Terrorismo de Estado, El Caso Actual de España

04/01/2013

Definir terrorismo de Estado es una misión complicada. Muchos especialistas lo consideran una combinación imposible, un oxímoron, y sostienen que el Estado no puede ser considerado nunca un actor terrorista.

 

¿Es la expresión terrorismo de Estado un oxímoron? El caso actual de España.

 

Definir terrorismo de Estado es una misión complicada. Muchos especialistas lo consideran una combinación imposible, un oxímoron, y sostienen que el Estado no puede ser considerado nunca un actor terrorista. Más allá de implicaciones legales del derecho internacional, la apropiación del lenguaje para defender los intereses de un determinado grupo es una táctica de reconocido valor (Klemperer, 2001). Por lo tanto, propongo una reflexión sobre la pertinencia de dicha expresión.

 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ni siquiera ha conseguido ponerse de acuerdo en definir el simple término terrorismo (ONU, s. f., Antecedentes). Una de las razones que dificulta el consenso para una definición es la falta de acuerdo para integrar o dejar fuera de ella las acciones de un Estado. Así lo destacaba en 2005 el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, en su informe titulado Un concepto más amplio de libertad: “Ya es hora de dejar de lado los debates sobre el denominado ‘terrorismo de Estado’. El uso de la fuerza por los Estados está ya totalmente reglamentado por el derecho internacional” (ONU, 2005).

 

Desoyendo los consejos del Sr. Annan, y dado que el ánimo de este artículo es analizar si tiene sentido la existencia del concepto y no debatir sobre el marco de derecho internacional donde debe ser encuadrado, veamos si algunas actuaciones de un Estado democrático como el español podrían ser catalogadas con esta etiqueta.

 

A falta de una definición de terrorismo universalmente aceptada, muchos politólogos, sociólogos y jueces han concluido en enunciados más o menos próximos. Por recoger uno de los muchos similares, cito el siguiente del español Dr. Calduch:

 

Una estrategia de relación política basada en el uso de la violencia y de las amenazas de violencia por un grupo organizado, con objeto de inducir un sentimiento de terror o inseguridad extrema en una colectividad humana no beligerante y facilitar así el logro de sus demandas. (las cursivas son mías) (Calduch, 1993, p. 327)

 

En España, hablar de terrorismo de Estado genera ansiedad y negación en muchos ciudadanos. Quizás son las heridas aún mal cerradas de la dictadura o el deseo de creer que el milagro de una corta transición nos había convertido en una sociedad ejemplar. Para la mayoría, nuestro terrorismo de Estado durante la democracia se limita al Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL)1, un triste y sucio capítulo enterrado con celeridad. Curiosamente, el grupo contra el que atentaba el GAL no podría ser catalogado de no beligerante _ETA_, así que según la definición del Dr. Calduch, el GAL no entraría dentro del terrorismo de Estado.

 

Sin embargo, los recientes episodios de violencia policial en diversas manifestaciones ciudadanas en España sí que se dirigían contra una población no beligerante _personas que ejercían su derecho constitucional de manifestarse_. La expresión terrorismo de Estado se ha escuchado repetidamente a la hora de calificar dichas represiones. En la mayoría de los casos, esta apreciación se hace de forma visceral, cargando la dureza de la palabra terrorismo contra el exceso de la actuación de la policía, y contra las supuestas prácticas ilegales que llevaron a cabo. Pero dejando fuera reacciones subjetivas y apresuradas, ¿estamos realmente hablando de terrorismo?

 

Estrategia de relación política

 

Es fácil encontrar muchos videos en internet donde se puede ver a los policías cometiendo excesos de violencia gratuita durante la tarde-noche del 25S2. La primera reacción ante tanta barbarie suele ser la de apuntar a la policía como la principal culpable. Sin embargo, esto es erróneo. Estos videos muestran que dentro de las fuerzas de seguridad hay violentos que no deberían estar ahí, pero la policía no es la culpable; sólo ejecutan las órdenes políticas que reciben.

 

Por muy violento que sea el policía, no actuaría de esta forma si no tiene consignas de hacerlo de esa manera. Además, si no se les permitiese, por ejemplo, intervenir de forma anónima, violando la ley que marca que los agentes deben ir claramente identificados, probablemente no lo harían, o al menos no con tanta impunidad como ocurre actualmente.

