Actitudes, Educación y Medio Ambiente

 

Históricamente, el hombre siempre ha dependido de la naturaleza para satisfacer sus necesidades básicas de alimento, vestido y vivienda. Ante ello, el consumo de agua, plantas, animales y otros beneficios obtenidos de los residuos producidos por sus diferentes actividades han tenido efectos de distinta índole sobre los ecosistemas naturales.

 

A principios de siglo, la euforia del desarrollo industrial impidió el desarrollo de la conciencia de los límites naturales. De este modo, los efectos negativos del crecimiento incontrolado no tardaron en aparecer, en un principio se habló de escasez de recursos y contaminación del medio; en ese momento, se consideró suficiente plantear medidas económicas y tecnológicas para la solución. Hoy en día y gracias principalmente al desarrollo del concepto de ecosistema, se introducen nuevos planteamientos que afectan la visión de la naturaleza y de la problemática ambiental (Rodrigo, 1999).

Nos encontramos inmersos en una severa problemática ambiental que implica una urgente intervención de cada individuo para adquirir conocimientos; plantear y desarrollar actitudes, conductas congruentes al mantenimiento y mejora del entorno; pero, sobre todo, proporcionar una educación ambiental adecuada y bien cimentada.

En los años 70 esta problemática era emergente; en los 80 era obligada, pero ahora es imprescindible que se desarrolle una educación y cultura pro ambiental, donde las actitudes jueguen un papel protagónico debido a que a través de éstas nos comportamos, hacemos y somos en nuestra vida cotidiana.

Los problemas ambientales no respetan los límites políticos o administrativos de los países o regiones, por lo que su solución requiere de acciones de carácter local, regional y multinacional, haciendo un énfasis en la educación formal e informal. Muchos de los agentes de presión ambiental, así como las posibles soluciones a su deterioro y la posibilidad de hacer un uso sustentable de los recursos naturales, dependen de la población en general (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, 2008).

Lo ambiental es, al mismo tiempo, un espacio donde confluyen lo social y lo natural y, por lo tanto, un espacio en donde conviven las distintas disciplinas del conocimiento para comprender las determinaciones biunívocas entre lo natural y lo social. (Gudynas, 1992)

La dimensión ambiental en las planeaciones educativas es indispensable para garantizar el bienestar social, el desarrollo económico y la conservación del patrimonio natural. La tardía e insuficiente atención al tema ambiental en nuestro país nos ha llevado a una grave degradación de
los ecosistemas, al aumento de riesgos de la salud humana y a la vulnerabilidad de la población; lo que ha reducido nuestro potencial de desarrollo en el mediano y largo plazo. El desarrollo sustentable tiene profundas implicaciones estructurales y cotidianas con los procesos productivos de calidad de vida, competitividad, organización urbana, entre tantos aspectos críticos para el desarrollo del país (Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente, 2006).

De este modo, Moreno y Urbina (2008) mencionan que un elemento muy importante en el proceso de crear conciencia sobre los problemas a mediano y largo plazo es asumir una responsabilidad para la acción y, sobre todo, que los niños sean educados bajo preceptos de “desarrollo sustentable”. Ya
que sólo mediante cambios significativos en las actitudes personales y, en general, de la comunidad se logrará mejorar las conductas hacia el medio ambiente.

En México, la preocupación por los problemas ambientales es una temática basada en conocimiento y entendimiento, además de acciones de fenómenos observables en el medio natural que el hombre tiene que realizar por medio de las modificaciones conductuales y actitudinales de interacción consciente, mejorando y conservando el ambiente con los participantes presentes, asumiendo los problemas del entorno, en un sentido de responsabilidad trabajando en equipo o de forma particular alcanzando la sustentabilidad. El aprendizaje de las actitudes es un proceso lento y gradual, donde influyen distintos factores como las experiencias personales previas, las actitudes de otras personas significativas, la información, experiencias novedosas y el contexto sociocultural (por ejemplo, mediante las instituciones, los medios de comunicación y las representaciones colectivas) (Díaz, Gómez y Hernández, 2000).

La conciencia ambiental es el conjunto de valores, actitudes, creencias y normas que tienen como objeto de atención el medio ambiente en su conjunto o en aspectos particulares. Todo este movimiento por estudiar este tipo de conductas dio lugar al surgimiento de una nueva disciplina académica: la psicología ambiental. Aunque hoy en día se observa un aumento en la conciencia a nivel nacional e internacional sobre las amenazas que enfrenta el ambiente con la destrucción del medio, es poco lo que sabemos acerca de cómo generar comportamientos pro ambientales. La educación ambiental se propone como una de las principales estrategias de la comunidad internacional, olvidando que ésta sólo puede planificarse en la medida en que sepamos qué representaciones tienen las personas del medio ambiente y cómo están regulando su comportamiento.

El alcance fundamental que se busca con la educación ambiental es la formación de una ciudadanía responsable de los ambientes
naturales y sociales donde se desenvuelve. Para ello, se reconoce la importancia de promover la formación de los jóvenes y sus grupos sociales. Los niños con una correcta formación sustentable entienden cómo las actividades humanas causan impactos diversos sobre el ambiente. Además, utilizan estos conocimientos para decidir de manera informada y razonada y asumiendo responsabilidades.

Puede destacarse que la incorporación de la dimensión ambiental en las escuelas presenta variados grados de complejidad, uno de los más importantes es la formación de maestros para poner en marcha propuestas que modifiquen no sólo la organización tradicional del conocimiento y el funcionamiento de las instituciones escolares en su conjunto, sino que depositan en el docente la iniciativa de incorporar temas y desarrollar
actividades de naturaleza local, así como de propiciar articulaciones con otras áreas del conocimiento y de la realidad del estudiante. Es por ello que la educación ambiental se ha convertido en un componente de los procesos educativos escolarizados, cuyos retos deberán enfrentarse en el futuro próximo para evitar que un campo que tiene tanto potencial para la formación de los sujetos del próximo milenio se banalice en propuestas desarticuladas, conservacionistas y alejadas de la compleja realidad de nuestros pueblos, que difícilmente puede ser entendida con la formación que promueve el currículum tradicional actual.

Fuentes consultadas

 

Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente (2006). Sustentabilidad ambiental del desarrollo hacia una estrategia nacional. México.

Díaz, F.; Gómez A.; y Hernández García, E. (2000). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. México: McGraw-Hill.

Gudynas, E. (1992). “Los múltiples verdes del ambientalismo latinoamericano”. Revista Nueva Sociedad, 122, 105.

Moreno, A. y Urbina, J. (2008). Impactos sociales del cambio climático en México. México: INEPNUD.

Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2008). Informe de la Situación del Medio ambiente en México.

Please reload

Artículo de la semana

La deuda urgente del gobierno con el sistema penitenciario

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo