Estigma y Transmigración

01/05/2012

La clausura de la casa del migrante en San Luis Potosí el año pasado causó controversia en algunos medios de comunicación que dieron la noticia con poca referencia de lo que significan los procesos de migración (Gutiérrez, 2011; Torres, 2011; Ochoa, 2011). Sin duda, explicaciones hubo muchas, desde las versiones oficiales hasta las inferencias ciudadanas y analíticas. 

 

 

Con respecto a la casa del migrante, doy fe de las buenas intenciones de los voluntarios que han prestado sus servicios antes del cierre, al atender en la medida de sus posibilidades a los viajeros. Incluso, la clausura no omitió la labor social ya que se formaron brigadas para llevar alimentos, ropa y auxilio médico en los lugares de paso, cerca de las vías del tren. Sin embargo, el cierre condujo a un proceso complejo entre la ciudadanía y los transmigrantes que es menester reflexionar.

El cierre de la casa del migrante no aumentó el tránsito de los centroamericanos por San Luis Potosí, como indican algunas fuentes (s/a, 2011b). Se debe entender que a pesar de las redes de solidaridad (casas o alberges) no todos los migrantes se alojan necesariamente por estos espacios. Hay una gran brecha entre los migrantes que pasan por las casas o albergues y aquéllos que deciden viajar gracias al concurso
de las redes de tráfico que bajo sus servicios ofrecen “paquetes” completos por su trabajo. Lo que sí hay que entender es que la clausura afectó a un tipo de migrante que no viaja con las mismas condiciones de otros dada la precariedad económica. También hay que entender que el cese de la casa no aumentó el paso de los centroamericanos por el estado, en todo caso, lo que ocurrió, es que visualizó la presencia de
los transmigrantes en lugares determinados. En otras palabras, lo que se observa en lo público es la presencia del mismo flujo de migrantes que pasaba, en todo caso, por el albergue. Mientras, el otro menos precario continuó transitando por la clandestinidad gracias al concurso de las redes de tráfico.

Los medios de comunicación dejaron al descubierto la manera de proceder de la sociedad con respecto a los migrantes, que son vistos, incluso, como un factor de riesgo (Gutiérrez, 2011). Vale la pena entender que en este proceso se construye el estigma frente a los transmigrantes centroamericanos y en el fondo se visualiza una sociedad con tintes excluyentes. Los centroamericanos son marginados frente a una sociedad establecida en su territorio, ya que en lo subjetivo los locales o residentes se confrontan frente a los demás como si fueran ciudadanos superiores. Como señala Norbert Elías: “Las sociedades tienen a su disposición toda una gama de expresiones para estigmatizar a otros grupos, que adquieren su sentido como tales solamente en el contexto de relaciones específicas de establecidos y marginados” (Elías, 1998, p. 96).

Los planteamientos de Elías permiten ver cómo existe una disputa simbólica entre los propios (los establecidos) y los extraños (los de fuera). A su vez, ayuda a comprender cómo en esta relación ambos se subordinan a relaciones de poder al estigmatizarse mutuamente. Como cita Gina Zablodowsky, al seguir a Bauman: “lo foráneo es producto de la oposición imaginaria que un grupo necesita para tener identidad, cohesión, solidaridad interna y seguridad emocional” (Zablodowsky, 2007, p. 150). En este sentido, los primeros tienen un grado de cohesión más fuerte ya que el tejido social es más próximo que en aquéllos que van de paso, cuyo tejido social es endeble. Aún más, este tejido se estrecha fuertemente cuando en su territorio encuentran personas que no son sus iguales:

La exclusión y la estigmatización que el grupo de los establecidos promueven y ejercen hacía los de “afuera” se convierten en recursos sociales poderosos que permiten a los primeros mantener su identidad, preservar su supuesta superioridad y reducir el ámbito de acción espacial y política de los que no pertenecen a su grupo. (Zablodowsky, 2007, p. 54)

En San Luis Potosí la sociedad ha mantenido por generaciones una habituación social que al momento de visualizar en los espacios públicos sujetos “diferentes”, genera un sentido de apropiación del territorio: un “nosotros”. Como indica el mismo Elías: “Los antiguos habitantes se veían a sí mismos como un grupo cerrado al que se referían en términos de nosotros, mientras los migrantes nuevos, de quienes hablaban como de ellos y a quienes mantenían a distancia conscientemente, eran vistos como un grupo de intrusos” (Elías, 1998, p. 116). Es decir, en su paso por el territorio, los transmigrantes generan un proceso de diferenciación social solamente porque en los imaginarios colectivos son vistos como foráneos, incluso: “infractores, intrusos y sin derechos de pertenencia” (Zablodowsky, 2007, p. 156).

