Cooperación Sur-Sur: Las Nuevas Alianzas para la Cooperación al Desarrollo

03/09/2012

La cooperación sur-sur es un fenómeno que, a pesar de no ser nuevo, se ha definido como tal desde hace un par de décadas y hace referencia a las relaciones entre países y regiones de la misma zona; los modelos existentes se clasifican en cuatro grupos: América Latina, Asia, África y países árabes.

 

 

 

La constatación de la falta de efectividad que, en algunos campos como es el caso de la cooperación técnica, ha venido mostrando la cooperación convencional norte-sur, ha provocado que la cooperación entre países en desarrollo aparezca como una nueva vía de canalización de programas y proyectos para el desarrollo.

La ayuda al desarrollo aportada por los países del norte ha generado el debilitamiento de las capacidades internas de los países receptores, ya que la ayuda resulta una mera transferencia monetaria, de recursos humanos o de experiencias, olvidando transmitir al país beneficiario la capacidad de manejar y administrar, a niveles político, institucional, económico y social, los recursos otorgados.

La cooperación sur-sur (CSS) tiene uno de sus primeros brotes en 1954, año en el que Tailandia estableció relaciones de cooperación al desarrollo con otros países de la región del sudeste asiático. Durante los años 60, países como Corea, India o Singapur envían recursos a otros países en desarrollo, sin embargo, no es sino más tarde cuando, dentro del marco de las Naciones Unidas, se toma la decisión de crear un grupo de trabajo ad hoc para canalizar y promover las iniciativas de la CSS.

En 1974, durante el vigésimo noveno periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, nace la Unidad Especial de Cooperación Sur-Sur, dependencia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y en 1978 se celebra en Buenos Aires la Conferencia de Naciones Unidas sobre la Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo (CTPD), encargada de dar a conocer la CSS como una nueva opción dentro del paisaje de las acciones de cooperación al desarrollo.

Aun cuando la crisis económica de los años 80 trajo consigo la casi total paralización de las acciones de cooperación entre países en desarrollo, en la década siguiente recomenzaron los flujos de ayuda entre países de los bloques del sur. Es entonces, a la luz de mejoras económicas, que traen consigo el fortalecimiento de capacidades internas, cuando algunos países en desarrollo comienzan a percibirse ellos mismos como potenciales oferentes de ayuda para el desarrollo. Y, aun cuando el desarrollo de la CSS ha continuado desde entonces, la sensación de estancamiento entre los distintos actores es evidente, tal y como se demostró durante el Tercer Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda. En este encuentro, a pesar de las mejoras observadas en el ámbito de los principios de apropiación, armonización y alineamiento, se percibe la incapacidad de desvincular la ayuda, no estableciéndose un plazo límite para lograr una total desvinculación a los proyectos.

No cabe duda de que los intereses (geoestratégicos, económicos y empresariales) de los donantes ocupan aún el principal sitio, mientras que las capacidades y posibilidades de desarrollo de los países receptores siguen teniendo el segundo sitio.

Cabe destacar que la cooperación entre países del sur es muy importante, mientras se fortalezcan de cara al exterior, de cara al mundo globalizado, ayudando, por ejemplo, a eliminar las asimetrías del mercado internacional. No obstante, existen problemas para considerar que la cooperación sur-sur sea una alternativa definitiva de modelo de desarrollo. En primer lugar, porque los mismos actores latinoamericanos no logran ponerse de acuerdo en las líneas a seguir debido, en gran medida, a las distintas realidades económicas de cada Estado, los diversos intereses en juego y los diferentes grados de desarrollo alcanzados por cada sociedad.

En segundo lugar, es impensable la posibilidad de rehusar las donaciones de los países del norte, la cooperación norte-sur sigue siendo imprescindible. En ese sentido, cabe destacar como alternativa importante la cooperación triangular, ya que tiene en cuenta los criterios del pueblo latinoamericano (sus asimetrías, la necesidad de fortalecer sus instituciones públicas, eliminar las bolsas de pobreza, integrar a sectores como el de la mujer, etcétera) a través de la financiación del norte.

América Latina representa un terreno fértil para la cooperación sur-sur, pero la sistematización de las experiencias es aún incipiente. Se necesita un mayor esfuerzo institucional, capaz de aprovechar las ventajas comparativas de los países y que pueda responder a una demanda más articulada. Además, hay retos importantes con respecto a la sistematización, las buenas prácticas, los sistemas de evaluación y el crecimiento de los volúmenes de la cooperación horizontal. Cada región tiene problemas particulares, sin embargo, una larga gama de características coinciden y persisten entre las regiones.

Desde una perspectiva más general y crítica, en cuanto al concepto de desarrollo, se puede decir que el principal reto de la cooperación sur-sur es provocar un cambio fundamental en las estructuras tradicionales que rigen la cooperación al desarrollo a nivel mundial o, por el contrario, ser absorbida por el modelo de cooperación tradicional, cuyas pautas de funcionamiento, mecanismos de ejecución y agendas de actuación responden a las decisiones del norte, articuladas a través del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Muchas de la prácticas de la CSS están encaminadas a transformar el escenario actual de la cooperación y sustituirlo por un escenario multilateral, en el que también los países en desarrollo puedan participar en la toma de decisiones que van a influir en las políticas de ayuda destinadas a ellos mismos. En ese sentido, el Foro de Cooperación al Desarrollo del Consejo Económico y Social, de la Organización de las Naciones Unidas, debe convertirse en el escenario para la creación de un mecanismo de gobernanza global frente a la alternativa del CAD.

Este Foro representa un escenario multilateral donde todos los involucrados tienen la posibilidad de estar presentes y participar. Una mayor representatividad puede ayudar a devolverle a la cooperación al desarrollo la legitimidad que ha perdido y, a la vez, conseguir que la ayuda al desarrollo aumente realmente su efectividad.

 

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