La Guerra por Agua, más Cerca que Nunca

La globalización es, primero y antes que nada, un proceso tecnológico y social que consiste en la apropiación y control de los recursos y bienes a nivel planetario por parte de pequeños grupos e individuos.

 

 

 

Así, el problema de escasez y sobrepoblación ha hecho que los conflictos por el control de bienes y territorios se incrementen y sean cada vez más violentos y destructivos. La Tierra tiembla a causa de una posible guerra por el control de los yacimientos del Mar Caspio, cada vez que Israel o Irán emiten cualquier tipo de declaración. La tensión entre los bloques de países competidores por esta zona aumenta día tras día y la amenaza de una tercera guerra a nivel planetario dista mucho de ser ficción.

No obstante, individuos e instituciones afirman que aún existe una amenaza mayor que las guerras por petróleo o tierras.

Es la escasez de agua potable un problema más urgente que ningún otro. El consumo de este bien aumenta dos veces más rápido que la población mundial y todo parece indicar que se ha alcanzado el límite de explotación del recurso. La crisis del petróleo tiene todavía la posibilidad de no ser más que una transición grotesca y dolorosa del aprovechamiento de recursos alternativos. El agua, por otro lado, es un recurso indispensable e irreemplazable.

Es menester absoluto encontrar maneras mucho más eficientes de aprovechar el agua potable existente, pues los conflictos por este recurso son más recurrentes, su escasez mayor y la intensidad de violencia aumentará conforme la necesidad lo exija.

Se afirma que el agua potable del planeta equivale a 2.5% del total de agua, sin embargo, gran cantidad de ese porcentaje se encuentra inaccesible en glaciales. Además, países como China, Pakistán y Egipto ya enfrentan grandes crisis debido a la escasez de agua. Al final, el recurso de la violencia para preservar la propia existencia siempre ha sido altamente legitimado por la raza humana.

Actualmente, 20% de la población mundial carece de la cantidad necesaria de agua para subsistir y cocinar y 40% de la población mundial carece de agua suficiente para cubrir sus necesidades de saneamiento básicas.

Por otro lado, muchos son los ejemplos que la historia describe acerca del control de los suministros de agua como medio de violencia y presión. Aun cuando se tienen registros de la utilización del agua como medio de violencia desde hace algunos miles de años, los ejemplos más álgidos suceden durante el siglo XX y en nuestros días.

Durante la II Guerra Mundial la Fuerza Aérea Británica tuvo como uno de sus principales objetivos militares los suministros de agua alemanes; este tipo de episodios se repetirá incontables veces durante la guerra como una estrategia militar sistemática de ambos lados; Estados Unidos se presta también como un gran ejemplo de cómo ejercer violencia y presión mediante el control o destrucción de los suministros de agua potable en tantos conflictos como ha participado; y, desde luego, sería imposible dejar de lado el más paradigmático de los ejemplos, el conflicto en Medio Oriente.

Los ataques de Israel a suministros y afluentes en prácticamente todo el Oriente Medio, sin olvidar el monopólico control que ejerce la nación sionista sobre el bien en prácticamente toda la zona, puede ser un escenario muy próximo a la situación y conflictos que se gestan a escala mundial.

A pesar de que cada ejemplo es sumamente alarmante, desde la creciente popularidad de los suministros de agua como objetivos de ataques terroristas, hasta el control absoluto del bien en zonas geopolíticas del más alto rango, la atención no se debe desviar del problema de escasez y el aprovechamiento radicalmente más responsable.

El problema de escasez de agua ha adquirido proporciones globales, poniendo en alerta a los países desarrollados ante la carencia del recurso para un gran número de los habitantes del orbe.

La situación en China, donde el acceso al agua es de 1/5 per cápita del total del agua disponible, comienza a ser sujeto de la agenda de seguridad nacional de algunos países desarrollados, poniendo en evidencia la inseguridad general y la amenaza que constituye el problema.

Pakistán es otro de los países que representan un alto riesgo para la paz y estabilidad mundial a causa de sus grandes problemas de suministro de agua, a los que se le aúnan problemas de inestabilidad política, sobrepoblación, sospecha de albergar terroristas con poder nuclear, etc., lo que provoca sentimientos de desconfianza hacia la nación. Asimismo, Pakistán es una de las naciones que más han sido afectadas por el cambio climático generado por el calentamiento global; se calcula que Pakistán ha perdido casi un tercio de sus suministros de agua debido al derretimiento de los polos, lo que pone al país en una situación sumamente precaria y provoca una alta interdependencia a fuentes externas para satisfacer su demanda. Además, para cerrar con broche de oro, significativas presas y afluentes al interior del país están controlados por grupos radicales terroristas, lo que provoca la ausencia de un control eficiente de los recursos disponibles.

El problema de escases de agua potable debería estar adscrito a todas las agendas nacionales e internacionales de todos los países. La amenaza de conflictos armados, violencia y represión se hace cada vez más patente y aterradora. Al día de hoy son varios los países y sociedades que viven el apocalipsis a causa de la carencia del líquido vital; conforme transcurre el tiempo estos problemas y sus consecuencias se agudizan, intensifican y expanden; y cada vez más los problemas que aquejan a ciertos individuos en determinado lugar del mundo afectan al resto de la población mundial, siendo un factor más poderoso de interconexión global que la tecnología o los medios de comunicación; un verdadero factor de globalización.

No queda ninguna duda de que el uso y aprovechamiento del agua debe ser muchísimo más eficiente y responsable, no sólo a nivel individual o nacional, sino mediante proyectos planetarios que involucren a cada individuo y estado en un esfuerzo común. El tiempo apremia, empero, parece que la conciencia colectiva mundial es incapaz de darse cuenta de la amenaza que ya comienza a causar graves estragos.

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