Mercadotecnia y Futbol

Es de todos sabido que el deporte con mayor arraigo en nuestro país es el futbol, disciplina que desde principios del siglo XX se ha venido fortaleciendo a través de la conformación de ligas locales y nacionales. El futbol vivió un estancamiento considerable en el México revolucionario, pero con el paso de los años tendría un resurgimiento notable, en cuanto a la participación de equipos y jugadores se refiere. Fue el 23 de agosto de 1927 cuando finalmente se logra la fundación de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), momento a partir del cual la profesionalización y masificación de esta disciplina se ha consolidado como ninguna otra a nivel nacional. Hoy es tan contundente su influencia social que es prácticamente imposible concebir cualquier espacio territorial en nuestro país, llámese barrio, colonia o delegación, sin contar, como coloquialmente se dice, con una cancha de fut.


Como consecuencia de esta gran influencia y afición que se generó en torno al futbol profesional, la Federación Mexicana puso en marcha un esquema afanoso para socializar la institucionalización del futbol en todos los estados del país. De esta manera se constituyeron asociaciones estatales, ligas municipales y regionales que darían oportunidad a equipos menores de aspirar a llegar al más alto nivel competitivo. Actualmente la FMF tiene hasta una cuarta división del futbol profesional, donde pueden participar (claro, pagando su respectiva cuota) equipos estudiantiles, universitarios, municipales y delegacionales, cuyo mayor anhelo es, sin duda, como en la Roma antigua, salir victoriosos de sus localidades para llegar con laureles a competir en el máximo circuito nacional: la primera división.

De manera paralela, el futbol también ha evolucionado en términos económicos, específicamente en el área de mercadotecnia. En este sentido, las grandes empresas patrocinadoras, en particular las empresas de televisión, han jugado fuera de las canchas un partido toral para que la primera división en México sea un espectáculo redondo en términos monetarios.

Hemos sido testigos de cómo, al pasar los años y las temporadas, se han incrementado las nóminas y los contratos firmados por técnicos y jugadores, donde en el conocimiento público se exhiben cifras que desentonan completamente con la situación económica de nuestra sociedad. Sin embargo, sabemos que esta circunstancia no es exclusiva de nuestro país, sencillamente es la muestra fiel de que en el mercado deportivo la oferta y la demanda están fuera de los limites convencionales de los mercados mundiales, pues tasan en el mercado del espectáculo donde el índice de precios y cotizaciones los da la pasión, la tendencia y la devoción de los aficionados.

Es justo en este punto donde empezamos hacer una merecida reflexión de cómo estos factores externos inciden en la parte deportiva, tomando como referencia la última liguilla del balompié nacional. En esta parte del torneo fuimos observadores de un duelo deportivo que bien vale la pena tratar en el terreno de lo económico, de lo mercadológico y, por qué no, de lo político. Lo anterior porque hablar de esta última liguilla es hablar de dos equipos en particular que llamaron la atención de sobremanera, dos equipos que a lo largo de la temporada demostraron con tesón y entrega que los juegos los ganan los hombres, no lo nombres. Me refiero a los Xolos de Tijuana y al León Futbol Club. Ambos equipos con denominadores comunes, poco tiempo en la primera división, un presupuesto modesto, pocos patrocinios en sus estadios, muy pocos jugadores de renombre, directores técnicos con una joven carrera y una afición que exuda pasión.

Mucho agradezco como aficionado y espectador presenciar partidos donde los equipos salgan verdaderamente a jugar, a ganarse el respeto y el cariño de la afición disputando al máximo cada partido, cada balón, que el profesionalismo se denote en las jugadas y en la entrega a sus equipos, dentro y fuera de la cancha. Podemos contrastar esta realidad con la de clubes de mucha mayor jerarquía, como Chivas, Cruz Azul o América, que, siendo de los equipos más poderosos, económicamente hablando, dan un tremendo espectáculo, pero, fuera de los estadios, en la polémica de sus directivas o jugadores, en la lamentación de sus aficiones por la cosecha de derrotas y las denostaciones y escusas año tras año.

Vale la pena preguntarnos, pues, ¿hasta qué punto la mercadotecnia y el aparato económico han incidido e influido en los resultados deportivos de estos equipos históricos en México? ¿Hasta qué punto el dominio total de las televisoras ha repercutido en el buen espectáculo al que los aficionados se hacen merecedores cuando pagan su boleto al estadio? Y, sobre todo, ¿en qué momento los grandes contratos y los grandes beneficios económicos de publicidad se verán reflejados en el desempeño de los futbolistas locales y, por ende, en el de la selección nacional?

Estoy seguro de que las preguntas anteriores representan por sí mismas temas de amplio y sensato análisis; cierto es que en las mejores ligas del mundo, como la inglesa, la española o la italiana, también son claros estos síntomas de la fiebre por la mercadotecnia, el espectáculo y el dinero; sólo que hay una gran diferencia, el nivel de sus ligas es superior al nuestro, y mientras ellos aspiran a ganar campeonatos mundiales, el nivel de la Liga MX nos da sólo para soñar con un “quinto partido” en la copa mundial. Ésa es nuestra más triste y dura realidad, que desafortunadamente es probable que al final se seguirá imponiendo la lógica mercadológica y económica para nosotros como afición, siguiendo una máxima ya conocida: al cliente lo que pida.

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