Mafalda, la Revolución en Viñetas

04/03/2013

Fue un hecho inédito. Después de 36 años Mafalda reapareció en octubre de 2009 y lo hizo por una buena razón: recordarle a Silvio Berlusconi, el ex primer ministro italiano, que ella tampoco era una mujer a su disposición.

 

 

En un debate televisivo, Berlusconi dijo a la diputada de centro-izquierda Rosy Bindi “Usted es más bella que inteligente. No me interesa lo que dice”. La militante católica le respondió, tajante: “Non sono una donna a sua disposizione” (No soy una mujer a su disposición).

Por ello, el 23 de octubre de ese año, el diario italiano La Repubblica publicó la que es, hasta el momento, la última caricatura oficial de Mafalda. Pronto la frase “no soy una mujer a su disposición” fue impresa en camisetas y gorras. El producto se vendió como pan caliente.

El mismo año en que nació Mafalda fue cuando la policía estadounidense arrestó a más de 800 estudiantes de la Universidad de California en Berkeley por protestar contra la Guerra de Vietnam; en que por primera vez en México una mujer accedió al Congreso de la Unión: María Lavalle Urbina y Alicia Arrelano Tapia son las primeras senadoras; y nació también la minifalda, ese pedacito de tela que sirvió de bandera para la revolución femenina. Era 1964 y las mujeres ya llevaban décadas gestando su revolución, pero este movimiento, a diferencia de otros del mismo periodo se distinguió por no derramar sangre.

Joaquín Salvador Lavado, mejor conocido como Quino, dice que él no se proponía ninguna grandeza al crear a Mafalda:

En realidad iba a ser una historieta para promocionar una nueva línea de electrodomésticos llamada Mansfield. La agencia Agnes Publicidad le encargó el trabajo a Miguel Brascó, pero como él tenía otros compromisos, me lo pasó a mí. Pero la campaña nunca se hizo y las ocho tiras que dibujé quedaron guardadas en un cajón. Hasta que al año siguiente Julián Delgado, secretario de redacción de Primera Plana, me pidió una historieta. Entonces rescaté esas tiras y, bueno, ahí empezó todo.

El personaje principal, a diferencia de otros de este género, no tiene superpoderes. Es más bien una niña de seis años bastante común. Es la hija mayor de un matrimonio de Buenos Aires de clase media. Esta niña, como todas, tiene familia, amigos y se va de vacaciones a la playa.

Cuando terminó el cómic, en 1973, Mafalda ya tenía ocho años. Durante ese periodo habló al mundo de armas nucleares, guerra, racismo, derechos humanos, democracia, la paz, los Beatles y sopa.

Mafalda refleja las revoluciones de su época: escucha la radio para enterarse de la situación  del mundo, desea ir a la universidad y trabajar en la ONU. Los años 60 fueron una etapa muy activa, es cuando surge la rebelión hippie y con ésta la ideología de la liberación sexual y la libertad en el amor. Así, las feministas adoptaron posturas más flexibles ante determinados problemas.

Una década más adelante, la difusión del uso de la píldora anticonceptiva supuso una auténtica revolución sexual, porque liberó a la mujer de posibles embarazos no deseados, separando la reproducción de la sexualidad y haciendo posible poder planificar su propia vida, adoptando un nuevo papel en la sociedad.

La mamá de Mafalda también juega un rol importante, pues la hija refleja sus temores en la madre y ayuda a ver el mundo desde una mirada femenina. Mafalda no quiere ser como su mamá que cocina, lava, plancha y no sabe manejar. Por un lado, Madalfa hace visible que el trabajo del hogar es también un trabajo de verdad, pero que no recibe remuneración. Por otro lado, muestra a una nueva generación de mujeres que consideran otro camino.

Pero también esta Susanita, una amiga de Mafalda que juega a ser mamá y ansía serlo en un futuro. Es discriminadora, no le importa el destino del mundo y adora el chisme.

Años después de conversaciones de Susanita y Mafalda, llega en 1970 Libertad, una pequeña niña que empezó a lanzar comentarios más incendiarios y con mayor contenido político. Libertad es aún más radical, habla abiertamente de que el pueblo se levante en revoluciones sociales. Su padre es socialista y trabaja en lo que la niña llama un “puestucho de morondanga”. Su mamá es traductora de francés y Libertad aspira a serlo también en un futuro.

 

DE ARGENTINA, PARA EL MUNDO

Tuvieron que pasar 12 años de la muerte de Eva Perón para que otra mujer argentina expresara su indignación con tal magnitud.

Evita realizó una tarea decisiva para el reconocimiento de la igualdad de derechos políticos y civiles entre hombres y mujeres. “Este siglo no pasará a la historia con el nombre de Siglo de la Desintegración Atómica, sino con otro nombre mucho más significativo: Siglo del Feminismo Victorioso”, decía Perón.

En su primer discurso público exigió la igualdad de derechos para hombres y mujeres y, en particular, el sufragio femenino:

La mujer argentina ha superado el periodo de las tutorías civiles. La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos.

Eva redactó directamente la parte de la Constitución que habla de la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida. Sin embargo, fue derogada en 1955 por el golpe militar, lo que representó la pérdida de la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio. En esa situación creció Mafalda, por eso alzaba la voz acerca de la igualdad de género.

Una de las historietas tiene como primera imagen a la madre de Mafalda en biquini llorando frente al espejo.
— ¿Qué pasa mamá? ¿Por qué lloras?
— ¡Porque del verano pasado a éste engordé y la bikini me queda horrenda!
— Yo te diría que más de media humanidad no pudo engordar ni un gramo porque no tuvo que comer… pero vos necesitás consuelo, no quedar como una estúpida, ¿verdad?

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