El Estado de México: Una Breve Mirada a su Historia Educativa (Primer Parte)

05/03/2013

 

El Estado de México ocupa uno de los últimos lugares por su extensión territorial dentro del país. No obstante, es la entidad federativa más poblada con más de 15 millones de habitantes, lo que equivale a cerca de 14% de la población total nacional. De los cuales, 17.9% se encuentra en el rango de edad para cursar los estudios de primaria o secundaria. Además, la densidad poblacional y la ubicación geográfica vecina a la Ciudad de México determinan la importancia histórica de la entidad en temas económicos, políticos y sociales, como ha sucedido en el caso de la educación.

Su historia educativa institucionalizada data desde inicios del recién independiente Estado mexicano, cuando se funda el Instituto Científico Literario en 1828 en Tlalpan, siendo ésta la antigua capital del Estado de México. Históricamente, este Instituto había sufrido una serie de transformaciones que le permitían siempre mantenerse a la vanguardia como uno de los mejores centros educativos a nivel nacional. En el mismo sentido, en 1872, siendo director don Jesús Fuentes y Muñiz, se funda, como ala del Instituto, la Escuela Normal de Profesores de Instrucción Primaria, una de las primeras en el país y pionera del normalismo mexiquense.

No obstante, durante las primeras décadas del siglo XIX, el naciente aparato educativo estatal pasaba por un momento crítico, como resultado de reajustes político-administrativos en el gremio magisterial y debido a las continuas huelgas que le caracterizaban. Esta coyuntura coincide además con la primera oleada en el aumento poblacional de la entidad que demandaba un mayor número de docentes, hecho que ocasionó una disminución en el número de maestros preparados dentro de las escuelas normales del estado y un aumento de personas que eran reclutadas únicamente con estudios terminados de nivel primaria, siendo esto suficiente para que formaran parte de las nuevas filas magisteriales.

El siguiente gran vuelco del sistema político del Estado de México se da en 1942 con el fin de 20 años de caciquismo posrevolucionario y la llegada del licenciado Isidro Fabela como gobernador interino, tras el asesinato de Alfredo Zárate Albarrán.

Fabela era identificado como amigo cercano del entonces presidente Manuel Ávila Camacho, se le reconocía como un hombre culto, formado en elcarrancismo y de gran experiencia política. Isidro Fabela consideraba que la cultura era la fuente fundamental que aseguraría el progreso integral de la región y como el medio más eficaz para alcanzar el desarrollo nacional, por lo que estaba decidido a lograr por todos los medios el impulso de los pilares básicos que irían fortaleciendo el modo de la enseñanza y del aprendizaje dentro de las aulas. Por ello, desde su inicio fijó sus metas, no en la resolución de los problemas educativos del Estado de México, sino en una visión estructural de largo plazo: crear los cimientos básicos en la sociedad para que con el tiempo, se pudiese hablar de la existencia de un sólido y funcional sistema educativo mexiquense. Con ello, una de las principales acciones fue destinar gran parte del presupuesto a la construcción de obra pública en este sector, que se complementaba con proyectos que pretendían reducir la problemática educativa de la entidad con campañas intensivas de alfabetización para adultos y programas para la universalización educativa.

En el mismo sentido, emprendió una reforma educativa local que se empataba con el rumbo establecido en la Ley Orgánica de la Educación Pública, decretada en 1942 por el entonces presidente de la República Manuel Ávila Camacho. El principal factor que señalaba este documento era el rompimiento expreso con la educación socialista, promovida fundamentalmente en regiones rurales del país durante el sexenio de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, en el Estado de México no fue muy visible este rompimiento ideológico, dado el poco eco con que se recibieron las campañas educativas
cardenistas.

En 1945 se define en forma más concreta la acción educativa que seguiría el Estado de México, mediante la promulgación en el Congreso local de la Ley de Educación Estatal de 1945 y la Ley Orgánica de la Educación Pública en el Estado de México. En éstas se expresaba la urgencia de un trabajo coordinado y correctivo enfocado a la universalización de la enseñanza elemental; un mejor apoyo para el magisterio; una mejor preparación para el cuerpo docente; la inminente necesidad de reestructurar la administración del sistema educativo local; un aumento en la construcción de escuelas; un nuevo rumbo en las campañas de alfabetización; la actualización de la educación superior y, finalmente, se hacía expresa la obligatoriedad de cursar hasta el sexto grado de primaria. Además, en la Ley Orgánica de la Educación Pública del Estado de México se estipulaba que la educación era un servicio público de interés social para todos sus niveles y modalidades e instaba a todos los municipios a aportar un financiamiento progresivo que ayudara a erradicar el analfabetismo de sus localidades, así como elevar la oferta de nivel primaria (Civera, 1999, p. 308).

En esta misma ley, se ratificaba a la Dirección General de Educación como la dependencia del gobierno local encargada de administrar y vigilar todos los asuntos relacionados con la educación. Desde estas oficinas se hace el llamado a todos los sectores del estado para poner en marcha una nueva campaña de alfabetización que tuviera como objetivo la mejora económica estatal y la aceleración industrial, que ya comenzaba a vislumbrarse en algunas regiones.

 

SEGUNDA EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA DE LA DEMANDA EDUCATIVA.

 

En la segunda mitad del siglo XX, parecía que el sistema educativo local crecía gradualmente, tanto en su oferta como en su calidad. En este contexto llega Alfredo del Mazo Vélez a la gubernatura mexiquense, quien da un seguimiento a las políticas progresistas de Isidro Fabela. No obstante, el principio de su gestión coincide con la depresión económica mundial, producto de la Segunda Guerra Mundial. Esto obligó a reordenar las finanzas públicas sobre una lógica de austeridad, dando un gran golpe en los proyectos educativos que comenzaban a solidificarse en la entidad.

