Relaciones Internacionales y Nuevas Reflexiones: El Agua en el Conflicto Palestino-Israelí

02/07/2012

Buena parte de la teoría de las relaciones internacionales enmarca sus fundamentos en el estudio de los paradigmas. Los tres paradigmas clásicos, el realista, el transnacionalista y el estructuralista, dotan de practicidad a la expresión teórica que nace de un concepto. La conceptualización de la realidad ha aportado durante mucho tiempo las directrices necesarias para analizar y dirigir las políticas de la comunidad internacional y nos ayudaron a situarnos en el marco político, aportándonos la capacidad para entender las relaciones entre los distintos países.

 

Mientras la teoría realista ahonda en la importancia de los intereses económicos, la geopolítica y la seguridad nacional como premisas básicas de sus fundamentos, actualmente el derecho internacional público ha evolucionado al abordaje de cuestiones globales que diluyen, aún de manera tímida, el concepto de soberanía estatal de los Estados-Nación a favor de políticas de cooperación que pretenden generar atención a los derechos de la sociedad en su totalidad, más allá de los entes políticos que teóricamente rigen el funcionamiento de las mismas.

 

Las sociedades, por lo tanto, deben entenderse como un todo y un eje concreto sobre el qué actuar, con sus necesidades, sus reclamos, sus responsabilidades y sus obligaciones, ante un término cooperación que deberá superar al de conflicto o garantizar en el futuro la hermandad de los mismos sin connotaciones negativas.

 

Este avance hacia una política con carácter global ha mejorado al menos uno de los términos más sujetos a la definición de Estado: la seguridad. En este sentido ya no hablamos simplemente de seguridad entendida en términos militares, tal y como comprende el realismo en las relaciones internacionales, pues actualmente la incursión del sentido de cooperación en la materia ha abierto el espectro a nuevos campos de actuación que con anterioridad estaban acotados a la soberanía nacional. Por lo tanto, ahora la comunidad y sociedad internacional esgrimen con fuerza conceptos como la soberanía alimentaria o la soberanía sobre los recursos naturales.

 

Y el término conflicto se ha diluido mucho más que la tensión derivada entre Norte y Sur en una competencia, no armada, por la capacidad del desarrollo. Hoy día la soberanía por los recursos supone un caldo de cultivo de interés a estudiar por los conflictólogos. Porque, sí, ciertamente muchos conflictos por los recursos naturales son violentos.

 

Organizaciones como Acción Contra el Hambre alertan que anualmente unos 300 millones de personas se ven afectadas por epidemias, desastres o desplazamientos que requieren de agua como bien básico para sobrevivir. En este sentido, el agua se considera siempre una prioridad absoluta en situaciones de crisis humanitaria.

 

De igual modo el VI Foro Mundial del Agua, celebrado en Marsella el pasado mes de marzo, determinó que tan sólo 60% de la población mundial tiene acceso a agua potable. Debe destacarse en datos que el agua cubre 70% de la superficie del planeta pero tan sólo 3% es agua dulce. Con base en lo anterior, en el VI Foro Mundial se establecieron más de 100 compromisos en torno a posibles soluciones de carácter global en la temática de agua y que contaron con la participación activa de todos los actores que conforman la comunidad internacional, los cuales serán trasladados a la cumbre de Río + 20, que se celebrará el próximo junio y que vienen a expresar el compromiso adquirido hace dos años mediante las Naciones Unidas y que se refleja en el Derecho Humano Universal al agua.

 

A día de hoy hablar de agua es hacerlo, en muchas ocasiones, de conflictos. Desde los años 50 el consumo de agua mundial se ha disparado, en parte por el aumento considerable de la calidad de vida, pero también porque el crecimiento de la demanda no ha venido acompañado de una mejor gestión de los recursos hídricos. De aquí que en las relaciones internacionales se hable de crisis del agua, por ser un medio de coacción o ser el motivo de un conflicto.

 

Y tristemente la comunidad internacional aún está dando pasos en acuerdos internacionales que abarquen el compromiso global para la gestión compartida de un derecho que no entiende de fronteras.

 

En el conflicto palestino-israelí siempre ha estado presente el agua como uno de los actores principales. Quizás sea atrevido asegurar que el agua ha sido un motivo desencadenante del conflicto, pero sin duda ha sido un medio y un fin.

 

No es una región extensa, por lo que se podría contar con suficientes recursos hídricos si tuviéramos en cuenta la cuenca del río Jordán y los acuíferos subterráneos. Pero como todo, más allá de ser una región que no recibe precipitaciones de manera escalonada, el problema radica en la distribución desigual que se hace del recurso. Hay una gran diferencia si el consumidor proviene de Israel o es un palestino de los territorios ocupados.

 

La mayor parte del agua que consume Israel proviene de fuera de sus fronteras y no sólo se debe a un alto crecimiento demográfico sino también a la extensión de la agricultura como recurso productivo en el país. En este sentido se produce sin cesar una apropiación indebida del recurso hídrico por parte de Israel que no contempla la posibilidad de una gestión conjunta con la administración palestina. Y la apropiación unilateral a favor de los colonos israelíes que viven en los Territorios Palestinos Ocupados abarca no sólo el acceso al recurso sino también al consumo y su coste.

 

La política respecto al agua en el conflicto palestino-israelí responde a la fórmula clásica de la geopolítica. Se trata de una cuestión de soberanía y de pertenencia como instrumento a través del cual controlar bajo su premisa la política palestina.

 
EL AGUA PUEDE SER EN EL FUTURO NO EL MEDIO O EL FIN DE UN CONFLICTO, SI NO LA CAUSA. TAN FÁCIL COMO ENTENDER ESTO ES COMPRENDER QUE LA PAZ SIEMPRE DEPENDE DE LA VOLUNTAD POLÍTICA, DE SU REFLEJO EN LAS SOCIEDADES QUE MANEJAN Y DE LA CONSTRUCCIÓN DE NUEVOS PARADIGMAS QUE INTEGREN A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL EN UN TODO COOPERATIVO. EL ACCESO AL AGUA ES UN DERECHO FUNDAMENTAL, DE TRATADO VINCULANTE.
 

Los derechos fundamentales no están para ser gestionados, existen para ser cumplidos. Y entender el cumplimiento radica en un justo acceso a un recurso que es de todos. La sociedad civil global lo sabemos. No hay fronteras ni propietarios. Lástima de algunos políticos.

 

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo