Hombre, Máquina Mental

05/09/2013

 

Deseo empezar este trabajo analizando algunas consideraciones de la naturaleza humana, tratándose del eterno debate que grandes pensadores, como Popper, Eccles, Boole, Leibniz, Babbage, Dennett, Pécker, Descartes, entre otros, han sostenido en lo relativo a la composición de cuerpo y alma.

Deseo empezar este trabajo analizando algunas consideraciones de la naturaleza humana, tratándose del eterno debate que grandes pensadores, como Popper, Eccles, Boole, Leibniz, Babbage, Dennett, Pécker, Descartes, entre otros, han sostenido en lo relativo a la composición de cuerpo y alma.

El hombre es indudablemente un ente motriz, una máquina. Si consideramos la definición más pura del término, diríamos que, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), máquina alude a elementos móviles y fijos cuyo funcionamiento posibilita aprovechar, dirigir, regular y transformar energía o realizar un trabajo con un fin determinado, del latín machinarius: mecanismo que da movimiento a un dispositivo.

En esta lógica, como entes biológicos estamos integrados por elementos perfectamente estructurados, como nuestro sistema óseo, compuesto por 206 huesos. De acuerdo con la citología poseemos más de cincuenta billones de células cuando nacemos y llegamos a tener cien billones en edad adulta; nuestro cerebro tiene aproximadamente cien mil millones de neuronas; en la especie humana hay cien mil genes, ordenados en veintitrés pares de cromosomas. De acuerdo con la histología (estudio de los tejidos) tenemos los tejidos epiteliales, el conjuntivo, el muscular y el nervioso, con los que el organismo se relaciona, protege y secreta sustancias.

Por ello, afirmo que somos entes mecánicos, pues los elementos antes señalados son dinámicos y posibilitan la existencia humana, razón por la cual podemos considerar al cuerpo como una máquina biológica. La vida del ser humano está sustentada por inercias mecánicas y el cuerpo posee una realidad en la existencia. Sin dicha inercia mecánica que realiza el organismo, seríamos amorfos y carentes de una estructura funcional, porque independientemente de ser entes racionales, intelectuales, mentales o espirituales, somos una estructura mecánica biológica en un primer peldaño de nuestra realidad existencial.

Ahora bien, el gran dilema es la interacción de esta máquina orgánica, en virtud de la diferencia con las máquinas inorgánicas: la unidad biológica humana, produce sentimientos, emociones, razones, interpretaciones e idealiza su realidad, por lo que cabe hacer referencia a algunos cuestionamientos.

a) Las máquinas inorgánicas (MI) sólo tienen memoria de almacenamiento, en cambio la máquinas orgánicas (MO) tienen una memoria intelectual, pues no sólo recuerdan, sino que, además de almacenar el recuerdo de los eventos, generan emociones, sentimientos, incluso pueden lograr una interpretación del pretérito y, en algunos casos, interpretaciones de realidades pasadas. En este sentido, Naert (1961) lo describe de la siguiente manera:

memoria como reproducción del pasado, vuelta del pensamiento sobre sí mismo. Costumbre o hábito del ser humano, su complemento; la atención como toma de conciencia del presente. Ambos están conjugados, tanto en las operaciones del entendimiento, como en el actuar humano. ¡Cuánta diferencia entre el ser humano y las máquinas! Y a pesar de todo, buscadores tan célebres como Misnsky o Simon con una actitud acusadamente antropomórfica atribuyen terminología humana a ese constructo mecánico con miles de conexiones, las máquinas. Pero ¡no! los ordenadores sólo poseen memoria en el sentido de almacenar cifras o programas; no pudiendo más que reproducir aquello que ya ha sido colocado. En contraposición nuestra memoria es un proceso de transformación.

Con ello estaríamos en la posibilidad de establecer una primera diferencia entre la MO y la MI que radica primordialmente en que la MO trasciende al almacenamiento de lo pretérito, las MO concientizan el pretérito y lo interpretan en algunos momentos con realidades subjetivas.

b) Otro aspecto comparativo es el relativo a que las MI no están dotadas de la potestad de aprender, concibiendo el término de aprendizaje como el proceso por virtud del cual se adquieren o modifican habilidades, destrezas, conocimientos, conductas y valores, ello como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación (DRAE). Que no es lo mismo que el término aprender, definido como la acción de asimilar o comprender una idea o un conocimiento por completo. Si bien es cierto que existen criterios que sostienen que las MI en su sistema algorítmico tendrían la capacidad de aprender, esto sólo se lograría con reservas, por lo que una sentencia es que no pueden aprender, pues es una facultad, eminentemente reservada para las MO.

c) Otra particularidad es el término conciencia, que proviene del latín conscientia, conocimiento compartido, que se define en general como el conocimiento que el hombre tiene de sí mismo y de su entorno. Su aplicación es un estado cognoscitivo que permite la interacción y la interpretación de la realidad, Dennett, describe las experiencias de la conciencia como “experiencias del mundo exterior (imágenes, sonidos, colores, sensaciones de calor y frío, etc.), experiencias del mundo interior (fantasías, recuerdos, sueños, corazonadas), experiencia emotivas (dolor, felicidad, odio, asombro, temor)”. 

 

Con ello analizamos que la apreciación del estado de conciencia corresponde única y exclusivamente a las MO. En virtud de que la capacidad de percibir imágenes o sonidos que generan recuerdos o fantasías, que a su vez se manifiestan en dolor o felicidad, es una mescolanza de experiencias derivadas de la conciencia, por lo que tal mezcla de mundos, de acuerdo con Dennett sólo pueden ser conjugadas cognoscitivamente por las MO.