 

Por otro lado, todo apunta a que las órdenes políticas que reciben obedecen a una estrategia. En el caso del 25S, las manifestaciones convocadas pretendían rodear el Congreso hasta que el gobierno dimitiese. Este tipo de manifestaciones, al igual que las del 15M3, siempre han abogado por una forma de actuación no violenta. Dicho carácter pacíficocompromete mucho a los dirigentes a la hora de disolverlas. Parece lógico pensar que el gobierno trazaría un plan que, en primer lugar, excusase la actuación policial y, en segundo, crease tanto pánico que asegurase que estas convocatorias no contarían en el futuro con una gran afluencia. Es decir, una estrategia contundente para que no se repitiese otro 15M (You Tube, 2012).

 

Uso de la violencia y de las amenazas de violencia

 

Las denuncias de violencia y no respeto a las leyes, en lo que concierne a los derechos de los detenidos4, parecen ser sacadas de un contexto donde las fuerzas de seguridad gozan de impunidad absoluta. Los relatos que se escuchan y se leen sobre lo que ocurrió en las dependencias policiales de Moratalaz en Madrid son, sin duda, muy inquietantes.

 

Pero desde el punto de vista terrorista, lo más preocupante es la amenaza. Las declaraciones del ministro del Interior apoyando la actuación policial; que los policías continúen sin llevar una identificación visible; las nuevas propuestas parlamentarias para coartar la libertad de prensa e impedir que se graben las actuaciones policiales (García, 2012), y más iniciativas en esta línea mandan un mensaje claro a la población: la represión y criminalización de los manifestantes continuará.

 

Inducir un sentimiento de terror o inseguridad extrema

 

Éste es el punto más subjetivo. ¿Cómo de extremo es el sentimiento de miedo que causa esta estrategia política en la población que se manifiesta contra los políticos y sus abusos de poder?

 

Quizás yo sea muy cobarde, pero lo cierto es que a mí me produce terror. Cuando escucho que a una chica la golpearon sin más motivo que el de estar en el sitio equivocado en el momento erróneo y que, ya en el calabozo, la amenazaron con apagar las cámaras y violarla, sabiendo que mi compañera irá a la siguiente manifestación, me provoca pánico. Cuando paso por delante de los miles de policías que controlan las manifestaciones y recuerdo los golpes que he visto en los videos, me entra mucho miedo. Cuando estoy ejerciendo mi derecho constitucional de protesta y a escasos metros veo que están deteniendo a un manifestante, y recuerdo los testimonios de quienes han pasado por comisaría en concentraciones anteriores, echo a correr.

 

No poder catalogar como terrorismo _de Estado_ lo arriba descrito supone una clara apropiación del lenguaje por quienes lo ejecutan. Sin duda, existen otros términos para identificar estas prácticas, pero no es justo que el terrorismo, con toda la dureza connotativa que tiene, quede excluido para un cierto grupo de personas por el simple hecho de pertenecer a un gobierno.

1 Grupo parapolicial que luchó contra la organización criminal ETA y su entorno entre 1983 y 1987.
2 25S, término con el que se han denominado las manifestaciones del 25 de septiembre alrededor del Congreso de los diputados en Madrid.
3 15M, término con el que se designa al movimiento ciudadano surgido en Madrid el 15 de mayo de 2011 y expandido al resto del Estado español.
4 Declaraciones y denuncias recogidas en varios sitios web http://legal15m.wordpress.com/ http://www. lavanguardia.com/politica/20120927/54351235433/detenidos-25s-denuncian-injerencias-interior-delegaciongobierno. html.

Fuentes consultadas

Calduch, R. (1993). Dinámica de la sociedad internacional. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces.

García, Jesús (2012, 20 de octubre). “Policías sin imágenes, fuente de abusos”. El País.Recuperado de http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/20/ vidayartes/1350760009_124144.html

Klemperer, Victor (2001). La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. Barcelona: Minúscula.

Organización de las Naciones Unidas (2005). Un concepto más amplio de la libertad.Recuperado
de http://www.un.org/spanish/largerfreedom/ contents.htm

Organización de las Naciones Unidas (s. f.). Acciones de las Naciones Unidas contra el terrorismo. Recuperado de http://www.un.org/spanish/ terrorism/highlevelpanel.shtml

You Tube (2012). España 2012: los infiltrados del 25S-terrorismo de estado. Recuperado de http:// www.youtube.com/watch?v=A3QRlSPRFXU

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