África: El Continente Olvidado. Noviembre-Diciembre 2012. Año 2. Núm. 16

01/11/2012

Estimado público lector:

Hoy por la mañana, antes de hacer cualquier otra cosa, busqué en mi celular la respuesta de un correo urgente de la oficina. Antes de salir de casa llené mi termo con un café bastante cargado, buscando un poco de energía extra para el día lleno de citas y reuniones. Por la tarde no pude resistirme a comer un trozo de chocolate de una calaverita (dulce de chocolate o azúcar con forma de cráneo) que compré en los Portales de Toluca. Todas estas acciones, tan simples y cotidianas para mí, y para tantos otros, tienen un común denominador: África.

De África provienen el coltan, que se utiliza en la elaboración de celulares, el café robusta y el cacao. Tres elementos sin los cuales la vida occidental, la vida mexicana, no sería lo mismo. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar de dónde viene todo aquello que tenemos a nuestro alcance. Mucho menos pensamos en las condiciones de vida de aquéllos cuyo trabajo provee al mundo de un líquido vital: el café.

África, el continente olvidado es el título que hemos elegido para este número de Pensamiento Libre. Los artículos de la sección de Derechos Humanos y Cooperación ponen en evidencia una serie de problemas estructurales, abusos, incluso omisiones, que han sufrido la mayoría de los países africanos. Con esto buscamos que África esté un poco más presente en la mente de nuestros lectores.

Con toda la información que encontrarán en estas páginas los invito a que hagan un análisis personal, a que reflexionen acerca de la sociedad del consumo en la que vivimos. Una sociedad en donde las marcas se muestran más importantes que las personas, tanto las que consumen como las que participan en los procesos de producción.

Cuando tomes una taza de café de 45 pesos o una taza de chocolate que te prepara tu abuelita, pregúntate qué porcentaje fue pagado a los agricultores. Cuando comentes en Twitter tu estado de ánimo, pregúntate cuántos niños fueron obligados a trabajar en las minas de coltan de la República Democrática del Congo.

No debemos mantenernos permanente y conscientemente ciegos ante las injusticias que nos rodean. ¿O sí? Ciertamente resulta más cómodo hacerlo.

 

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