El Deporte: De la Pasión a la Rentabilidad Económica

01/09/2013

Desde hace siglos, el deporte ha sido la forma de satisfacer grandes necesidades como la competencia, el bienestar físico y la adrenalina que provoca el practicar nuestra disciplina favorita, sin embargo, esta palabra se ha convertido en un sinónimo de utilidad económica.

 

 

A comienzos del siglo pasado, el afán de competencia llevó a los deportes a un nuevo nivel, donde la estrategia y el nacimiento de nuevas tecnologías permitieron el incremento de la eficacia y eficiencia de los atletas, desde la invención del calzado deportivo en el siglo XIX hasta el uso de la medicina deportiva para el desarrollo de estrategias e indumentarias que permitían correr, nadar y saltar mejor.

De tal suerte, la genética y la evolución humana no han sido los factores determinantes para el surgimiento de nuevos atletas, por el contrario, es la tecnología y el afán de convertirse en la nueva dinastía deportiva lo que ha provocado deportes más espectaculares y atletas que parecen no tener límites.

Recordemos, por ejemplo, que en 1936, en Berlín, el régimen nazi esperaba confirmarle al mundo que la supremacía aria también se haría presente en el ámbito del atletismo; para sorpresa del mismísimo Führer, Jesse Owens, un hombre afroamericano se llevaría cuatro medallas de oro. A partir de ese día, se demostró que el deporte iba más allá de la sana competencia, que podría ser una forma de demostrar, sin el uso de las armas, quién era el mejor del mundo.

A partir de esa experiencia, se observó un cambio radical en la forma en la que se preparaban los países y los deportistas para competencias internacionales. Actualmente, en lugar de esperar que el nuevo Pelé o Maradona emerjan de entre la multitud, los gobiernos y empresas se dedican a la detección de talentos en calles, campos deportivos y escuelas o universidades, donde se selecciona a los deportistas por su perfil físico, preparándolos para desarrollarse en una disciplina deportiva específica. Esto ha derivado en el nacimiento de atletas como Nadia Comăneci (primer gimnasta en recibir calificación perfecta), Gari Kasparov (campeón mundial de ajedrez más joven de la historia), Yao Ming (jugador chino en la NBA), beisbolistas como Mark McGwire y Barry Bonds, tenistas como Roger Federer y Rafael Nadal o futbolistas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, así como atletas que parecen imparables como Usain Bolt y Michael Phelps.

Todo esto, además del afán de competencia, significa grandes ingresos para los gobiernos y empresas patrocinadoras, que van desde el calzado deportivo, la ropa, vitaminas y suplementos alimenticios, aditamentos deportivos, bebidas, artículos deportivos, entre muchos otros, al grado que tanto atletas como estadios se han convertido en espacios publicitarios de altísimo impacto.

Para muestra un botón. Si analizamos cualquier competencia deportiva, en cualquier lugar del mundo, observaremos la presencia de marcas que no siempre tienen que ver con la práctica deportiva. Cómo imaginar un súper tazón sin los anuncios de las compañías cerveceras (un anuncio de 30 segundos durante un súper tazón tiene un costo aproximado de 3.2 millones de dólares) o los partidos de futbol sin comerciales de todo
tipo (pinturas, telefonía móvil, alimentos), y a jugadores que traen patrocinadores hasta en las calcetas, todo con el fin de ser el espacio propicio y con alto margen de clientes potenciales para cualquier producto que pueda pagar por el espacio.

Con lo expuesto hasta el momento, vale la pena analizar la forma en la que ha evolucionado el deporte y contestar hasta qué grado ha dejado
de tener como objetivo la competencia y la recreación, para convertirse en un mercado más que genere un gran número de impactos a los consumidores. Hasta qué punto se motiva al espectador a todo menos a practicar deporte. Si hemos provocado que los jóvenes, futuros talentos, sean atraídos no con la idea de pasar a la historia como grandes atletas, sino para convertirse en millonarios de la noche a la mañana. La reflexión se la dejamos a todos ustedes.

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