SobrePoblación: Mitos y Realidades

Finales del siglo XX y principios del siglo XXI son etapas de la historia que han sido marcadas por una característica significativa y abrumadora para ambas épocas: la más absoluta ausencia de ideas y de capacidad para resolver los principales problemas que aquejan a la humanidad.

 

 

Empero, la profundidad de la crisis mundial y su complejidad; el aparente fracaso de todos los programas, viejos o nuevos, para la administración de los asuntos de la raza humana; los conflictos armados, cada vez más numerosos, por religión, nacionalismos u otros; el derrumbamiento del sistema socialista y la grave crisis que afronta el sistema capitalista y democrático; el declive de los valores tradicionales; etcétera, son poca cosa en comparación con los problemas a mediano y a largo plazo que derivarán de la situación demográficaecológica
hemos venido desarrollando.

Los problemas relacionados con el incremento de la población mundial son un fenómeno que se analiza desde hace ya varios siglos, pero nadie se ha preocupado lo suficiente para aportar soluciones reales al problema. La política china del hijo único ha sido, probablemente, la acción más eficaz para atacar frontalmente el problema de la sobrepoblación, sin embargo, sus efectos no han sido los esperados y la ejecución de la política ha generado muchos otros problemas que amenazan con fragmentar el tejido social, como el feminicidio infantil por cuestión de género.

La sobrepoblación es una situación donde la densidad poblacional se amplía y provoca una degradación del entorno, una disminución en la calidad de vida o un desplome de la población. Generalmente este término se refiere a la relación entre la población humana y el medio ambiente, y uno de los factores que contribuyen a no haber encontrado un método eficiente para solucionar el problema se debe, al igual que en el resto de los problemas sociales, a la gran cantidad de subinformación y desinformación en torno a los problemas, lo que limita el área de acción y, en muchos casos, las decisiones tomadas sin la información adecuada perjudican a la población beneficiaria.

Uno de los mitos más peligrosos es el dogma, ampliamente divulgado, de que las cosas se arreglan por sí mismas, que no hace falta hacer nada. Esta teoría es aplicada prácticamente a todos los problemas del planeta y, lo más seguro, es que se base en una fe ciega en la tecnología, la cual, en cualquier momento, lanzará un aparato al alcance de cualquier bolsillo, que arregle cualquier problema con sólo apretar un botón; o bien, algunos otros detractores de la teoría son víctimas de la visión posmodernista, donde el futuro se ve tan lejos que jamás será motivo de sus preocupaciones e intereses.

Lo que es una realidad ineludible es que el problema existe y ya está aquí. Los problemas derivados de la sobrepoblación comienzan a atraer algunos reflectores de la agenda política internacional, sin embargo, ninguna acción eficaz ha sido llevada a cabo, al contrario, con cada año que pasa el problema se vuelve más y más formidable.

Cuando la presión demográfica en relación con la distribución y acceso a los recursos se hace insostenible en un país, la situación desemboca en inseguridad económica y, consecuentemente, en agitación social, lo que indudablemente orille a los gobiernos a imponer medidas restrictivas y de intervención. Las sociedades sin bases fuertes de ciudadanía y participación serán los primeros en sucumbir a las nuevas dictaduras y tiranías basadas en la escasez de recursos. Si la situación se alarga lo suficiente, no habrá nación que no sucumba ante algún tipo de régimen totalitario.

Lo interesante será ver a qué tipo de régimen totalitario sucumbirá la humanidad. Ya Aldous Huxley, en su libro De vuelta a un mundo feliz, expresaba su fe en la sociedad de posguerras, arguyendo que el hombre había comprendido que la regulación del comportamiento social, mediante incentivos positivos al comportamiento deseable y la manipulación gubernamental no violenta, era mucho más eficiente que la regulación social mediante el castigo del comportamiento indeseable y la fuerte intervención estatal. Así, Huxley, concluyó que, cuando el momento llegue, la tiranía planetaria será más parecida a la proyección descrita en Un mundo feliz, que a la de su colega George Orwell descrita en 1984.

Sin embargo, De vuelta a un mundo feliz es escrita en 1959 y su autor muere tres años después. Huxley no pudo vivir el resto del siglo, las guerras por venir, la inestabilidad económica y social a nivel planetario, el increíble aumento en la capacidad de destrucción de todo tipo, el fracaso de todos y cada uno de los sistemas políticos económicos y sociales para manejar o mejorar los asuntos de la especie humana.

A principio del siglo XXI, al hacer un breve recuento de la situación mundial no se puede culpar a nadie que difiera de la opinión de Huxley y tema a un futuro de tipo orweliano. Situaciones como Guantánamo o la guerra contra el narco en
México empoderan a cualquiera para argumentar que el autor de 1984 tenía un conocimiento más profundo de la naturaleza humana.

 

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