Apocalípsis Ambiental

No heredamos el mundo de nuestros padres, sino que lo tomamos prestado de nuestros hijos.
 A. Exupéry La división internacional de trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. E. Galeano Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez. Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva, La Paz Debemos reanudar nuestro diálogo con la naturaleza. Octavio Paz

 

Probablemente si el presente artículo perorara la amenaza ambiental que se cierne sobre nuestras cabezas como el fin del mundo, más de uno lo tildaría de insensato. Sin embargo, con mayor frecuencia se encuentran referencias de grandes producciones fílmicas y novelas que pronostican la debacle humana por causas ambientales y las tan temidas guerras por los recursos naturales. No es la bala lo que mata, sino el agujero.

Desde luego la gente no corre de un lado a otro por la inminente llegada del fin del mundo, ya que el extremo individualismo que la sociedad ha sido capaz de desarrollar la ha cegado, y no le permite más discernir la relación entre el yo y el nosotros. Si la gente no corre de un lado a otro es porque no sabe la situación de extrema penuria que sus hijos o sus nietos habrán de enfrentar; que la raza humana habrá de sufrir por ser incapaz de haber guardado el equilibrio. O bien, la gente no corre porque ya no le importa, lo cual nos condenaría al más atroz de los fines. ¿Ignorancia o indiferencia?

Triste igualmente es el encontrar aquellas opiniones ciegas que minimizan todos los problemas; aquellas fes crédulas que esperan el milagro tecnológico que resuelva de un momento a otro todos los problemas sociales; al idiota que consume por consumir; y que en su totalidad no son más que justificaciones para poder seguir beneficiándose mediante el perjurio de otros.

Los datos e información arrojada durante décadas por miles de organizaciones, actores, gobiernos, etcétera, sobre el deterioro ambiental son aterradoramente claras. A unos cuantos días de la Cumbre Río + 20, 96% de las necesidades energéticas quedan satisfechas por la combustión de carburantes fósiles, como carbón, petróleo y gas natural que representan la energía química almacenada biológicamente durante el largo pasado de la Tierra. Cuando estas fuentes se hayan agotado, el hombre deberá buscar cada vez con mayor dedicación los carburantes nucleares (fusión nuclear y fisión nuclear), la energía de gravitación en las mareas y la energía solar. La utilidad de la energía se manifiesta en que, gracias a ella, el ser humano puede realizar procesos y trabajos que le garanticen la supervivencia a la cabeza de las otras especies animales, la comodidad y el dominio que ha venido ejerciendo sobre el medio natural. Aunque lo más probable es que no habrá para todos.

Sin duda es el petróleo el recurso más utilizado para obtener la energía, incluso algunos indicadores toman la cantidad de petróleo consumida por una nación para determinar el grado de desarrollo1.

Estos combustibles causan contaminación tanto al usarlos como al producirlos y transportarlos. Uno de los problemas más estudiados en la actualidad es el que surge de la inmensa cantidad de CO2 que se emite a la atmósfera al quemar los combustibles fósiles. Este gas tiene un importante efecto invernadero y se podría estar provocando un calentamiento global de todo el planeta con cambios en el clima con resultados catastróficos. Otro impacto negativo asociado a la quema de petróleo y gas natural es la lluvia ácida, en este caso no tanto por la producción de óxidos de azufre, como en el caso del carbón, sino por la producción de óxidos de nitrógeno. Los daños derivados de la producción y el transporte se producen sobre todo por los vertidos de petróleo, accidentales o no, y por el trabajo en las refinerías.

La emisión en 1995 de CO2 de los más grandes países emisores presenta un claro panorama de la situación actual. Son tan sólo 20 países los que emiten 79.8% y 5 países, 53.64% del total mundial de las emisiones de CO2, deben de ser también 20 países por los que se explotan materias primas de todo el mundo en igual proporción, que queda de la siguiente manera:

En términos absolutos:
1. U.S.A. 23.3% del total mundial de CO2
2. China 12.96%
3. Rusia 7.28%
4. Japón 5.30%
5. Alemania 4.5%

Todos estos problemas son a causa de la generación de externalidades, que en lo local son generadas por las empresas y el consumo de sus productos, pero en realidad el problema no es local, sino mundial. Es apenas un puñado de cinco países quienes consumen y producen la energía de todo el mundo. Las externalidades que se deben combatir son las externalidades sociales, pues sólo así podrá atacarse un problema mundial.

