, de acuerdo con la base de datos sobre la seguridad de trabajadores humanitarios (Aid Worker Security Database, 2013). La mayoría de las víctimas son locales. Secuestros, asesinatos y bombardeos son más recurrentes. El personal médico es el más afectado según el CICR. La mayoría de las víctimas se encuentran en países como Afganistán, Pakistán, Somalia y Sudán del Sur.

En muchos de los casos, los perpetradores se excusan acusando de espionaje al personal de operaciones humanitarias. Desgraciadamente, en algunos casos ha sido cierto. En Pakistán en 2011, la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) utilizó una campaña contra la polio para recabar información sobre Osama Bin Laden, meses antes de lanzar los ataques contra el país. La irresponsabilidad del gobierno estadounidense y la Agencia ha provocado gran desconfianza y hostilidad contra operaciones humanitarias y su personal, en especial en campañas de vacunación. En febrero de este año, en Nigeria atacaron a personal médico en una campaña de inmunización de polio, porque fundamentalistas musulmanes argumentaron que la campaña era en realidad una estrategia de Occidente para esterilizar a niños musulmanes y así controlar la población. Existen muchos otros casos en donde han muerto compañeros realizando su trabajo. Pero fuera de las historias de horror que podamos encontrar sobre este tema, el principal perdedor en este juego de poder es la población civil, víctima de los conflictos armados, sobre todo aquellos grupos que se encuentran en situación de desigualdad, vulnerabilidad o marginación, que son los primeros en sufrir en carne propia la ausencia de personal y operaciones humanitarias.

La comunidad receptora de ayuda humanitaria es la que tiene que cargar con las consecuencias de los actos que quitan la vida o lastiman a los trabajadores humanitarios. Cuando existe un peligro inminente para personal humanitario, muchas veces se suspenden las operaciones por falta de fondos y personal.

En los últimos años, la comunidad humanitaria internacional se ha dado a la tarea de realizar campañas de sensibilización social, haciendo un llamado a la población mundial para que se involucre en el trabajo humanitario. Por ello, Naciones Unidas, instauró el 19 de agosto como el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. Se escogió justo ese día por conmemorarse el ataque terrorista a las oficinas de las Naciones Unidas en Bagdad en 2003, donde murieron 22 trabajadores humanitarios, incluyendo al representante del secretario general de las Naciones Unidas, Sergio Vieira de Mello.

El mundo necesita del personal humanitario. Hay pocas personas preparadas para responder a emergencias y aquéllas que lo hacen están dispuestas a dar la vida por su trabajo, pero eso no quiere decir que tengan que hacerlo. Al no existir un marco legal que realmente proteja al personal humanitario en general, tanto local como internacional, es necesario crear conciencia en la población mundial sobre el valor del trabajo humanitario. Sin una movilización a nivel global sobre el tema, más y más compañeros seguirán muriendo al realizar su trabajo. Es momento de despertar a una nueva era de protección y es necesario un cambio, no sólo en la legislación, sino en el compromiso de las comunidades receptoras de la ayuda humanitaria, apoyadas por la comunidad internacional para demandar protección para las personas que brindan su tiempo y esfuerzo profesional a disminuir el sufrimiento de las víctimas de los conflictos armados.

Fuente consultada
Aid Worker Security Database(2013) Recuperado de https://aidworkersecurity.org

 

 

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