Con estos tres ejemplos comparativos lo que se pretende desde este análisis es dar una demostración de que el ser humano, como MO, tiene características estructurales como las máquinas, pues su composición y estructura material responden a comportamientos motrices que podemos, en una determinada instancia, comparar con las MI.

Sin embargo, las similitudes en cuanto a programaciones de acción-reacción, que se dan entre ambas, es un punto que vale la pena resaltar:
las MO presentan una naturaleza más compleja, en comparación con las MI. Dicha naturaleza es un componente sui generis que da un atributo particular a las MO.

La naturaleza de las MO es un elemento singular, único y sustancial del ser humano, es la capacidad de comunicación, es decir, el habla como la manifestación mental suprema de las funciones cerebrales. En algunos tratados de retórica se le conoce como el verbo motor, muy comentado por un elocuente maestro de oratoria, José Muñoz Cota. El tan anhelado verbo motor es la capacidad humana de pensar y hablar en un mismo sentido, si consideramos que la palabra hablada es la máxima evolución del hombre, como función cerebral. Así, la oratoria, entendida como la habilidad de hablar con elocuencia y persuadir a una audiencia disertando pensamientos en forma fluida y elegante con un manejo de conjunciones y articulaciones en las frases, e incluso valiéndose de parábolas para esclarecer pensamientos. También se vale de contradicciones como el caso del debate, que confronta posiciones verbales, con el fin de posicionar argumentos y convencer audiencias, que es vencer con la razón. Por lo antes señalado, la función verbo motora es una facultad que se reserva única y exclusivamente a las MO.

Debido a las ideas antes expuestas, considero que el ser humano lleva en su naturaleza funciones motoras de las cuales se ha inspirado la ciencia y la tecnología para la invención de las MI, o de artículos mal llamados de “inteligencia artificial”, y me refiero mal llamados porque la
inteligencia es un atributo exclusivo del ser humano.

Asimismo, en la naturaleza humana existe una amalgama: mente-cerebro, como lo han referido los tratadistas analizados. En tal conjunto hay un elemento material, estructural y orgánico que es el cerebro, pero también emana de éste la mente, que realiza sus funciones de manera inexorable, pero real y auténtica; estas funciones mentales derivan del actuar humano por medio del cerebro.

En el presente análisis, realizo un esfuerzo por considerar al hombre como una máquina, pero sólo como estructura material, de la cual proceden elementos inmateriales, producto de la energía mental. El hombre es un ente racional, con capacidad de verbo motor, con voluntad propia y autoconciencia, la unión de estos elementos es lo que llamo mente, la cual defino como la categoría suprema emanada de la actividad cerebral, componente inmaterial que nos conecta con otras categorías de la naturaleza.

Los humanos somos seres corporales y, como tales, nos describen las ciencias naturales, por lo tanto, los procesos mentales no son independientes de los procesos corporales, de ellos emanan categorías inmateriales que complementan la relación entre lo material y lo inmaterial, ejemplo son los siguientes casos:

1. Garganta (elemento material), voz (elemento inmaterial).
2. Cerebro (elemento material), mente (elemento inmaterial).
3. Vida (elemento material), muerte (elemento inmaterial).
4. Movimiento (elemento material), velocidad (elemento inmaterial).

A manera de conclusión, deseo expresar que la naturaleza humana, desde el punto de vista biológico, nos define como una especie animal que recibe la denominación de Homo sapiens (del latín homo, hombre; sapiens, sabio), que pertenece a la familia de homínidos; el Homo sapiens puede llegar a desarrollar habilidades cerebrales que le permiten inventar, aprender, utilizar estructuras lingüísticas, así como el desarrollo de ciencia y tecnología.

Los humanos somos entes gregarios, que en la vida social somos capaces de concebir, transmitir y aprender conceptos que nos relacionan con un estado de naturaleza. El iusnaturalismo postula la existencia
de derechos del hombre, fundados en la naturaleza humana, como principios universales y racionales que ponen a la condición humana en el centro de todas las cosas y actividades del cosmos. En cuanto a la filosofía del derecho, el orden jurídico no sólo cubre la integridad física de los individuos, más bien regula la esfera de la calidad de vida de éstos, por lo que dicha calidad sólo la podríamos entender en un estado de inteligencia humana que nos permite, como comunidad traspasar las fronteras de un estado físico o material. Ello, porque el gran objetivo del derecho natural es concebir al hombre como un ser inteligente o mental que le permita la pervivencia con sus congéneres, respetando el estado de naturaleza.

En el interesante debate relativo a que si el hombre es una amalgama cerebro-mente o si sólo es una unidad cerebral capaz de desarrollar habilidades cognoscitivas y epistémicas, Ortega y Gasset refiere lo siguiente:

el hombre es un ser que se encuentra inmerso, sumergido en una circunstancia (o estado de naturaleza), la cual le presenta distintas concepciones de su estado físico o mental, por tanto, deja al hombre la misión de satisfacerlas, por lo que se crea la técnica, que es la reforma que el ser humano le impone a la naturaleza, para la satisfacción de sus necesidades.

Por tales razones, con satisfacción concluyo que el ser humano es una máquina que goza de una actividad mental, aunque tal razonamiento diera lugar a considerar que es una contracción, biológicamente estamos programados para la realización de ciertos fines materiales de los que se desprenden los inmateriales como la actividad mental.

Fuentes consultadas

 

Naert, E. (1961). Memoire et conscience de soi selon Leibniz. París: Gallimard.
Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua Española (22a. ed.). Madrid: Espasa- Calpe.

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