Legislación Verde: ¿Eficiente?

 

Nadie ha tomado en sus manos propuestas de gran calado para el tema ambiental, como la eliminación definitiva de subsidios a los combustibles para reorientar esos recursos a la elaboración de los planes de manejo de 75% de las ANP de todo el país.

A finales del periodo ordinario de sesiones concluido en abril pasado, se aprobó en la Cámara de Diputados una reforma al artículo 47 BIS de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA). En particular, el párrafo modificado por los diputados indica las actividades que se pueden realizar en las subzonas de recuperación de áreas naturales protegidas (ANP). En dicha reforma se cambió el enunciado: “deberán usarse preferentemente”, para quedar: “sólo podrán usarse para su rehabilitación, especies nativas de la región o en su caso, especies compatibles con el funcionamiento y la estructura de los ecosistemas”.

De inicio, la forma en que estuvo redactada la reforma hace que el proceso legislativo pierda sentido, ya que no fue eliminada la parte siguiente del párrafo, donde dice “o en su caso”. De mantener esa redacción, decir “sólo podrán usarse” o “deberán usarse preferentemente” tienen el mismo sentido: preferir las especies nativas. Entonces, permanece la opción de usar especies no nativas o exóticas, como se conoce técnicamente. Con o sin la iniciativa de reforma, la ley tiene el mismo sentido.

Ahora vamos al fondo del asunto. ¿Usar especies exóticas para biorremediación es malo? No necesariamente. Es cierto que en algunos sitios del país el uso de especies exóticas ha causado daños graves a la integridad de los ecosistemas. Por ejemplo, el uso de eucaliptos para recuperar el bosque termina por degradar la calidad de los ecosistemas, pues se inhibe la capacidad de crecer de vegetación secundaria. Esto afecta también a algunas especies animales que, ante la falta de la vegetación secundaria, no se pueden alimentar.

Por el contrario, existen ocasiones en que es necesario aplicar consorcios microbianos para biorremediación. Como ejemplo, en los derrames de petróleo crudo o de sus derivados se utilizan inicialmente medios físicos para recuperar los hidrocarburos y de esta forma descontaminar. Sin embargo, al final se deben aplicar diversas especies de Pseudomonas para degradar los contaminantes residuales. México no es la excepción en el uso de estas tecnologías. Esas bacterias vivas, en sentido estricto, no son nativas y por tanto son exóticas.

Si bien usar estos productos en casos como Cuatrociénegas, Coahuila, caracterizada por su diversidad biológica y particularmente microbiana, sería desastroso, hay zonas donde el uso de estos productos puede ser importante para la recuperación de la calidad de los elementos bióticos y abióticos dañados por algún accidente. El asunto debe analizarse caso por caso, de acuerdo con las características de cada zona y siguiendo su plan de manejo. Una ley general no parece ser adecuada en esta ocasión.

Regresando al tema legislativo, si la reforma se hiciera eliminando de la redacción el enunciado “o en su caso” para que la propuesta tuviera efectos reales en el texto legal, se perdería la opción de la biorremediación.

Esta propuesta no es aislada, existen diversas iniciativas de este tipo. De ahí que una preocupación sea por qué existen iniciativas como ésta y, además, por qué son aprobadas en comisiones.

La respuesta puede tener más de una opción. Primero, el asunto ambiental es muy redituable políticamente. Muchas de las iniciativas turnadas a esta comisión pueden ser bien intencionadas y políticamente correctas (como sin duda esta iniciativa lo es), pero también pueden ser lejanas a aspectos prácticos y ser, como muchas veces se ha criticado a nuestra constitución, un compendio de buenos deseos.

Segundo, la búsqueda de mejorar la productividad de los legisladores puede dar como resultado la elaboración de iniciativas como ésta, que no aportan algo real a nuestro marco normativo, aunque difícilmente encontrarán quien se oponga a ellas.

Mientras esas iniciativas descafeinadas son presentadas y se aprueban por unanimidad, nadie ha tomado en sus manos propuestas de gran calado para el tema ambiental, como la eliminación definitiva de subsidios a los combustibles para reorientar esos recursos a la elaboración de los planes de manejo de 75% de las ANP de todo el país, que aún no cuentan con este instrumento normativo y para actividades productivas sustentables en la zona. Tampoco se ha abordado la fusión de Procampo y ProÁrbol, para hacer un único programa que tenga además una visión conservacionista y productiva.

Las agendas de los grandes partidos (que son los que mueven generalmente la agenda de las comisiones legislativas) consideran los problemas ambientales, cierto. Pero tal parecería que sin el impulso necesario para hacer de México, de verdad, un país sustentable.

Urge legislar. Y urge legislar mejor.

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