In Situ, Offside: La Participación y el Protagonizmo Juvenil (Segunda y Última Parte)

01/03/2013

Introducción

 

En la primera parte, bajo la imagen in situ, se planteó que los territorios habían sido los espacios por excelencia del protagonismo juvenil; por ende, los lugares que permitían visibilizarlos mediante performatividades
novedosas, más allá de las tradicionales protestas. También se dijo que las políticas en materia de juventud están orientadas a ver a los jóvenes como sujetos que llegarán a ser adultos, y no por su propia juventud, lo que equivale a construir un dato manipulado y manipulable que genera imágenes emanadas de la cultura dominante y parental. En esta segunda parte, veremos el traslado de los territorios identificables a los “no lugares”, y se concluirá con una coda rumbo a un diálogo generacional.

 

 

El presente texto fue ganador del Concurso “Ensayo sobre Participación Juvenil”, organizado por Educación y Ciudadanía A.C. Leido en el Foro: “Todas las juventudes, las y los sin derecho”, el 19 de febrero de 2011, en la Facultad de Psicología de la UASLP (San Luis Potosí, México).

Offside: el espacio de flujos

No obstante, estos espacios localizados geográficamente no son los únicos donde emergen las expresiones juveniles, también transitan en lo que Manuel Castells (2004) ha llamado el espacio de los flujos: aquéllos lugares insituados y producidos por el propio proceso globalizador. Fuera de los contornos comunes donde se organizaban las protestas, las redes sociales se han vuelto un espacio articulador de participación y protagonismo; desde la incidencia política, como bien puede ser la organización de una marcha, hasta la inconformidad social, mediante comentarios, post e imágenes de sátira social.

Éstos son territorios deslocalizados en donde lo privado se hace público. Parafraseando la analogía fexiana de las temporalidades juveniles (Feixa, 2003), hay que comprender el desarrollo de, por ejemplo, la protesta juvenil, en el tránsito de la calle, un lugar con delimitaciones geográficas y, el espacio de los flujos, como esos “no lugares” de tránsito corpóreo pero sí de creatividad para un performance discursivo.

Aquí no hay escenografía de fondo, no hay urbanidad, es un flujo constante de imágenes que cobran significados para los propios usuarios, principalmente jóvenes. Incluso para aquéllos mal llamados apolíticos pero que en su propia posición de negación toman ya una postura de inconformidad al rechazar cualquier proyecto partidario del que no se sienten parte.

En este flujo constante, de un post o un twit, se encuentran las nuevas formas de participación y protagonismo juvenil deslocalizado. Aunque siguen saliendo a las calles, los nuevos sujetos emergen a través de la red conectada globalmente. Caso sui géneris, el egipcio, donde la protesta tecnológica llevó al gobierno a desarrollar un ataque frontal contra tal ejercicio, ya que la realidad de los jóvenes sobrepasó en mucho las capacidades comunicativas del gobierno.

En San Luis Potosí también sucedió esto; si contra el alza de tarifas los jóvenes se alinearon y decidieron tomar una calle, como un espacio geográficamente ubicado, para mostrar su inconformidad; en el espacio de los flujos el “mitin cultural” se difundió. Los propios portales generan la capacidad de comunicación en tiempo real, pese a la distancia. La propaganda, por ejemplo, también se digitalizó, de modo que ya no es
necesario pegarlos clandestinamente en las paredes y bardas públicas, pues el propio ciberespacio da la posibilidad para su difusión.

En inglés “post” es el equivalente a un mensaje y, en el contexto de las nuevas tecnologías de la información, se puede entender como la manera de difundir o compartir algo a través de las redes sociales.

Este ejercicio también se separa de los medios oficiales al convertirse en un canal ampliamente usado por los jóvenes en el que se expresa la diversidad, ya que los tópicos son invariables, pues en la red
se pueden ver tanto canciones del grupo musical Rebelde, como aquellos himnos contestatarios; así como los comentarios que resaltan la individualidad de muchos jóvenes, como aquéllos que muestran preocupación social.

Aquí, en el espacio de los flujos donde se desarrolla la contrapartida juvenil frente a los grandes monopolios comunicativos —principalmente la televisión—, se rompen los márgenes de la cultura dominante y
dominada por el “adultocentrismo”, aquella lógica en la cual el punto de referencia central de plenitud, madurez y responsabilidad es la vida adulta: estable y virtuosa que se guía bajo un ethos determinado de
reproducción social. En cambio, no hay márgenes, sino un diálogo intergeneracional, donde se muestran claramente los atisbos de las diferentes maneras de ver el mundo.

Apunte final

Para terminar, hay que traer a colación tres elementos que son parte del nuevo protagonismo y participación juvenil. En primer lugar, ésta siempre será heterogénea, ya que la propia juventud en singular no existe como tal. Lo que vemos en los territorios y en los “no lugares” son modelos, patrones y comportamientos diferentes, e incluso rivales. El abanico de posibilidades nos muestra un mundo juvenil en expansión que, en lugar de homogeneizarse, se diversifica.

En segundo lugar, al diseminarse, se forjan nuevos espacios de expresión. En la calle, por ejemplo, las protestas no se limitan a la toma y cierre de caminos, también se protagonizan en el arte, la poesía, el
canto y el performance. Dado esto, se encuentran nuevos lugares donde podemos ver las expresiones de los jóvenes.

Finalmente, hay que comprender que existe una interlocalización, donde no sólo hay un cambio de espacios (de la calle a los flujos) sino una constante retroalimentación en cada uno de ellos, ya que los mismos sujetos que los usan no se encuentran determinados por epifenómenos estructurantes, pues actúan dentro de su marco de posibilidades y se interrelacionan en ellos negociando tiempo e identidad.

Coda

Dentro de la participación y el protagonismo juvenil no se puede pasar por alto el diálogo generacional. Si de lo que se trata es de hacer un puente entre formas, normas, valores y patrones culturales para un diálogo fructífero entre “los jóvenes” y “los viejos”, este puente debe empezar por reconocer y aceptar las diferentes lógicas de participación y protagonismo entre las instancias reguladoras dominadas por los adultos (el Estado, las iglesias, las escuelas, los grupos domésticos) y los jóvenes.

De este modo, si estas instancias o instituciones normalizadoras se transformasen en un foro donde se pueda habilitar una comunidad intergeneracional y en donde cada voz por más contradictoria, variopinta o joven que sea pueda encontrar en ellos, en su objetivación física, un espacio de comunicación, es decir de habla-escucha, y donde más que preservar la ortodoxia se dedicasen a ejercitar su rememoración imaginativa, es decir, donde la cadena de memoria pueda ser trastocada, pero, al mismo tiempo, recreada y nutrida, negociando valores y convergiendo en intereses generacionales, entonces estas transformaciones serán ampliamente benéficas para la sociedad.

Fuentes consultadas

Bourdieu, Pierre (1990). Sociología y cultura. México: Grijalbo-Consejo Nacional para la Cultura y la Artes.

Castells, Manuel (2004). La era de la información: economía, sociedad y cultura. México: Siglo XXI.

Feixa, Carles (2003, julio-diciembre). “Del reloj de arena al reloj digital. Sobre las temporalidades juveniles”. JOVENes, Revista de Estudios sobre Juventud, 19, 6-27.

Reguillo, Rossana. “Las culturas juveniles: un campo de estudio. Breve agenda para la discusión”. En Gabriel Medina Carrasco (Coord.) (2000), Aproximaciones a la diversidad juvenil (pp. 19-43). México: El Colegio de México.

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