Medio Oriente, el Conflicto Perpetuo

Medio Oriente es un término empleado para identificar una zona geopolítica en la que intentan coexistir distintas naciones, entre las que se encuentran Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza, Arabia Saudí, Irak, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Catar, Siria, Sudán, Yemen; existen diversos sectores que insisten en la inclusión de Egipto, Chipre, Irán y Turquía al ya extenso complejo.

 

Desde tiempos inmemoriales, el control del Golfo Pérsico y sus cercanías, representa la adjudicación de un gran poder político y económico, lo que ha derivado en numerosos e interminables conflictos culturales, sociales, políticos o económicos. La zona de Oriente Próximo es un punto clave, en el que se lleva a cabo el encuentro de dos mundos, Oriente y Occidente. Las naciones de todo el mundo se han percatado de que el vencedor de lo que Rudyard Kipling denominó como el Gran Juego, dominará una de las zonas más influyentes económica y políticamente del mundo contemporáneo.

 

Por encima de los distintos problemas que afectan la región, el que acapara la mayor atención debido a su complejidad e intensidad es el conflicto palestino-israelí, además de reflejar la nueva bipolaridad en la que se ha sumergido el mundo, negando la razón a la teoría del Fin de la historia de Fukuyama y confirmando cada vez más la negra visión huntingtoniana en su controversial obra El choque de las civilizaciones.

 

La nación judía, después de más de 2 mil años de diáspora, comienza a vivir uno de sus más anhelados sueños. El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (NU), después de que el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ernes Beuin, declarara a Gran Bretaña “incapaz de aceptar las propuestas presentadas por los árabes o los judíos, o de imponer una solución a todos”, presenta la resolución 181 en la que se acepta la creación de un Estado judío y un Estado árabe, dejando la Declaración Balfour como una simple promesa incumplida para los palestinos. La mayor parte de los estados árabes, así como el mismo pueblo palestino, se negó a la repartición territorial establecida por NU, declarando el proceso ilegítimo y provocando la primera guerra árabe-israelí; fenómeno social que tuvo como resultado que cerca de 800 mil palestinos abandonaran sus hogares y adquirieran el estatus de refugiados.

 

Las primeras migraciones de judíos hacia filistea comenzaron a darse en el periodo de transición al siglo XX, debido a los nuevos ataques que sufría el colectivo de los judíos con la gestación de los nuevos estados nacionales europeos. El rechazo palestino contra la nueva migración no tardó en manifestarse. Los nuevos inmigrantes comenzaron rápidamente a establecer sistemas exclusivos para judíos, como la compra masiva de tierras y el establecimiento de colonias agrícolas destinadas únicamente a los seguidores del sionismo, además de que los distintos movimientos sionistas dejaban entrever la clara intención de la creación de un Estado exclusivamente judío.

 

Es sin duda la Segunda Guerra Mundial y las atrocidades cometidas contra los judíos en dicho periodo el impulso que decide a la comunidad internacional permitir la creación del nuevo Estado sionista.

 

Otro factor de vital importancia es el apoyo de grandes capitales para la creación del Estado, sobre todo proveniente de los judíos estadounidenses.

 

Aún cuando el mundo árabe intentó unirse en distintas ocasiones para combatir el establecimiento del Estado de Israel, su desorganización y falta de recursos fueron insuficientes para ganar ninguna batalla, hecho que quedó más que claro durante la llamada Guerra de los Seis Días, la cual, en realidad, no duró más de seis horas.

 

La victoria Israelí fue tan aplastante que en 1969 a las distintas autoridades árabes, quienes se negaban a reconocer el Estado de Israel, no les quedo más que aceptar que la presencia judía en palestina era irreversible.

 

Aún cuando se puede dudar de la legitimidad en el proceso de conformación del Estado de Israel, hoy día es una nación que, con más de medio siglo de vida, donde varias generaciones han nacido, crecido y muerto, han hecho más que ganarse el derecho de existir. La sola idea de negar la existencia del Estado israelí resulta descabellada y peligrosa; el territorio que la nación ocupa se ha constituido como su hogar.