Este puñado de países cree que la tecnología vendrá a cubrir la inmensa externalidad que crea el consumo, explotación y producción de sus respectivas sociedades, pero hasta ahora la reducción en el deterioro ambiental ni siquiera se acerca un poco a la degradación que provocan.

Estas sociedades basan sus sistemas de producción y mercado en una óptica tecnocentrista, determinando que la relación que existe entre el medio ambiente y la tecnología es benigna. Y apuesta a que la liberalización del mercado eliminará todas sus fallas.

Pero la principal falla del mercado local es la gran desigualdad mundial, que mantiene a los países ricos explotando a precios módicos los recursos naturales y vendiendo productos acabados a altos precios (con iguales costos altos para el medio ambiente).

Para combatir la falla de mercado de la externalidad de las grandes sociedades consumidoras, son éstas las que deben asumir los costos, es decir, establecer la responsabilidad social o ambiental de los Estados. Pero para lograr esto ya no son suficientes los incentivos económicos, los Estados deben tomar conciencia y establecer limitantes contractuales que establezcan obligaciones a los productores y consumidores, incluso empezar a pensar en reducir la producción anual. Es menester imperante que estos mismos Estados inviertan de manera brutal en el desarrollo de otras sociedades y sus mercados para, de manera gradual, disminuir o erradicar los oligopolios internacionales, perenne falla del sistema de mercado internacional.

Ya que las externalidades son generadas, tanto por el gobierno, como por los productores y consumidores, las regulaciones e incentivos a nivel local deben aumentar de manera sustancial, sobre todo a los grandes capitales privados, que por lo general son los que más contribuyen a las externalidades sociales.

El mercado internacional es la mayor falla de mercado local, ya que es un mercado oligopólico, y la explotación y venta de recursos naturales no renovables que no tienen un valor real de los países subdesarrollados, por productos elaborados de mayor precio pero menor valor empobrece cualquier mercado interno. Sólo los grandes mercados seguirán enriqueciéndose con el sistema de mercado internacional.

Algunos estados ya han tomado medidas para internalizar las externalidades mediante instrumentos económicos como impuestos ambientales, permisos comercializables, cargos por emisión, sistema de depósito, reembolso, etcétera. El incentivo para valorar lo que parecía inagotable fue la visión del inminente problema de contaminación y escasez de recursos.

Pero para la sociedad global estos instrumentos económicos no sirven de nada. Las grandes sociedades consumidoras siguen desarrollándose mientras el resto del mundo es afectado por las voluminosas emisiones de las primeras. Se necesita pagar las externalidades sociales mediante sistemas internacionales; pactos entre naciones para eliminar las fallas del sistema de mercado mundial.

Para poder superar la crisis energética, que desde luego apenas ha empezado, será menester la flexibilidad política estabilizadora para bajar, durante un tiempo, los impuestos del petróleo e implementar políticas que incentiven el menor uso de energía fósil y grandes subsidios al desarrollo de energías alternativas o renovables.

Será menester también incentivar ampliamente en el sector privado el uso de energías alternativas, pues cuando se acaben los recursos no renovables habrá tantos problemas que muy poco nos quedará para desarrollar energías alternativas o renovables.

Es éste el momento preciso para pensar en desarrollar la tecnología para aprovechar las fuentes de energía renovable; mucha de dicha tecnología necesita del uso de la energía no renovable para su construcción o desarrollo.

Aunque el impacto de producción y consumo humano en el medio ambiente ha activado las alarmas no todos las escuchan. El medio ambiente se ve afectado negativamente mediante casi toda la actividad humana y el sistema económico debe de distribuir los recursos de manera eficiente para reducir el impacto.

Cuando se habla de problemas ambientales no se hace referencia solamente a la afectación física, biológica o ecológica, sino al impacto que resulta para las personas y su medio social. Por lo tanto, los problemas ambientales son de carácter ético, social, político y tecnológico. Es por ello que la solución puede encontrarse en una mejor y más eficiente distribución de los recursos y en la modificación sistemática de la conciencia social.

1 En nuestro país, del total de energía generada en 1993, 64% tuvo su origen en los hidrocarburos; 21% en la hidroeléctrica; 7% derivó del carbón; 5% de la geotermia y 3% del uranio. La participación de Petróleos Mexicanos (PEMEX) al producto interno bruto para 1993 fue superior a 6%; respecto de la balanza comercial, contribuyó aproximadamente con 30% y en relación con los ingresos fiscales aportó 25%. Consultar www.pemex.com/index.cfm?action=content&sectionID=8&catID=40&subcatID=540 – 38k -.

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