Migración, Educación y Finanzas

01/09/2011

 

La participación de los padres en la educación de sus hijos es un factor decisivo en su nivel de aprendizaje y éxito en la escuela. En este sentido, resulta indispensable para la formación integral de los menores que las matemáticas, la lectura, la redacción y otras asignaturas de primaria sean complementadas con habilidades igualmente esenciales para ser competitivo dentro de nuestra sociedad. Éstas pueden ser temas tan sencillos como cuidar la salud y una buena administración de ingresos y recursos propios. Aunque estas capacidades se aprenden mayoritariamente en la casa, con el ejemplo de los padres, debemos resaltar que no son acciones automáticas ni universales. Al contrario, estas lecciones que se trasmiten de los padres a los hijos son temas personales que dependen de la cultura y las costumbres de cada familia.

 

El manejo de las finanzas personales es una destreza central de la vida que está relacionada con todas nuestras necesidades básicas como seres humanos. Un pequeño ahorro nos puede rescatar de una emergencia o ayudarnos con gastos inesperados y rara vez planeados. Por ende, tener una planeación del presupuesto familiar puede ayudar a avanzar poco a poco hacia un objetivo planteado, aunque el ingreso sea mínimo. Diariamente vemos que el dinero apoya muchos aspectos de nuestras vidas, de ahí la necesidad de que los niños reciban aprendizajes sobre la administración de los recursos desde muy temprana edad.

 

De aquí se deriva la pregunta sobre ¿cómo puede capacitarse a los padres que nunca tuvieron acceso al nivel de educación que quieren para sus hijos?

 

En 2009 tuve la oportunidad de conocer a los padres de familia de cinco escuelas primarias del estado de Puebla. Participé como una de las coordinadoras de un programa de capacitación en educación financiera para padres de familia en comunidades con alta tasa de migración hacia los Estados Unidos. En estas comunidades, como en muchas otras, el tema del manejo de las finanzas es aún más importante por la gran cantidad de remesas que reciben de familiares en el exterior. Aquí pareciera más urgente que este dinero, ganado a través de tanto sacrificio por parte del migrante y su familia, fuera destinado a proyectos productivos que elevaran la calidad de vida de la familia. Sin embargo, no siempre encontramos esa respuesta.

 

Después de tratar el tema de la educación financiera con varios directores de primaria en la zona, el programa llegó a aquellas escuelas en las cuales el director demostró su apoyo para la causa e invitó a los capacitadores a dar el taller. Así, llegamos a la primera escuela en Puebla, con un sol que estaba muy fuerte, tras horas en la carretera y muchas consultas para poder encontrar el camino. Finalmente llegamos y de nuestra camioneta descargamos playeras, fotocopias, café y galletas. Mientras tanto, todo a nuestro alrededor se sintió más fuerte que en la ciudad de México, con colores más intensos: el sol, el calor, la luz, la altura, el viento, el polvo. Siendo yo la representante del proyecto, y la única persona que ya conocía a los directores de la escuela, entré en el jardín de recreo vistiendo una enorme playera blanca que anunciaba el título financiero del proyecto.

 

“Buenos días”, dije entusiasmada. “Venimos a dar el taller sobre finanzas personales”. Silencio. “Quedamos con la maestra Silvia que íbamos a dar el taller hoy a los padres de familia”. Tras el velo de nerviosismo encontramos una respuesta. “Ah, sí, ustedes son los del taller. Claro que sí, ya están todos reunidos”, me dijo la maestra y me llevó a un salón de clases lleno de adultos. Por un momento me entró nuevamente pánico porque la sesión estaba agendada hasta una hora más tarde. “Es que si no convocamos a los papás a esta hora se van a sus casas”, me dijo la maestra.