Esta pertenencia no sólo contiene tintes espaciales, es decir, del territorio; también, hay consecuencias morales, ya que las sociedades de residencia construyen su imaginario sobre lo sano, lo perfecto o lo puro, contrariamente a los que van de paso, que son vistos anómicamente y como portadores de un mal en sus cuerpos:

Los marginados son percibidos, al igual que en cualquier parte, como anómicos tanto colectiva como individualmente. El contacto estrecho con ellos suscita sensaciones desagradables. Pone en peligro la defensa elevada dentro del grupo establecido contra infracciones de normas y tabúes comunes, de cuya observación depende la posición de cada miembro entre sus compañeros de grupo, al igual que su autoestima, orgullo e identidad como miembro del grupo superior. (Elías, 1998, p. 94)

En este proceso dialéctico de diferenciación social, hay sociedades que se suponen como superiores al temer ante lo externo y concebir la otredad como entes contaminados. En este sentido, cuando se cerró la casa del migrante y se comenzaron a visualizar a estos “infractores de la ley, del orden y la moral”, al transitar de un lugar privado y reservado (casas y albergues) a los ámbitos públicos (las vías de los trenes, los
cruceros, las calles y las esquinas), se supuso la ruptura del margen restrictivo que sobreguarda lo moral. De ahí, las intenciones de volver a construir un espacio idóneo para su tránsito, al margen de la sociedad, en un lugar restringido para su seguridad (s/a, 2011c).

La iniciativa de un proyecto para la atención de los migrantes (s/a, 2011a; Rodríguez, 2011), volverá a situarlos en el ámbito de lo privado, a los espacios reservados para ellos y evitar el roce con la sociedad, donde son vistos como “sucios y apenas humanos” (Elías, 1994, p. 100), al generar sobre ellos narrativas (“chismes”, llama Elías) que configuran su imagen en una situación relacional (ciudadanos-migrantes) (Elías, 1994, p. 130). Estos aspectos, basados en el imaginario colectivo, parecen ser parte de una cultura de abuso extendida a lo largo del tejido social interno, ya que a la par de las expresiones de solidaridad y la ayuda humanitaria se contrapone su correlato inhumano objetivado no sólo en las narrativas, también en los distintos niveles de violencia que van desde los abusos y robos en las pequeñas localidades hasta los más altos niveles de violencia, como el secuestro y los asesinatos.

Esta violencia simbólica que invisibiliza, daña y estigmatiza al centroamericano también tiene consecuencias para los locales. La categorías, supone al indocumentado como un individuo expuesto y violentable. De lo que no nos hemos dado cuenta es que esto tiene un efecto boomerang; es decir, daña el tejido social interno. Usando la metáfora de Franz Hinkelammert, es cortar la rama del árbol sobre el cual estamos sentados, y “quien corta la rama, no ha hecho más consideraciones al respecto, por ejemplo, no ha incluido en su razonamiento si es que la cortará con implementos de seguridad o si se encuentra sentado sobre ella” (Molina, 2006, p. 98).

La sociedad no concibe las consecuencias sociales que implica dañar el tejido social que enmarca la presencia de la transmigración. Se necesita un programa de apoyo más amplio a las redes de ayuda humanitaria, sobre todo se necesita modificar el imaginario colectivo en torno a los procesos de migración y sobre la figura misma del migrante, lejos del estigma y la xenofobia. Y así generar un proyecto de atención relacional, es decir, entre la ciudadanía y los migrantes que conlleve a una ética del bien común en donde no se corte la rama sobre la cual estamos sentados, el tejido social que hilvana a la sociedad más allá de sus lugares de residencia.

Fuentes consultadas

Elías, Norbert (1998). La sociedad de los padres y otros ensayos. Colombia: Norma/EUN Editorial Universidad Nacional.
Gutiérrez, Carlos J. (2011, 11 de julio). “Cerrarán casa de la caridad”. Pulso. Recuperado de http://www.pulsoslp.com.mx/Noticias.aspx?Nota=31304
Gutiérrez, Alma (2011, 20 de julio). “Migrantes, foco de riesgo en SLP”. Pulso. Recuperado de http://www.pulsoslp.com.mx/Noticias.aspx?Nota=33570
Molina Velázquez, Carlos Ernesto (2006). “El sujeto viviente y la ética del bien común. El pensamiento ético de Franz J. Hinkelammert”. Tesis de Doctorado, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El
Salvador.
Ochoa, Adriana (2011, 16 de julio). “Cierran Casa del Migrante en SLP”. El Universal. Recuperado de http://www.eluniversal.mx/estados/81215.html
Rodríguez, Martín (2011, 25 de julio). “La ciudad debe ser casa para los migrantes”. Pulso. Recuperado de http://www.pulsoslp.com.mx/Noticias.aspx?Nota=34735
S/a (2011a, 9 de octubre). “Abrirán nueva casa del migrante dentro de un mes”. Express. Recuperado de http://www.elexpres.com/noticias/news-display.php?story_id=20441
S/a (2011b, 20 de septiembre). “Aseguran en promedio 320 indocumentados en SLP cada mes”. sdpNoticias.com. Recuperado de http://sdpnoticias.com/nota/180927/Aseguran_en_promedio_320_indocumentados_en_SLP_cada_mes
S/a (2011c, 6 de octubre). “Necesaria casa del migrante institucional en SLP”. sdpNoticas.com. Recuperado de http://sdpnoticias.com/nota/196029/Necesaria_Casa_del_Migrante_institucional_en_SLP
Torres, Lucía (2011, 16 de julio). “Cierran casa de la caridad”. Pulso. Recuperado de http://www.pulsoslp.com.mx/Noticias.aspx?Nota=32545
Zablodowsky, Gina (2007). Norbert Elías y los problemas actuales de la sociología. México: FCE.

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