La Reivindicación de la Voz. Mujeres Adolescentes en Conflicto con la Ley

03/03/2013

Muchas veces me he preguntado qué puede pensar una adolescente que delinque. ¿Posee una conciencia real de sus actos o carece de discernimiento? ¿Es resultado de un proceso de madurez empobrecido, o de un abandono psicológico o afectivo? ¿Quiénes son ellas? ¿Realmente como sociedad comprendemos su situación o sólo respondemos a cánones sociales sugeridos para abordar ese tipo de problemáticas? ¿Son el resultado de una sociedad que omite cuidados humanos? ¿Qué sucede para que tengamos que elaborar esta reflexión?

 

El presente trabajo tiene que ver con la realidad dolorosa de quienes viven en un espacio de internamiento cumpliendo una medida que no acaba ahí, sino que continúa en su proceso de libertad. ¿Dónde están sus voces?

Una adolescente en conflicto con la ley, una vez cumplida su medida de internamiento, vive el señalamiento, la discriminación, la exclusión. Estas huellas distan mucho de borrarse una vez cumplida su medida legal. Se transforman en personas a las que socialmente no se quiere ver, a quien no se les desea escuchar, en quien no se puede confiar. Su futuro se ve seriamente marcado por una sociedad impregnada de estereotipos, que estigmatiza, que juzga, que crea expectativas y no se detiene ante esta realidad de adolescentes que buscarán oportunidades una vez que queden en libertad. ¿Quién es capaz de escuchar, de cuidar, de acoger, de enseñar, de acompañar a estas chicas?

El proceso de sensibilidad social se está viendo rebasado por esta realidad tan dolorosa, de miserias, de pobreza en muchos sentidos, de un abandono crónico que derivará en muy pocas oportunidades si no nos sentamos a observar, a cuestionar, a ser críticos y abrir la sensibilidad para dar oportunidades a quienes de por sí son resultado de la ausencia de las mismas.

No intento justificar ningún tipo de transgresión, no lo haré; ensayo comprender una realidad compleja que me preocupa y que cuestiono como profesional y como individuo. Evidentemente, detrás de cada chica que delinque hay un ser humano que tiene voz y que no tiene espacios de diálogo franco y abierto. Debemos tener cuidado, si no somos capaces de escuchar estas voces no seremos capaces de comprender su circunstancia, menos de ofrecer caminos.

Sus voces están impregnadas de ilusiones, de sueños, de dolores, de miedo, de anhelos, de fantasías. Cantan, recitan poesías, cuentan sus historias. Son voces llenas de risas y llanto, de gritos ahogados, de súplicas de ayuda no escuchadas, de violencia silenciada por no “herir” a nadie. De violaciones de todo tipo, acalladas porque la amenaza, si denuncian, es igualmente proporcional
al maltrato que recibirán si hablan.

Estas chicas que, como cualquiera, tienen sol y lunas en sus vidas, refieren que el mismo cielo que todos miramos jamás volverá a ser igual para ellas.

Ellas desean encontrar un espacio digno a su salida.

¿Como sociedad quiénes somos para juzgar, para mantenerlas al margen? Ellas son seres humanos. Lo legal se cumple, el sistema se encarga de ello. De lo humano debemos ser la sociedad en conjunto quienes asumamos la responsabilidad. No sólo los profesionales que nos hacemos cargo de su proceso de tratamiento y reinserción, sino todos quienes de muchas maneras somos corresponsables de la dinámica social desigual e inequitativa en que participamos.

Reivindicar su voz es abrirles la oportunidad de hablar, de expresarse, de pedir por ellas mismas, de dar cuenta de sí mismas; de que recuperen por derecho la oportunidad de darse a existir más allá de un trámite legal.

Reinsertarse en la sociedad ya es un proceso complejo; que sea su voz con la que caminen, con la que recuperen una dignidad que puede estar mancillada. Que con su propia voz se vaya abriendo camino en la vida, que sus palabras tengan fuerza y determinación, que las dignifique.

Su voz hoy es mi voz. Su ser humano me humaniza. Su presencia me profesionaliza, su confianza me dignifica.

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