La Fatiga de la Cooperación para el Desarrollo: Una Necesidad de Alternativas Contrahegemónicas

04/09/2012

Hoy en día, ante el panorama de una crisis financiera global, se observa que el modelo hegemónico se encuentra agotado y que sus políticas internacionales encaminadas a la cooperación y al desarrollo también se encuentran cuestionadas, principalmente, por su falta de resultados e incapacidad por parte de los Estados receptores de adecuar sus estructuras económicas y políticas al modelo hegemónico neoliberal. Este fenómeno es conocido como la crisis del desarrollo y se refiere a la fatiga de la cooperación para el desarrollo.

 

 

La fatiga de la cooperación para el desarrollo encuentra su origen en dos factores fundamentales. El primero se plasma en la reducción de las partidas que permiten la cooperación dentro de un contexto de deterioro en materia de desarrollo y un aumento de la marginación social, las desigualdades, la violación de derechos humanos y el deterioro ambiental. No obstante esta dramática situación, el núcleo de la crisis de la cooperación al desarrollo se encuentra en el ámbito de lo político y se expresa en dos formas complementarias: la creciente desconfianza en la cooperación en su conjunto, y la ausencia de políticas claras que permitan afrontar los retos para la apropiación y sustentabilidad del proyecto.

La ausencia de políticas claras se debe a que previo al establecimiento del Consenso de Washington1, la cooperación era concebida como la expresión de una voluntad de compromiso público con el desarrollo; sin embargo, a partir de la década de los 80 del siglo XX, el desarrollo se relacionó con las consecuencias del libre accionar de las fuerzas del mercado, basado en el paradigma neoliberal, según el cual el bienestar sería la consecuencia de la desregulación, la ampliación de los mercados y el desmantelamiento de las políticas públicas.

Otro factor de detrimento se encuentra en las críticas a los gobiernos de los países receptores de la misma, ya que se les hace responsables de los escasos resultados alcanzados.

De esta forma, la idea que representa las pocas metas cumplidas tras varias décadas de esfuerzos de cooperación y miles de millones de dólares invertidos ha terminado por expresarse en un creciente descontento social y en el subsecuente descenso de los recursos destinados a los proyectos de desarrollo, lo que hoy se entiende como la fatiga de la cooperación para el desarrollo.

Esta crisis de la cooperación para el desarrollo se refleja en la decreciente proporción de fondos destinados a la ayuda humanitaria en detrimento de aquéllos que antaño eran consagrados a la cooperación. Lo

anterior conlleva a una paradoja, ya que ante el incremento de la inseguridad humana, a la par del desmantelamiento de las políticas públicas encaminadas a generar bienestar, la reducción de recursos para el desarrollo es igualmente patente.

Frente al detrimento, así como la escasez de resultados de la cooperación internacional, existen alternativas contrahegemónicas que se expresan en formas de cooperación para el desarrollo, las cuales lejos de basarse en la estabilidad macroeconómica buscan incidir de forma directa en la vida diaria de las personas.

Un caso paradigmático de lo anterior es el de Portugal, en donde posterior a la dictadura que azotó al país de 1926 a 1974, en un contexto de reconstrucción política, surgió el Servicio Ambulante de Apoyo Local (SAAL), que redefinió la idea de derechos y condiciones de vivienda, creando el llamado derecho al lugar. Este programa fue lanzado en varias zonas urbanas por un sector del Estado que incluyó: arquitectos, ingenieros, juristas, estudiantes y, sobre todo, habitantes de barrios pobres o marginados que se organizaron en comunas locales, integrándose en un esfuerzo conjunto de definición y aplicación de nuevos derechos y nuevas condiciones de vida, centrados en la exigencia de una habitación decente.

Frente a esta coyuntura es necesario fortalecer los principios de la acción colectiva de la ciudadanía y buscar caminos de cooperación contrahegemónicos que partan del desarrollo como un proceso para facilitar la ampliación de las opciones de las personas para acceder a los recursos necesarios para un nivel de vida digno, antes que la estabilidad de los mercados financieros y los parámetros macroeconómicos que determinan la suerte de millones de personas sumidas en la pobreza y sin ninguna posibilidad de superarla.

1. Dicho Consenso, también llamado Agenda de Washington o simplemente Agenda Neoliberal, se refiere a los temas de ajuste estructural que formaron parte de los programas del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, entre otras instituciones, en la época de la reestructuración económica durante la crisis de los años 80 del siglo pasado.

 

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