 

Sin embargo, Israel sigue impidiendo el desarrollo y libertad del pueblo palestino, no reconociendo su soberanía y libertad de existir como tal. La expansión de sus fronteras, el control sobre Cisjordania y Gaza, la colonización paulatina del territorio ocupado y sus constantes violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional son tan sólo algunos de los puntos que contribuyen a la perpetuación del conflicto en medio oriente.

 

No obstante, el mundo árabe y el mismo pueblo palestino, desde el principio han contribuido, de igual manera, a orillar la situación al punto en que se encuentra. El rechazo constante al reconocimiento del Estado judío, la falta de unidad entre los países árabes, los ataques a poblaciones y organizaciones judías son algunos otros factores que también han contribuido a exacerbar el conflicto.

 

Empero, existe un factor por encima de todo que ha contribuido a la precaria situación del pueblo palestino. Los ataques que distintos grupos de resistencia han perpetrado, como aquéllos de la organización Septiembre Negro, no han hecho más que restar legitimación a la verdadera lucha y reivindicación del pueblo palestino. Por lo general, la sociedad y el imaginativo colectivo es capaz de darse cuenta por sí mismo lo que es justo y lo que no, y algunos ataques de extrema violencia llevados a cabo contra la población civil no hacen más que empañar y obstruir cualquier tipo de juicio racional.

 

Un claro ejemplo de esta situación se da en 1974, cuando el panorama de paz comenzaba a ganar terreno a grandes zancadas; NU recibía a Arafat y la Organización para la Liberación Palestina (OLP) era reconocida internacionalmente, pero distintos ataques contra objetivos israelís en el extranjero provocan el cese absoluto de las negociaciones que se habían gestado para la edificación de un Estado democrático en el que coexistieran musulmanes, cristianos y judíos y la situación da un giro completo preparando un escenario que dejaría miles de muertos debido a nuevas luchas intestinas y un clima de terror.

 

La violencia no crea mas que violencia, no importa de qué lado provenga y por ningún motivo puede ser aceptada. Cuando dos hermanos o vecinos pelean no hay nunca un ganador, simplemente dos perdedores.

 

El conflicto en Medio Oriente es sin duda uno de los más complicados y longevos del mundo contemporáneo, en el cual las verdaderas razones que dan origen a semejantes odios comienzan a borrarse para siempre de la memoria, dejando únicamente desolación y una guerra sin fin. Cada bando, y de manera individual, puede tener desavenencias, pero sólo la falta de voluntad y egoísmo son las barreras para resolverlas. La solución no es otra que un plan a largo plazo donde Israel, junto con el mundo árabe, se proponga desarrollar los recursos y oportunidades sociales y materiales para que aquéllos que se sienten despojados de sus tierras, y a quienes alguna vez pertenecieran, puedan volver a tener un hogar propio.

 

Aunque el pueblo palestino se encuentra en una situación que en el mundo de contractualidad en el que la comunidad internacional se ha propuesto vivir es inviable, es Israel quién más preocupado debe estar por la búsqueda de paz, ya que, aunque por el momento navega con seguridad, se encuentra totalmente rodeado por lo que puede volverse una tormenta terrible; la vida da grandes vueltas y de un momento a otro, si el panorama no mejora, la situación le será completamente adversa.

 

Señalar un culpable entre ambos bandos es demostrar el poco conocimiento que se tiene sobre el conflicto en Medio Oriente y la negación de alguna de las partes. El único actor al que se podría considerar como culpable es la comunidad internacional, de quien su participación como tutor no sólo ha dejado mucho que desear, sino que ha contribuido a magnificar el problema. Un padre jamás dejaría que su hijo mayor descalabrara al menor sólo porque este último no ha dejado de fustigarlo, el padre sabe que ambos hijos han actuado de manera incorrecta, e interviene como mediador para resolver el problema, o por lo menos los separa para evitar que se lastimen. La comunidad internacional no sólo no ha encontrado la manera para que ambos pueblos puedan vivir de manera pacífica, sino que además ha proporcionado herramientas al pueblo con mayor poder y se omite sistemáticamente ante el abuso de fuerza.

 

La guerra en Medio Oriente es un conflicto que afecta al mundo entero, y de no participar en su solución la situación puede adquirir dimensiones de las que ninguna sociedad se verá absente.

 

 

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