África, una Triste Realidad

Africa no sólo es un continente olvidado, sino probablemente perdido. África es como la hija menor de una numerosa familia sumamente disfuncional, que absorbe los problemas de todo su entorno sin tener siquiera la más pequeña de las vías para desahogar todo ese cúmulo de problemas, penas y frustración; cuando por fin la hija es internada, la familia se pregunta ciegamente: ¿en qué habrá andado metida?

 

 

 

África ha sido violada y asesinada por prácticamente todo extranjero que ha osado posar sobre ella su planta. Los mismos prehispánicos de América Latina y sus descendientes sufrieron una esclavitud y conquista muchísimo menos brutal de lo que podía haberse supuesto, gracias a que los españoles podían suministrarse de africanos para realizar las labores más tortuosas. Y muchas otras colonias de muchas otras naciones alrededor de todo el mundo deben su no tan amarga fortuna a que la hija menor del mundo ha sabido soportar sin chistar todas las atrocidades cometidas en su contra.

África, desde que se tuvo conocimiento de su existencia, nunca ha sido respetada, sino que se convirtió en el vertedero del mundo a partir del instante en que entró a los anales de la historia. Un continente azotado por el peor rostro del ser humano.

Aunque África había sido condenada al más cruel de los destinos desde hace siglos, es la descolonización masiva, posterior a la Segunda Guerra Mundial, la que imprime para siempre sobre el continente la palabra perdida. Cuando las grandes naciones abandonan sus colonias africanas, so pretexto de humanidad e igualdad, dejándolas en aún una situación más profunda de miseria y desolación que cuando las gobernaban, los problemas del continente se multiplicaron casi al mismo ritmo que el crecimiento de su población.

Como prácticamente todas las regiones en proceso de descolonización, África ha sufrido, desde entonces, todo tipo de problemas relacionados con el abandono de sus antiguos amos, de los que, hasta la fecha, sigue dependiendo prácticamente en su totalidad. Las grandes potencias, desde siempre, pusieron especial atención en no dejar desarrollar ningún tipo de progreso al interior de las colonias; las estrategias para impedir la industrialización y desarrollo de éstas para mantener su dependencia cambiaron de las prohibiciones explícitas a la desestabilización política y económica de los nuevos estados.

Tanto Estados Unidos como Europa se han dedicado, desde la segunda mitad de siglo hasta la fecha, a suministrar armamento y a perpetuar los conflictos armados y la pobreza en beneficio de sus propios intereses. Y lo más triste es que no existen esfuerzos verdaderamente poderosos para cambiar la situación. Los estados responsables del asesinato, violación y devastación de sus excolonias no sienten el más mínimo sentido de responsabilidad de sus actos pasados y presentes. Primero, la justificación fue la Guerra Fría. Hoy día, cuando los estados no son más que meros sicarios de los grandes capitales, no se necesita más pretexto para seguir aterrorizando al continente que el de mantener el lujoso estilo de vida del mundo industrializado.

África es el crudo espejo donde se refleja la verdadera naturaleza humana. El claro ejemplo de la limitada memoria histórica del ser humano y, probablemente, uno de los factores que habrán de condenar para siempre al hombre. El continente africano, invariablemente, ha sido azotado desde entonces con tormentos que ni los siete círculos del infierno de Dante o el Libro del Apocalipsis son capaces de describir.

 

La situación africana se ha vuelto completamente insostenible. De la totalidad de conflictos armados en el mundo, alrededor de 70% se desarrollan en África;dentro del continente existen 9 millones de refugiados; las crisis alimentarias jamás han podido ser erradicadas y, hoy día, vuelven a recrudecerse; alrededor de 70% de la gente que vive con VIH/SIDA en el planeta habita en el continente africano; además es, sin duda, el continente más pobre y atrasado en todos los sentidos, principalmente en los sectores de salud y educación, que son la raíz de todos los problemas.<

África es patrón perfecto para determinar el paradigma que establece que el hombre no sólo es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sino que al final se la traga. La acumulación de tensión en África amenaza con explotar justo frente al rostro de la humanidad, que sigue sin atender su propia historia. Aterradores ejemplos han sido conocidos cuando la situación social se sale de control en las dimensiones en que está pasando en África. La masacre en la cárcel de Carandiru en Brasil nos recuerda que el exterminio de poblaciones enteras es una estrategia efectiva para acabar con grandes problemas sociales.

Aun cuando jamás ha sido aceptado oficialmente que la orden de masacrar a casi la completa población de la penitenciaría de Carandiru, se debió a una estrategia para enfrentar los grandes problemas ocasionados por el contagio del VIH, que ya afectaba a una nutrida mayoría, y al alto consumo de estupefacientes entre los reos, son muchos los testimonios que lo aseguran.

Habrá muchos que tilden de exagerado al autor del presente trabajo por siquiera mencionar que la humanidad estaría dispuesta a exterminar a un continente entero, sin embargo, la historia nos demuestra lo contrario, y hace falta apelar a cualquier justificación que amenace nuestro estilo de vida para cambiar nuestra forma de pensar y aceptar semejante decisión. Además, el ciudadano común está demasiado ocupado con sus propios problemas postmodernistas como para hacer algo por un mundo que está tan, tan lejos.

No hizo falta más que un par de avionazos y la muerte de un par de miles de personas para que, con la etiqueta de terrorista, se dejasen de respetar nuestros tan amados derechos humanos e, incluso, lo aceptásemos con tan buena cara.

África, desde hace ya tiempo, amenaza la seguridad del mundo industrializado y, lo más probable, es que no quede mucho tiempo antes de que se tome la decisión de aplicar una solución definitiva.

 

 

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