Sudán y la Guerra por los Recursos

02/07/2012

En 2011 nació Sudán del Sur, escindiéndose de Sudán tras un referéndum acordado por el tratado de paz de 2005. Estas dos sociedades no pudieron coexistir más como un mismo país, ya que la supremacía árabe y la discriminación por parte del gobierno islamista (entre otros) hacia los cristianos, quienes viven principalmente en el sur, hacían la coexistencia inviable.

 

 

La independencia no ha sido fácil. El problema causado por el control del petróleo, que en su mayoría se encuentra en el sur, pero que es extraído por el lado de Sudán, no está resuelto. Aún hay zonas en disputa, donde no se ha podido siquiera determinar su frontera.
Al separarse, muchas personas que se consideran pertenecientes al país vecino se quedaron viviendo “en el lado equivocado de la frontera”. En varias zonas de Sudán siguen existiendo grupos rebeldes que luchan para que sus estados se adhieran al país del sur, manteniendo una feroz guerra contra el gobierno. Por su lado, el régimen de Sudán ataca indiscriminadamente los poblados donde considera que hay rebeldes, así como los recursos básicos de la población, entre ellos los suministros de agua. Al mismo tiempo, el históricamente discriminado Sudán del Sur sufre graves consecuencias por haber suspendido la extracción petrolera, fuente de su principal ingreso, dejando a gran parte de la población sin acceso al recurso vital indispensable.

 

CONTEXTO HISTÓRICO

En la época colonial, Reino Unido, a través de Egipto, gobernó Sudán en dos unidades administrativas diferentes, dividiendo el sur del norte. Esta separación incrementó las diferencias entre los sureños, quienes en su mayoría son de creencia cristiana, y los norteños, quienes son en su mayoría musulmanes. En 1955, un año antes de conseguir su independencia, estalló la guerra civil en el país. Esta sanguinaria guerra duró, con la excepción de aproximadamente una década de paz, hasta el año 2005, en el que se acordó la organización de un referéndum en el cual se votase por la independencia de las regiones del sur, consagrada en 2011. De esta manera Sudán del Sur se independizó.
La independencia creó esperanzas para resolver los perennes conflictos, tales como la discriminación contra los sureños por motivos étnicos, religiosos y políticos. Era evidente la persistencia de dos problemas inherentemente ligados: la enmarcación de la frontera en regiones disputadas y el control del
petróleo.

La mayoría de este oro negro (75%) se encuentra en el sur, sin embargo, la tubería necesaria para extraerlo pasa por el norte. Por lo tanto, es necesario que ambos países lleguen a un acuerdo para distribuir los recursos y territorios. Los líderes de ambos países, más conocidos por su aportación militar que política, no han podido resolver ninguno de los dos asuntos. Como consecuencia, Sudán del Sur ha suspendido toda extracción de crudo, la cual les proveía 95% del producto interno bruto (PIB) del país.

 

EL OBJETIVO ESTRATÉGICO: AGUA

Este acto, en conjunto con la falta de salarios adecuados a los funcionarios, un alto absoluto en el desarrollo de infraestructura y un aumento vertiginoso de los precios deja a muchas personas sin los recursos necesarios para sobrevivir. No cabe duda de que se está construyendo un pueblo cada vez más dependiente de la ayuda humanitaria. Las consecuencias son devastadoras.

Naciones Unidas estima que aproximadamente 4.7 millones de personas corren riesgo por la escasez alimentaria, una situación que el Programa Mundial de Alimentos considera que se está agravando. La diferencia en cuanto al acceso al agua entre Sudán y su vecino del sur es aterradora. Según la BBC, en los estados de Jartum, Río Nilo y Gezira, dos tercios de la población tienen acceso a agua potable y letrinas de pozo. En cambio en el sur, perforaciones y pozos desprotegidos son la principal fuente de agua. Menos de 20% de los sureños tienen acceso a un sistema de alcantarillado.

La suspensión de la extracción de petróleo ha generado la chispa necesaria para desatar lo que puede convertirse en una nueva guerra, que no tardará en tomar carácter internacional, poniendo al país bajo la supervisión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ya la organización ha enviado varios efectivos pertenecientes al cuerpo de Cascos Azules, no obstante el número de soldados enviados es vergonzoso.

El conflicto está activado por ambos lados de la frontera, especialmente en zonas donde se ubican los yacimientos de petróleo o donde pasa la tubería para su extracción. Hace un mes el ejército sureño atacó la zona petrolera de Heglig, hecho que ameritó la condena internacional, además de respuestas militares por parte de Sudán, causando un retroceso al proceso de independencia sureño.

La organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW) relata cómo los recientes combates de Heglig han desviado la atención de otro terrorífico conflicto en Sudán. La organización testifica la ejecución de bombardeos indiscriminados por parte de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) en los estados de Kordofán del Sur y Nilo Azul, donde el gobierno de Omar al-Bashir (contra quien la Corte Penal Internacional inició proceso por genocidio) está en un conflicto con Sudan People’s Liberation Movement- North, grupo aliado del gobierno de Sudán del Sur. Esto ha generado no sólo un desplazo de más de 25 mil refugiados que han huido al país vecino que cada vez está más empobrecido, sino que también ha desplazado a más de 300 mil personas dentro de Kordofán del Sur. Los investigadores de HRW, que en abril estuvieron en una misión en la zona, documentaron cómo las SAF atacan premeditadamente suministros de agua y zonas de cultivo indispensables para la supervivencia de las personas de la zona. Los habitantes de Kordofán del Sur se han visto obligados a huir a las montañas Nuba, al tiempo que su gobierno destroza sus viviendas y medios de supervivencia. Mientras tanto, los gobiernos de Kordofán del Sur y el Nilo Azul han bloqueado el acceso a organizaciones humanitarias en varias zonas.

En las zonas disputadas de Sudán del Sur el acceso al agua sigue siendo un derecho sin cumplir. Por un lado, se ve la administración del genocida al Bashir atacando deliberadamente suministros de agua como estrategia militar y, por el otro, se observa el resultado de décadas de discriminación y marginación por parte del gobierno de Jartum en Sudán del Sur.

 

 

 

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