Mamá Hawa, Mamá África

01/11/2012

La labor visionaria de esta exrefugiada ha transformado la vida de miles de mujeres y niñas desplazadas, que representan el sector más vulnerable de la sociedad somalí.

 

 

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) entregó en septiembre el Premio Nansen para los Refugiados 2012. La galardonada es la somalí Hawa Aden Mohamed, fundadora y directora del Centro Educativo para la Paz y el Desarrollo de Galkayo (GECPD), situado en Puntlandia, noreste de Somalia. La labor visionaria de esta exrefugiada ha transformado la vida de miles de mujeres y niñas desplazadas, que representan el sector más vulnerable de la sociedad somalí.

La homenajeada, tras años de incansable lucha, es mayormente conocida por el sobrenombre de Mamá Hawa. Este apodo representa con exactitud su labor de protección y amparo frente a la marginación, el maltrato y la violencia sexual. Su compromiso está basado en la convicción de que la educación es el origen de toda existencia digna, fundamentalmente en el caso de las niñas. A pesar de provenir de una sociedad de tradición patriarcal, su entrega en la defensa de los derechos de las mujeres fue temprana. Contó siempre con el apoyo de su propio padre, quien la envió a la escuela siendo niña a pesar de las innumerables críticas de familiares y amigos. La educación cambió su vida y, a través de ésta, Hawa da alas para volar a miles de mujeres y niñas.

Desde 1999 ha salvado, alimentado y educado a un total de 215 mil desplazados somalíes supervivientes de la peor clase de abusos. Esta valiente e inspiradora labor de defensa de los derechos humanos, hace de Hawa Aden una digna merecedora del galardón. Su trabajo se realiza bajo circunstancias extraordinariamente difíciles y desafiantes en una nación como Somalia, castigada durante décadas por conflictos armados, violencia y crisis alimentarias.

El Premio Nansen lleva el nombre del primer Alto Comisionado para los Refugiados en la Sociedad de Naciones, el destacado explorador y científico noruego Fridtjof Nansen. Este premio nace en 1954 y desde entonces es un reconocimiento a servicios excepcionales a favor de refugiados y desplazados. Como todo homenaje a labores humanitarias, este galardón cumple un importante papel en el marco del desarrollo internacional, ya que destaca el compromiso de figuras y proyectos insuficientemente conocidos, como es el caso de Hawa Aden. Sin embargo, cabe preguntarse ¿cuáles son, exactamente, los criterios de evaluación a la hora de premiar?

Desde su creación, el Comité del Premio Nansen del ACNUR ha otorgado esta distinción a 68 personas, grupos u organizaciones. En la lista se encuentran loables entidades como la Cruz Roja y Médicos sin Fronteras, no obstante, desentonan nombres como el de Juan Carlos I, rey de España, o el de la princesa Sonia de Noruega. Ambos, gratificados por un esfuerzo pasajero y protocolario, al promover asistencia Mamá Hawa es una de las innumerables mamás anónimas que pelean por el futuro de África. nacional a refugiados. Estos premios, para alcanzar plena legitimidad, deberían estar siempre fundamentados en el mérito y no en intereses cuestionables e influencia política; ante todo, el criterio de selección debe responder a un verdadero cambio e impacto al interior de los grupos marginados, mediante el trabajo galardonado.

Es importante mencionar que el mayor galardón a la labor humanitaria a nivel mundial, el Nobel de la Paz, cuenta en sus registros con numerosos laureados controvertidos, como Henry Kissinger, Yasser Arafat, Al Gore u Obama. Este premio siempre ha participado en el aumento de la atención pública sobre algún conflicto latente, pero no siempre se ha sabido elegir al vencedor adecuado y coherente debido a sus criterios básicos de evaluación.

A pesar de la influencia positiva de este galardón durante las últimas décadas, sobre la plausible implicación de la mujer africana en la defensa de los derechos humanos, existen tropiezos que empañan un fenómeno que bien merece ser enaltecido. Doce mujeres, hasta la fecha, han ganado el Premio Nobel de la Paz, un tercio de las cuales son africanas. Cuatro mujeres, se espera, representantes de la lucha sin violencia,de la asistencia humanitaria social, del pacifismo y los derechos civiles. Sin embargo, en el caso de Ellen Johnson Sirleaf, el premio volvió a ser desacreditado. Levantó sospechas inicialmente el hecho de premiar a la presidenta de Liberia, país africano creado por Estados Unidos en 1847 para reenviar a los esclavos liberados en un intento de devolverlos a sus orígenes, justo días antes de las elecciones, donde fue, obviamente, reelegida.

Debido al apoyo de la presidenta a leyes que criminalizan la homosexualidad, comenzaron a elevarse voces exigiendo la nulidad de su galardón, y fue la Dama de Hierro quien defendió ante Tony Blair la postura de la mandataria. Resulta muy difícil aceptar la legitimidad de un Nobel de la Paz en manos de alguien que, habiendo luchado contra la discriminación y por la igualdad de las mujeres, persiga y criminalice tanto la homosexualidad como el activismo de quienes la defienden.

Este hecho no debe ser representativo de los criterios que llevaron a premiar al resto de galardonadas, no debería deslucir el esfuerzo de aquéllos que verdaderamente promueven la libertad, los derechos, la justicia y la igualdad. Aunque nunca existirá acuerdo global, pone de manifiesto una falta de análisis en profundidad antes de convertir a alguien públicamente en símbolo de la paz y defensa de los derechos humanos. De poco sirve premiar a la primera presidenta africana elegida democráticamente como distintivo de la liberación e igualdad de género, si ésta apoya una pena de cárcel de 10 años para cualquier ser humano homosexual. Es injusto que existan sombras de  tipo en el reconocimiento internacional de logros humanitarios encomiables. Especialmente en el caso de la gran labor de las mujeres africanas, puesto que su inclusión en este tipo de consideraciones ha sido tardía y escasa.

Mamá Hawa es una de las innumerables mamás anónimas que pelean por el futuro de África. Forma parte de una revolución lenta, pero en pleno apogeo. Los mecanismos de decisión de la mujer van tomando forma y este tipo de reconocimiento público les recuerda que no están solas. La mujer es la pieza clave, la principal mano de obra, el pilar de la familia, quien tiene la capacidad de educar a los hombres del futuro rompiendo barreras culturales. Lamentablemente no hay premio para todas. Ellas son el futuro de África, ellas son mamá África.

 

 

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