Aunado a esto, la explosión demográfica se suma a las no pocas dificultades con que ya lidiaban las entidades federativas. En el Estado de México, la disminución en el presupuesto educativo fue notable, pues en 1949 se destinaba 40% de las finanzas públicas en la arena educativa, mientras que en 1952 esta partida representaba 29% únicamente.

Esto ocasionó que durante el periodo de Del Mazo no hubiese oportunidad de abatir el rezago educativo; únicamente se pudieron construir algunas decenas de escuelas. Dejando claro que el problema era aún mayor, pues, de acuerdo con un estudio llevado a cabo en 1951, 50% de la población mexiquense en edad escolar seguía excluida de la educación pública (Villamil, 2009).

El nuevo gobernador, el ingeniero Salvador Sánchez Colín, encuentra un escenario de carencias de todo tipo dentro del ramo educativo. Para entonces había 1 millón 900 mil habitantes, la mayoría concentrados en los municipios conurbados a la Ciudad de México.

Además, empezaban a ser cada vez más visibles los impactos de la explosión demográfica, pues no se abastecían adecuadamente los servicios públicos en varias regiones. En el caso de la educación básica, la falta de centros escolares y de profesores era la principal deficiencia. Ante ello, Sánchez Colín convocó a distintas asociaciones, tanto públicas como privadas, a trabajar e invertir juntos en el renglón educativo; y logró que patronatos industriales y particulares se hiciesen cargo de la construcción y manutención de centros escolares, asimismo permitió a las escuelas privadas ya existentes su incorporación oficial al aparato educativo estatal.

En 1957 un nuevo grupo político desvinculado de Isidro Fabela llega al gobierno del Estado de México. Pese a ello, el nuevo gobernador, Gustavo Baz, decide no romper con el ideario cultural y educativo impulsado décadas atrás por Fabela. Así, el doctor Baz durante su mandato destinó gran parte de los recursos a la infraestructura educativa, y en la formación de un mayor número de profesores normalistas y mejores sueldos al magisterio. Gustavo Baz era de la idea de que, aun con la demanda por la educación básica en aumento, era un deber de las autoridades educativas estatales mantener una buena calidad en la educación impartida, con esto se insinuaba que las plazas docentes debían ser otorgadas a las personas mejor preparadas. Durante su administración se fundó la Escuela Normal de Educadoras y se impulsó del Instituto de Capacitación Magisterial para los docentes sin título, asimismo, se crearon las dos primeras escuelas normales regionales.

 

INDUSTRIALIZACIÓN ESTATAL.

 

A finales de la década de 1950, la educación del Estado de México se encontraba en mejores condiciones, logrando una reorganización en los niveles de la educación pública y mejoras o beneficios para el magisterio estatal, como el derecho a organizarse sindicalmente. Sin embargo, el servicio seguía siendo deficiente; a pesar de que cada vez más niños iniciaban la educación pública, los datos de la Secretaría de Economía revelaban que más de 50% de la población permanecía analfabeta y que la tasa de deserción a nivel primaria era mayor a 80% (Dirección de Prensa y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado de México, 1974, p. 264).

El Plan de Once Años, impulsado por Jaime Torres Bodet, durante su segundo periodo al frente de la Secretaría de Educación Pública del gobierno federal, estaba diseñado para impactar positivamente en las entidades federativas. Uno de sus principales objetivos consistía en ofrecer educación básica a todos los niños en edad de recibirla, así como lograr que las entidades mantuvieran un gasto constante o creciente en este rubro. Un estudio levantado por el gobierno federal dentro del Estado de México denotaba que, en 1960, 60% de los niños en edad primaria se encontraban inscritos en algún grado, y que sólo 7% del total habían interrumpido sus estudios básicos en algún momento (Dirección de Prensa y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado de México, 1974, p. 268).

Una segunda etapa planteada en el Plan de Once Años estaba encaminada a sobreponer la eficacia del sistema educativo que se estaba logrando sobre la expansión desmesurada de espacios educativos; esto, debido a la todavía creciente explosión demográfica, fue un acierto para ofrecer educación a más menores, pero con un resultado lamentable para las décadas precedentes que a la fecha sigue teniendo repercusiones.

En este sentido, en el Estado de México el Plan de Once Años fue acogido por el gobernador Juan Fernández Albarrán, elevando el presupuesto educativo de 38.20%, que se tenía en 1960, a 44.65% en tan sólo tres años, a la par de un aumento en el número de maestros. Estos aumentos también tuvieron un efecto positivo en la eficiencia terminal del sistema escolar, logrando que 42.8% de los alumnos que habían iniciado sus estudios en la primera mitad de la década de los 60 concluyeran la educación primaria en 1969 (Dirección de Prensa y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado de México, 1974, p. 275).

En 1945 se define en forma más concreta la acción educativa que seguiría el Estado de México, mediante la promulgación en el Congreso local de la Ley de Educación Estatal de 1945 y la Ley Orgánica de la Educación Pública en el Estado de México.

Fuentes consultadas

Civera, A. (Coord.) (1999). Experiencias educativas en el Estado de México. Un recorrido histórico. Zinacantepec, México: El Colegio Mexiquense, A. C.

Dirección de Prensa y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado de México (1974). 150 años de la educación en el Estado de México. Comisión de Estudios Históricos del Gobierno del Estado de México.

Jerardo Villamil (2009). Si yo fuera presidente. México: Grijalbo.

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo