Un Documental ¡De Panzazo!



Recientemente se estrenó el documental ¡De panzazo! con la exhibición de 210 copias en salas de cine de las principales ciudades de todo el país. El filme cuenta con un importante esfuerzo económico de las empresas que lo patrocinan (agrupadas en la asociación Mexicanos Primero), que no responde a una lógica propiamente comercial, al menos no en el corto plazo.

Ya antes, la tesis central que contiene el documental había sido difundida en algunas presentaciones privadas, en una versión corta en la cadena Cinépolis y a través de las redes sociales. Con poca sofisticación argumentativa, buena realización cinematográfica y una ausencia de método científico social, la principal tesis del documental se reduce, simplemente, a que la responsabilidad de la “mala calidad” educativa en el país es de los maestros, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y su dirigente nacional, la maestra Elba Esther Gordillo.

Es una tesis que ni siquiera la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), responsable de las pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), sostiene, pero que es el leitmotiv de los realizadores del documental ¡De panzazo! Por eso el guión es más político que pedagógico, y más ideológico que programático.

El documental es un llamado a la acción política, no una propuesta educativa. Por eso el actor principal, Carlos Loret de Mola, ha declarado: “No hemos tenido un presidente (de la República) con los suficientes pantalones como para ponerle un alto” a la líder del SNTE (Caras, febrero 2012). Sin embargo, si dejamos a un lado los prejuicios, estereotipos e intereses políticos de los productores del documental, debemos reconocer el impacto mediático positivo que tiene la exhibición de ¡De panzazo! Contribuirá, probablemente, a elevar la conciencia sobre el estado que guarda la educación en México. Pero sólo eso.

Sólo eso, porque difícilmente podremos extraer lecciones útiles de ¡De panzazo! para una política pública educativa. Sin embargo, el documental sí debería llevar a que se revise la gran cantidad de análisis serios sobre la educación de México que hoy en día se hacen en el país y en el mundo (por parte de la propia OCDE; la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco; el Banco Mundial, BM; la Fundación Bill y Melinda Gates, entre otros muchos organismos e instituciones). Y de este enorme y constante esfuerzo intelectual y académico, la conclusión que puede extraerse es muy distinta a la del documental ¡De panzazo!.

Si lo que se busca es una fórmula que explique una realidad muy compleja, es mejor mirar el contexto más amplio en el que se inscribe la educación en México. Se tendría que considerar, para empezar, la historia de la política macroeconómica y la política social de los últimos 30 años, por lo menos. Pero sin ir tan lejos, ya la teoría y la práctica educativa mundial tienen en el término capital social, un marco conceptual para hacer una evaluación más objetiva e integral de la educación (OCDE, Education Ministerial Meeting, Investing in Human and Social Capital: New Challenges, París, 4 y 5 de noviembre, 2010). El capital social es medible, tangible, lo que permite diseñar políticas públicas para elevar la calidad de la educación; es un esquema teórico mucho más sofisticado que las fórmulas que se utilizan sólo para descalificar a los maestros.

La escuela por sí sola es una institución limitada para modificar las condiciones socioeconómicas de un país; más bien, sus características particulares son el resultado, a su vez, de dicho contexto social y económico. Las políticas públicas exitosas en la educación (Eduardo Andere, Finlandia: el éxito en pisa) no están basadas en la simple transferencia de “best practices” al salón de clases y al trabajo de los maestros. Implican un compromiso social más amplio con las escuelas y también con la educación.

Por ello, para evaluar el estado de la educación en un momento dado, habría que estudiar las cantidades y tipo de gasto público, la inversión en infraestructura, tecnología y capital humano, así como la política de crecimiento y empleo que se ha llevado a cabo en un largo periodo histórico en el país.

Si los patrocinadores del documental ¡De panzazo! quieren abrir una reflexión amplia sobre la educación en el país, habría que preguntarles: ¿con qué están dispuestos a contribuir en un verdadero esfuerzo nacional por mejorar la calidad educativa? Porque si no, se trata sólo de un afán personal… presionar a los maestros y denostar a su sindicato, entonces tendrían que analizar temas de política fiscal redistributiva, política social equitativa, y política de comunicación y entretenimiento. Sólo al incluir estos aspectos más amplios en la discusión se puede hacer una revisión objetiva e integral del estado que guarda la educación en México.

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