Pensar con la Panza Llena de Chatarra

Es por todos nosotros sabido que para que un ser humano esté sano, sea creativo y pueda desarrollarse cognitivamente, primero es necesaria una buena alimentación. Por esta razón, los gobiernos de cada país desarrollan campañas alimentarias para los grupos con mayor vulnerabilidad.

 En México, desde hace muchos años se han implementado diversos programas de nutrición, como el Programa de Desayunos Escolares, cuyo objetivo es el mejoramiento nutricional de la población infantil preescolar y escolar con desnutrición o en riesgo.

Otra campaña a la que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha dado mucho impulso es el Plato del Buen Comer, cuyo tema debe tratarse obligatoriamente en todas las escuelas incorporadas. Junto a esta política, compartida entre la Secretaría de Salud y la SEP, se realizó una lista de los productos permitidos en las cafeterías y cooperativas escolares, con el objetivo de eliminar los alimentos chatarra de la dieta de los alumnos en educación básica. Sin embargo, esta buena intención se vio rebasada, una vez más, por los intereses personales de unos cuantos que prefirieron las ventajas económicas propias a la salud pública. Parece ser que los productos que ya no están permitidos son aquéllos que no alcanzaron a pagar una cuota para convertirse en productos sanos.

Para muestra un botón, en cuestión de bebidas encontramos como permitidas: Coca Cola Zero sin cafeína, Pepsi Boom, Mirinda y Lipton, que contienen al menos 12 cucharaditas de azúcar. Entre las botanas permitidas tenemos, por ejemplo, Takis de fuego y Rufles de queso, con grandes cantidades de glutamato monosódico, al cual se le atribuyen varias reacciones adversas como: erupciones en la piel, picazón, urticaria, náuseas, vómitos, dolores de cabeza (migraña), asma, irregularidades cardiacas, depresión, convulsiones, inflamación, aumento de peso, dolor muscular y trastornos nerviosos. Y para terminar la dieta permitida en las escuelas falta el postre, entre los que destacan el tradicional gansito escolar o los submarinos. Para los niños que busquen productos “más sanos” encontrarán barras de avena Quaker hechas 100% con productos transgénicos.

La campaña de nutrición más reciente es la Cruzada Nacional contra el Hambre, donde la actual secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, firmó un convenio con las empresas trasnacionales del sector alimentos: Nestlé, Walmart y Pepsico, empresa que, según investigaciones de la revista Proceso, también tiene entre sus clientes a Monsanto —líder transnacional en transgénicos— y al Grupo Financiero Monex, ligado a supuestas operaciones ilícitas en el financiamiento de la campaña presidencial priista en los comicios de 2012.

 

 

La misma fuente reveló que, en los últimos 10 años, Walmart y Pepsico se han beneficiado con más de 3 mil millones de dólares en aranceles no cobrados por concepto de importación y han recibido beneficios de programas federales originalmente destinados al campo. Dichos emporios son los mayores distribuidores de productos chatarra que contribuyeron a incrementar los problemas de nutrición y enfermedades como hipertensión y diabetes, que según la Secretaría de Salud son las principales causas de muerte en el país, por lo que resulta irónico pensar que los que causan los problemas son los mismos que los van a solucionar.

De lo anterior, no sólo es preocupante la calidad de alimentos, sino en manos de qué tipo de empresas se está delegando el problema del hambre. Y cuál es el mensaje que se les va a enviar a las personas con mayor vulnerabilidad. La implicación ecológica de las campañas repletas de basura que acompañan a estas empresas en plásticos y cartones que adornan sus productos y promueven ideas de consumismo en los niños. Y peor aún, quiénes son los dueños de estos corporativos y cuáles son sus verdaderos objetivos.

La noticia más reciente es la declaración que dio el actual presidente de Nestlé, donde afirma que el agua es un producto que debe privatizarse. Por más irrisorio o increíble que parezca, el señor Peter Brabeck, en su video titulado “Nosotros alimentamos el mundo”, menciona que la idea de que el agua es un derecho para todos es fatalista y que así como se vende cualquier producto comestible se debe comercializar el agua. Rechaza por completo la moda ecológica donde todo lo natural es mejor, porque en su opinión, los productos con organismos genéticamente modificados (OMG) no tienen nada de malo (entre otras cosas no menos escandalosas con respecto a la salud). Esta declaración se encuentra disponible en YouTube bajo el mismo nombre.

Dicho lo anterior, una pregunta que llega inmediatamente a nosotros es ¿cómo es posible que Rosario Robles Berlanga busque hacer convenios con dichas empresas? Tal vez una respuesta simplista es que, según reportes deLa Jornada, su hermana Magdalena Robles es socia de la empresa que maneja la imagen de Pepsico.

Estas noticias han causado un gran malestar a los ciudadanos, sobre todo a los partidos políticos adversarios del Partido Revolucionario Institucional, quienes sostienen que el verdadero interés de la Cruzada Nacional contra el Hambre es hacer proselitismo para mantenerse en el poder. Para justificarse Robles señaló: “Estas empresas se han sumado hasta ahorita a investigar sobre una galleta nutritiva, vamos a ver qué pasa. Claro que es polémico, pero lo que sí quiero aclarar es que es a cambio de nada”. Cuando se acordó en el convenio que la dependencia federal se compromete a “apoyar con subsidios federales la ejecución de los proyectos en las zonas prioritarias seleccionadas”. Por lo que a “cambio de nada” suena incongruente, ya que dichas empresas no erogarán ni un peso, pues todo pasará por sus fundaciones donde deducirán sus impuestos y, a través del erario, tendrán publicidad gratuita y más consumidores de sus alimentos chatarra. Si la Cruzada Nacional contra el Hambre prospera, me pregunto ¿qué repercusiones físicas y psicológicas tendrá en los habitantes de las zonas más marginadas del país el consumo de estos alimentos?

Los alimentos que consumimos diariamente no sólo contienen los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para vivir, para pensar y para aprender, sino que además son un portador de la energía de las personas que lo cultivaron, procesaron y comercializaron.

Por eso es fundamental que si queremos tener un país con personas sanas y fuertes, capaces de pensar y aprender fácilmente, volteemos hacia la comida saludable. Reforcemos el hábito de la leche materna vs. las fórmulas lácteas que promueve Nestlé.

Si pretendemos ser una nación pensante, primero deben predominar en nuestras mesas frutas, vegetales y legumbres. Enseñemos con el ejemplo a no contaminar “de más” al consumir productos que vienen de fábrica y que están contenidos en plásticos de difícil biodegradación. Pongamos atención a lo que es realmente importante: nuestra salud y una convivencia más armónica con quienes nos rodean y con el ambiente.

Fuentes consultadas

http://www.insp.mx/alimentosescolares/alimentos_ permitidos.php
http://www.proceso.com.mx/?p=338863
http://www.animalpolitico.com/2013/04/noprivatizamos- la-cruzada-contra-el-hambresedesol/# ixzz2VSMxkOW0

 

 

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