Enrique Peña Nieto y su visión de la Educación Básica. ¿Algunas ideas para el Plan de Gobierno 2012-2018?

01/11/2012

 

Para este análisis, el referente único es el texto México la gran esperanza. Un Estado eficaz para una democracia de resultados. El autor es Enrique Peña Nieto. Él, a su vez, según lo refiere, toma como base los artículos publicados entre enero de 2010 y julio de 2011 en periódicos nacionales y extranjeros para ahondar en el diagnóstico y las posibles soluciones a los grandes retos de México. Asimismo, describe su texto como un conjunto de ideas más que una oferta de gobierno.

Para Peña Nieto, México enfrenta dos grandes problemas: la violencia y el deterioro económico. El cambio debe encauzarse hacia las siguientes metas:
a) Transitar hacia la práctica de los derechos de todos los ciudadanos.
b) El crecimiento económico y liderazgo internacional.

En el caso de la primera meta, se propone crear las mismas oportunidades para todos y el ejercicio efectivo de los derechos individuales y sociales.

Respecto al derecho a una educación de calidad con equidad, se requiere:
• Fortalecer las capacidades de los profesores (con un enfoque centrado en el aprendizaje más que en la memorización, así como en el uso de las nuevas tecnologías).
• Diseñar sistemas de evaluación transparentes y efectivos de rendición de cuentas (fiscalización).
• Estímulos económicos ligados a la calidad de la enseñanza.

En el texto, se deja muy clara la separación de los temas relacionados específicamente con la enseñanza y aquéllos relativos a las condiciones laborales de los profesores.

Una de sus propuestas es ofrecer jornadas escolares completas con un horario de ocho horas en donde se ofrezcan el uso de las computadoras así como la enseñanza del idioma inglés. Lo anterior sólo será posible en la medida y la suficiencia de los recursos económicos porque, según el autor, todos los derechos cuestan.

De ahí la importancia del crecimiento y desarrollo económico. Sin ello no hay empleos suficientes. Se parte de la tesis de que al no existir las condiciones para incrementar la inversión se inhibe el crecimiento.

Se apuesta a la era digital. El internet, se señala, ha revolucionado el conocimiento, el comercio. En este marco de cambio constante y veloz, México no ha estado a la altura, se menciona textualmente, se ha desdibujado y se convirtió en un simple observador, se automarginó. Un liderazgo audaz y responsable posibilitará una mejor protección y promoción de sus intereses en el ámbito internacional. Se sugiere incidir en los cambios con realismo y pragmatismo. Para ello, debe delinearse claramente el proyecto de nación para este siglo XXI.

El autor desmenuza en ocho grandes apartados la forma en cómo se imagina construir un Estado eficaz. En uno de ellos, titulado “Construir una sociedad del conocimiento”, se plantea cómo transitar de una economía maquiladora a una del conocimiento como eje central para conducirse del siglo XX al siglo XXI. Se propone una educación básica de calidad y más equitativa. Este asunto lo considera clave para el desarrollo de las sociedades, el éxito de los individuos, adicionalmente, fortalece la soberanía. En el contexto internacional, se observa que las naciones con avances notables, en lo económico y en lo social, han cimentado su desarrollo en el conocimiento y en la investigación. Una economía robusta la hace competitiva porque abre inversiones generadoras de empleos, eleva los ingresos per cápita y potencia la innovación. Es sólida por la participación del capital humano, es menos desigual porque los avances científicos y tecnológicos están al alcance de amplios sectores poblacionales a través de mejores servicios y bienes de consumo que elevan su nivel de vida. El caso coreano es un buen ejemplo.

Para contar con más y mejores cuadros en las universidades y centros de investigación se necesita una buena educación básica (pertinente diría yo). He aquí la importancia de garantizar el acceso universal a la educación de calidad.

Peña Nieto hace suyas las coincidencias en muchos diagnósticos educativos acerca de que los niños y los jóvenes no aprenden lo necesario para esta sociedad del conocimiento ni desarrollan todas sus capacidades creativas y productivas. Aunado a ello, en los sectores sociales más pobres y en comunidades indígenas (poblaciones en situación de vulnerabilidad) el bajo aprovechamiento se acentúa. Es imperioso, por lo tanto, acelerar la transformación del sistema educativo.

