Productividad y Ríos Limpios

 

¿Qué queremos? ¿Empleos o ríos limpios? No se pueden los dos. Esta disyuntiva, común en la visión empresarial, ¿corresponde a la realidad?

En 1996 se publicó la Norma Oficial Mexicana donde se clasifica en ocho distintos tipos a las aguas nacionales y en dos tipos al suelo. En esta clasificación, la norma establece las cargas máximas contaminantes que las poblaciones e industrias pueden verter por medio de sus aguas residuales.

La realidad es que la norma no se cumple. El tratamiento de aguas de los municipios es poco y muchas plantas de tratamiento son elefantes blancos, abandonadas, con operación inadecuada, que tratan sólo una parte de lo que su capacidad de diseño les permite, o simplemente pasan el agua por el sistema sin tratarla.

Si hablamos de la industria, el asunto no es muy distinto. Pocas empresas tratan sus aguas de forma correcta. Muchas construyen sistemas de tratamiento que no corresponden al tipo de contaminante que descargan. En otras, la simulación campea: echan a andar sus plantas de tratamiento sólo cuando hay inspección de la autoridad.

En algunos sitios la norma es insuficiente. Para atender los problemas de algunos ríos se deben hacer estudios cuenca por cuenca para determinar la capacidad de asimilación de cada ecosistema y así determinar la carga máxima de contaminantes que puede recibir cada cuerpo de agua.

En la campaña política por la Presidencia de la República de este año, el Partido Verde propuso penas para quienes contaminen el agua. La propuesta resulta innecesaria pues las penas existen: el contaminador debe pagar por ello y reparar el daño. Incluso existen denuncias penales interpuestas por contaminación de ríos.

¿Qué hacer entonces? Se deben simplificar los procedimientos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y dar atribuciones a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) en asuntos de aguas residuales. Al respecto y dado que los ríos son asunto federal, existe una propuesta para formar un cuerpo de la Policía Federal que se especialice en asuntos ambientales. El tema del agua es uno de los que abordaría este cuerpo especializado.

Pero si al final la cadena la corrupción sigue presentándose y la multa o mordida por descarga de aguas residuales continúa siendo más barata que tratar el agua, la imagen de ríos limpios se muestra imposible.

Para evitar que quienes contaminan sólo echen a andar sus plantas cuando hay inspección, se podrían establecer controles secundarios. Se pueden medir los lodos y el consumo de energía de los sistemas de tratamiento. La empresa deberá procesar y reportar el volumen y destino de los lodos. Así podrán conocerse, indirectamente, los volúmenes de agua tratada. Este dato se compararía con la cantidad de agua usada por la empresa, su volumen de producción y las condiciones de descarga registradas en su permiso. De esta forma, se aseguraría la eficacia de las inspecciones.

Por otro lado, aunque hay industrias que invierten constantemente en modernizarse, otras tienen sistemas de producción anticuados que requieren gran volumen de agua para sus procesos y tienen altos costos de operación de sus sistemas de tratamiento. Entonces se pueden generar alicientes económicos para la renovación de los sistemas de producción o el tratamiento de aguas residuales y reuso de aguas tratadas, tanto públicas como privadas. Con esto se dejarían de abatir las fuentes de abastecimiento y disminuiría el costo de operación de pozos y manejo de agua.

Estas acciones complementarias podrían ayudar a dejar atrás el paradigma de que se requiere contaminar para producir, y se empezaría a generar crecimiento económico sin ríos contaminados.

La Norma OficialMexicana establece las cargas máximas contaminantes que las poblaciones e industrias pueden verter por medio de sus aguas residuales.

 

 

 

 

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