SuperPoblación o Cooperación Mundial: La Humanidad Elige

04/03/2013

Hablar de superpoblación implica necesariamente mirar lacapacidad de nuestro planeta para generar recursos: la Tierra estará superpoblada, desde el punto de vista humano, cuando no sea capaz de satisfacer las necesidades de las personas que la habitan. Es más, si consideramos el gradiente temporal, nos encontraríamos al día de hoy en déficit negativo, puesto que, según diversos informes1, ya estaríamos usando los recursos de las siguientes generaciones de forma insostenible. Es decir, mirando al futuro, ya estamos superpoblados.

 

 

Número de habitantes y cantidad de recursos ecológicos disponibles y consumidos son, por tanto, las variables principales de la ecuación que determina la superpoblación y las opciones son pocas: reducir el número de habitantes; disminuir la cantidad de recursos que se consumen por persona; investigar para encontrar alternativas a los recursos que se agotan o mejorar la eficiencia en su explotación o… encontrar otro planeta que explotar. Dejando esta última opción para las agencias espaciales y escritores de ciencia ficción, veamos las particularidades de las anteriores.

Reducir el número de habitantes: si no se consigue abordar la ecuación por la vía de los recursos, está claro que ésta es una opción que tendrá lugar, ya sea de forma voluntaria o forzosa. Guerras, luchas entre humanos por los recursos y catástrofes naturales (que en muchas ocasiones vendrán originadas por la propia sobreexplotación del medio ambiente) se encargarán de diezmar a la población mundial de manera drástica hasta que se logre el equilibrio. Exigencias forzosas de cuotas de nacimiento, como la que tiene lugar en China el día de hoy, son otras formas de imposición que acarrean sufrimiento y clandestinidad, y no deben confundirse con las verdaderamente voluntarias.

La voluntariedad a la hora de reducir la tasa de nacimiento se da, actualmente, en los países más desarrollados, donde en la mayoría de los casos las familias optan por tener un número bajo de descendientes, probablemente, para garantizar un nivel de vida suficientemente alto para todos los miembros de la familia. Los países de ingresos medios y bajos, así definidos por el Banco Mundial2, son los que tienen tasas de crecimiento de población más elevadas3. Parece claro que estos países, una vez que alcancen mejores condiciones de desarrollo, seguirán la senda de los países más ricos, como reconoce el Banco Mundial: “Las tasas de natalidad por lo general bajan cuando los padres tienen acceso a métodos de planificación de la familia, a servicios de atención de la salud, a la educación y al empleo”4.

Pareciera que ya hubiésemos dado con la respuesta a la ecuación: desarrollo para todos. Aunque estaríamos ante una gran noticia desde el punto de vista humanitario, no lo sería en lo referente al tema aquí entre manos: el problema de la superpoblación se acrecentaría si el desarrollo de los países pobres significase incrementar su consumo a niveles de los ricos. Como se recogió en la Cumbre de Johanesburgo de 2002 “El 15% de la población mundial que vive en los países de altos ingresos es responsable del 56% del consumo total del mundo, mientras que el 40% más pobre, en los países de bajos ingresos, es responsable solamente del 11% del consumo”. Imagínense lo que supondría para el planeta si los más pobres dejasen de serlo…

Por lo tanto, además de buscar el desarrollo general, es ineludible atacar la variable de los recursos. Hay que consumir menos y de una manera más inteligente. Para llevar a cabo esta difícil tarea sólo hay un camino: cambiar el modelo económico competitivo por uno cooperativo en busca del bien común de toda la población mundial.

No creo que haya que aportar muchas más pruebas para saber que un modelo liberal de la oferta y la demanda es insostenible desde el punto de vista ecológico. La necesidad de un crecimiento económico positivo, en el cual se sustenta la economía global actual, tanto financiera como de bienes, conlleva a un consumo de recursos tan elevado que condenaría al planeta al agotamiento de sus recursos. La alternativa es realizar un consumo alineado con las capacidades del planeta y el momento tecnológico, donde el decrecimiento económico sea una opción válida y la competencia sea sustituida por una búsqueda solidaria de una satisfacción general: la verdadera cooperación, la búsqueda de un objetivo común y no la caridad que se ha intentado imponer desde los países ricos a los pobres en los últimos 60 años.

Sin embargo, hay que reconocer que aún estamos muy lejos de que la cooperación y la solidaridad gobiernen nuestro planeta, en lugar de la competencia y los intereses particulares. Todo el mundo sabe que el modelo económico actual es insostenible, pero pocos se atreven a dar verdaderos pasos de cambio, centrándose en el día a día y sin pensar realmente en el impacto futuro de sus actos presentes. La competición entre regiones, países y ciudadanos sigue siendo el modelo a seguir. No hay líder en el mundo que se atreva a romper esa tendencia y con base en el modelo competitivo se educa a las nuevas generaciones.

Cambiar nuestra forma de vida sólo será posible a través de una transformación de la conciencia global. La Tierra es aún sobradamente rica como para asegurar el bienestar de todos sus habitantes, pero ya estamos en déficit, y está claro que aquí las teorías de choque no funcionarían. Los humanos decidiremos el camino para que el sistema siga en equilibro: competencia, guerras y catástrofes o cooperación, solidaridad y bien común, y la educación global ciudadana será clave a la hora de hacer posible esta segunda vía.

1http://www.footprintnetwork.org/images/article_uploads/EODay_Press_ Release_2012.pdf
2 http://www.worldbank.org/depweb/spanish/modules/social/pgr/print.html
3 Existen otros factores, como el “ímpetu demográfico de la pirámide poblacional”, que contribuyen a incrementar la población de estos países, pero que evolucionaríande la misma forma que lo han hecho en los países desarrollados.
4 http://www.worldbank.org/depweb/spanish/modules/social/pgr/print.html

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