El autor retoma parte de los argumentos esgrimidos por un experto internacional, Andreas Schleicher, quien recomienda “dejar de utilizar a los sindicatos magisteriales como una excusa para justificar las deficiencias educativas”. Se insiste, a partir de aquí, en distinguir y separar la política educativa de la política laboral. Considera al profesor como un factor fundamental, la espina dorsal, del sistema educativo porque de él depende formar a las generaciones venideras para enfrentar con relativo éxito las oportunidades y desafíos por venir.

Es importante, desde esta óptica, la formación continua de los docentes, profesionalizarlos en el nuevo enfoque formativo, de convertirlos en facilitadores del aprendizaje en lugar de un mero transmisor del conocimiento. Lo ve, el autor, difícil porque los maestros no fueron formados para ello. En el caso del alumno, incluyendo por supuesto a los docentes en su calidad de estudiantes, es necesario impregnarse en el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Textualmente se menciona: “El sistema educativo debe estimular en los estudiantes el gusto e interés por aprender y desarrollar en ellos las actitudes, competencias y habilidades necesarias para entender, aplicar y generar conocimiento, es decir para innovar”. Para este fin, debe dotarse a los alumnos de las herramientas básicas para aprender. Éstas aluden a democratizar el acceso a la información y al conocimiento. Es decir, cerrar la brecha digital y universalizar el acceso a la sociedad del conocimiento. Un caso exitoso ejemplificado es la Red de Innovación y Aprendizaje (RIA) en el Estado de México.

En el asunto del financiamiento de la educación otro punto relevante, se requiere un gasto más eficaz y transparente. En este sentido, las escuelas deben convertirse en el centro de transformación educativa, fortaleciendo su autonomía de gestión y el financiamiento de las escuelas para dotar, a quienes las dirigen, de mayores facultades y recursos para la toma de decisiones en el día a día y vincularlos con el logro educativo de los estudiantes. De esta manera, la gestión escolar impactaría en la formación de los alumnos.

Hablar de educación básica es hablar de los niveles de preescolar, primaria y secundaria. Para Enrique Peña cada eslabón es importante. La educación preescolar es uno de los eslabones iniciales y fundamentales porque ayuda a contrarrestar las desventajas con las que llegan los alumnos de sus hogares, estimulando el desarrollo de sus habilidades afectivas-cognitivas, físicas y sociales. De ahí la relevancia de universalizar su acceso (elevar los índices de cobertura).

Otra de las propuestas son las jornadas escolares completas. La meta es que los niños cuenten con tiempo adicional para fortalecer sus conocimientosen las asignaturas de difícil comprensión o para despertar el interés en el desarrollo de las habilidades artísticas, deportivas y digitales así como en el dominio del idioma inglés. También se contempla proveer a los estudiantes de una alimentación balanceada. “Se tiene la esperanza en la vocación de directores y maestros de las escuelas de todo el país, con dedicación y responsabilidad, se actualizan para ofrecer a sus alumnos el mejor aprendizaje posible”.

En síntesis, el autor propone para una educación en el siglo XXI dotar a los alumnos de las herramientas básicas para aprender y convertir a las escuelas en los motores de la transformación educativa. Transparentar de manera eficaz el gasto educativo. Los retos: en preescolar, la cobertura; en educación primaria y secundaria, las escuelas de tiempo completo.

Esta visión es congruente con las políticas en materia educativa de la actualidad. Salvo lo referente a la RIA, lo demás es darle continuidad a lo que se ha venido realizando. La diferencia estriba en que ahora explícitamente se hable de eficacia. Viene bien tener presente el movimiento de las escuelas eficaces que retroalimentarían estas ideas. Como un conjunto de ideas es un buen ejercicio, mas como programa de gobierno se queda corto y muy lejos de los requerimientos que demanda la sociedad actual, la sociedad del conocimiento.

 

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