Los padres de familia (en realidad la mayoría eran madres de familia) estaban sentados en un salón de clases con caras de duda. Sobre sillas chiquitas, hechas para niños y niñas, las mamás y pocos papás veían hacia la pizarra esperando, e inmediatamente surgió una pregunta por parte de una de las asistentes. “¿Por qué nos exigieron estar aquí?” Me di cuenta de que la directora había hecho obligatoria la reunión para todos los papás de los niños de quinto grado. Según la directora, de otra forma no asistirían, y no lo dudé. Seguramente tendrán otras prioridades y otras cosas que hacer a las nueve de la mañana después de dejar a sus hijos en la escuela. Algunos comentaron que sacarlos de su rutina interrumpe sus ingresos. Pero ¿no se supone que este taller trataba de ayudar su situación financiera y no empeorarla?

 

Al final todos los comentarios fueron bien recibidos tanto por los asistentes al taller como por los coordinadores del programa. No obstante, me di cuenta de que el diseño de muchos programas sociales no entienden la problemática social de la comunidad que visitan, y que muchas veces imponen sus programas como si fueran una respuesta automática. Por suerte, en este caso era decisión de cada uno de los padres si querían volver a participar en los talleres de educación financiera, así si encontraban que el taller tenía algo de valor para ellos seguramente seguirían asistiendo. Por ello, le pedimos a la directora que en el futuro las reuniones no fueran obligatorias.

 

Ese día, y durante todo el mes, los capacitadores del programa les proporcionaron material sobre cómo crear un presupuesto e invitaron a participar a los padres de familia. Después de días incentivando a los padres a que compartieran sus experiencias, algunas señoras empezaron a hablar sobre los conflictos que habían tenido con sus esposos en torno al dinero, sobre todo los esposos que se habían ido “al otro lado” para trabajar. Hablaron de la dificultad de comunicación entre la pareja, las pocas llamadas que pudieron hacer, rápidas y muy tarde, las discusiones sobre el uso del dinero que el esposo mandó con cargos a México, etcétera. De igual modo, descubrimos que algunos estaban construyendo casas grandes, pero todavía no podían vivir en ellas y no veían cómo las iban a poder terminar, otros habían prestado dinero a algún familiar y no sabían si lo volverían a ver. En otros casos, no había un objetivo financiero y se iba el dinero en gastos cotidianos o fiestas del pueblo. También los papás expresaron su preocupación sobre su falta del control sobre el dinero tan difícilmente ganado, y hacia dónde se iba. Las señoras por su parte, convertidas en administradoras de los ingresos, en ocasiones sin desearlo, resumieron los muchos gastos que implica tener una familia, incluyendo comida, gastos médicos, vivienda, útiles escolares, ropa para los niños, y cuotas para la escuela e instituciones religiosas.

 

Durante las conversaciones del taller se presentaron diversas opciones para el envío de remesas evitando así los cargos y altos porcentajes que cobran ciertas empresas para realizar la transferencia. Más allá de sugerencias prácticas, el programa pretendió provocar un debate sobre la importancia de poner sobre la mesa el tema del dinero en sus hogares y así dejar de verlo como un tabú. Se intentó vincular los conceptos del gasto con las prioridades de cada familia, el manejo del ingreso relacionado con las decisiones de mayor impacto en la vida cotidiana y el poder focalizar propósitos a favor de sus deseos.

 

Cuando reciben remesas ¿cómo puede una familia medir el impacto de ese ingreso en su calidad de vida y las oportunidades para sus hijos? Y más allá de eso, ¿cómo puede la sociedad medir el impacto de estos ingresos en el desarrollo y crecimiento de una generación?

 

Después de éste y otros talleres en escuelas vecinas, alrededor de 150 padres de familia en Puebla participaron en las pláticas sobre las finanzas personales. Con suerte podrán implementar algunos de los conceptos adquiridos en sus conversaciones a la planeación familiar de sus recursos, siempre con la libertad de tomar sus propias decisiones. Sabemos que la educación que el niño recibe en su casa es complementaria y paralela a la educación que recibe diariamente en la escuela. Si logramos convertir las escuelas en centros educativos no sólo para los niños, sino también para los padres, los abuelos, los tíos y otros miembros de la comunidad, ya habremos creado un centro que unifique y nutra grupos distintos de la comunidad, los cuales tendrán impactos importantes en el desarrollo integral de los niños.

 

 

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