La Emancipación de la Mujer: La Revolución Silenciosa

La emancipación de la mujer ha sido un proceso de siglos donde, poco a poco, las mujeres han ido alcanzando posiciones cada vez más altas a niveles público y político; y aun cuando es posible recordar episodios poco silenciosos a través de la historia, este fenómeno social se caracteriza por obtener derechos y libertades sin necesidad de recurrir a la violencia o derramamiento de sangre.

 

Sin embargo, sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX, con el cambio de roles y una masiva y repentina incursión a los espacios laboral y público por parte de las mujeres, se permite hablar de una revolución social como tal. El aspecto más importante del que este inmenso movimiento se puede jactar es la adopción de una conciencia de grupo propia.

Como toda revolución, la emancipación de la mujer en la vida pública no es más que uno de los episodios que forman parte de una historia, aunque de difícil identificación, más amplia y compleja, donde las causas y repercusiones se mezclan a cada instante.

En el caso de esta revolución magnífica y silenciosa, se puede reconocer al resto de los movimientos y fenómenos que avanzaban junto con ésta y que, en su conjunto, se le denominó como Revolución Social del Siglo XX. Algunos autores ubican este periodo entre 1945 y 1990.

La revolución social del siglo pasado es producto del igualmente intenso y masivo desarrollo de la tecnología y la industria, que obligó al ser humano a adaptarse constantemente a un medio que, a partir de la segunda mitad del siglo, cambia radicalmente cada década.

El primer y más drástico cambio social, además de ser la frontera que nos separará por siempre del pasado es, como ya lo pronosticaba Marx, la muerte del campesinado. Cuando termina la Segunda Guerra Mundial sólo un puñado de países europeos y Estados Unidos tenían más de la mitad de la población viviendo en la ciudad, en el resto de los países cuatro de cada cinco personas seguían viviendo en el campo. Para 1980 sólo en las zonas del planeta más tradicionalistas y atrasadas no se había registrado un revés absoluto del porcentaje que habitaba en las ciudades. La migración sin precedentes del campo a la ciudad observada en la segunda mitad de siglo conllevó a otros cambios repentinos, intensos y masivos, como la megaurbanización y surgimiento de megalópolis, la revolución del transporte público, etcétera.

Otra de las grandes revoluciones de este periodo y de características casi tan drásticas como la decadencia y caída del campesinado, aunque mucho más universal, fue el acceso a la educación, sobre todo en estudios
secundarios y superiores. Los beneficios que un poco de educación representaba para cualquier nación fueron tan populares que hasta los países más atrasados y tradicionalistas hacían grandes esfuerzos para luchar contra el analfabetismo y la ampliación de espacios educativos de todos los niveles. Las mismas familias comenzaron a hacer grandes sacrificios para que sus hijos tuvieran la oportunidad de estudiar o continuar sus estudios, lo que en un futuro resultaría en una posición económica y social más aventajada.

El gran estallido fue, sobre todo, en la enseñanza universitaria. Los estudiantes universitarios aumentaron tanto a lo largo de dos décadas que su presencia a niveles político y público se dejó sentir en las revueltas del 68 en todo el planeta. En algunos casos estos grupos cambiaron para siempre la historia de su país.

Estos movimientos fueron parte de un gran torrente de cambios sociales a nivel global y que se desarrollaron simultáneamente. La emancipación de la mujer fue otro de los grandes cambios que afectó y se plasmó en todos los sectores de las sociedades (las desarrolladas en un principio y posterior y paulatinamente de forma global). El papel de la mujer al interior de la sociedad adquiría una importancia creciente; las mujeres ocuparon de forma masiva espacios en la vida pública y política, sobre todo las casadas.

En 1940, las mujeres casadas que vivían en concubinato y que trabajaban por un salario eran 14% de la población femenina en Estados Unidos. En 1980, en algunos casos extremos, representaban más de la mitad de la fuerza laboral total del país.

La mujeres hicieron su entrada igualmente impresionante y masiva en la enseñanza superior; a finales de los años 50 ya constituían 30% del estudiantado en todos los países desarrollados (excepto en Finlandia, que desde antes de la guerra las mujeres constituían 43% de los estudiantes; los estados comunistas también tenían un enorme impulso en esta área y estaban mucho más adelantados en el desarrollo del concepto de igualdad universal que los regímenes democráticos o capitalistas).

La entrada masiva de mujeres casadas en el ámbito laboral y la impresionante expansión de la enseñanza superior son la piedra angular de la emancipación y concientización grupal de la mujer.

Y así, aunque estos cambios no se lograron por presiones feministas ni tuvieron repercusiones inmediatas en la situación de las mujeres, sí comienzan a desarrollar y fomentar una forma de conciencia femenina política e ideológica que se hará notar en las siguientes oleadas feministas y su nacimiento como fuerza política destacada.

Y aun cuando la única revolución que prácticamente no ha derramado sangre durante las luchas entabladas por el goce de derechos es la emancipación de las mujeres, el goce no es pleno y por lo tanto la lucha no ha terminado.

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