Maquinaria Alemana

01/07/2013

La final de la UEFA Champions League de 2013 no hizo más que corroborar que la célebre frase “el futbol es un juego de once contra once en donde siempre ganan los alemanes”, dicha por el inglés Gary Lineker hace casi 23 años, se encuentra más vigente que nunca.

 

En efecto, aquella máxima emitida bajo el desencanto de la derrota propinada por los alemanes a los ingleses en el estadio de la Juventus de Turín durante el mundial de Italia 90, no ha sido más que un vaticinio que suele cumplirse competición tras competición en la que participa una escuadra teutona. Sin embargo, es preciso señalar que el éxito del deporte alemán, especialmente en el futbol, va más allá de una cuestión de capacidad o de talento, pues conjuga una mezcla de varios factores que en las proporciones adecuadas suelen arrojar resultados de éxito contundente.

Entre dichos elementos pudiera considerarse la mentalidad ganadora, esa capacidad que muy pocos tienen de fortalecerse ante la adversidad, de reinventarse y adaptarse sobre la marcha a las condiciones adversas, pero sobre todo la gran virtud de sacar fuerzas de donde otros solamente ven debilidades.

En este sentido, el futbol alemán en su conjunto nos enseña que, como en la vida misma, el ser humano debe tener la capacidad de ver oportunidades en donde la mayoría ve fracasos y de que el éxito no únicamente proviene del talento (que en el futbol los alemanes tienen de sobra), sino en una mentalidad triunfalista que consiste en jamás achicarse ni frente a las circunstancias ni mucho menos frente a los rivales.

Así, aunque pudiera parecer que el futbol no es más que un espectáculo lúdico, el éxito del balompié alemán nos demuestra, como ya lo hemos mencionado, que la mentalidad con la que se afronten las circunstancias diarias a las que nos enfrentamos, incide directamente en los resultados obtenidos.

Borussia Dortmund vs. Bayern Múnich, estilos distintos, fórmulas exitosas.

Dejando el plano romántico para entrar en el estrictamente futbolístico, antes del partido en Wembley muchos hubieran visto una final alemana como un choque de trenes, un enfrentamiento de cuadros ríspidos de gran poderío físico, de mentalidad ganadora pero de un futbol más físico que talentoso; sin embargo, nada estuvo más equivocado.

Ambos cuadros con gran talento, el Múnich con una combinación extraordinaria de alemanes provenientes tanto de otros clubes del país como de su propia cantera, brillantemente complementada con extranjeros de lujo, muy experimentados y que han brillado en diferentes ligas europeas.

Este Bayern Múnich (para muchos el mejor Bayern de la historia) es un cuadro avasallante, una máquina con motores en todos los sectores del campo, un tanque poderoso que en cuanto siente una debilidad inmediatamente la enmienda sin modificar su estilo bajo ninguna circunstancia.

Por su parte, el Borussia Dortmund apela más al talento de sus jóvenes promesas alemanas, las cuales son genialmente integradas con una base de europeos del este (en este caso polacos), respecto de los cuales el mundo entero se había olvidado que también saben jugar futbol.

El Dortmund, a diferencia del Bayern, es un equipo sumamente rítmico, cadencioso, casi romántico pero igualmente técnico, efectivo y contundente al ataque. La pausa, los cambios de ritmo, las salidas controladas con el balón en los pies y sin pelotazos largos son las virtudes de un cuadro prusiano plagado de talento.

En cuanto a los entrenadores el contraste entre Klopp y Heynckes es notable, el primero con un estilo desaliñado, casi hipster, representa una nueva escuela que apela a ver al entrenador como un líder dentro del grupo y no como un tirano a cuyas órdenes todos deben someterse. Heynckes por su parte, guarda un estilo más tradicional, un entrenador como los de antaño con una personalidad fuerte pero siempre sobria que guarda las formas en todo momento.

Por lo que hace a las aficiones, las mismas son un reflejo fiel de sus clubes. La del Bayern más ejecutiva, formal, elegante, siempre alentadora pero sin dejar la clásica combinación alemana de una pasión calculadora. En cambio, la del Dortmund es una afición alternativa, de las más espectaculares y extrovertidas de Europa, cuentan con la llamada tribuna “gelbe wand”, que se considera una de las mejores del planeta por sus impresionantes cánticos y sus mosaicos multicolores.

En este sentido, más allá de la victoria bávara sobre el Borussia de 2-1, lo acontecido en el pasto sagrado de Wembley fue un deleite para todos los aficionados amantes del buen juego, sea cual fuere su origen y preferencia, un espectáculo en toda la extensión de la palabra y una demostración del poderío inmisericorde de la maquinaria alemana, ya sea en su versión talentosa y despiadada del FC Bayern o en su adaptación lírica y casi poética del Borussia Dortmund.

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