La Cultura por la Cultura

01/07/2011

Como ya muchos saben, la palabra cultura tiene dos sentidos. El más común y utilizado por todos hace referencia al conocimiento sobre ciencia, teología, filosofía, literatura, arte y otras áreas del conocimiento.

El segundo es el que los antropólogos sociales utilizamos para describir las creencias, el arte, las costumbres, las tradiciones, las leyes, y cualquier otra habilidad o hábito adquirido en un grupo social particular. Definición que nos tiene ocupados desde 1881. Una vez hechas estas distinciones, es importante mencionar que en el presente texto haré referencia al primer sentido de cultura.

Sin embargo, no hablaré de todas las áreas del conocimiento, me limitaré a una sola: la ciencia. La ciencia, a su vez, se divide en miles de especialidades, cada una de las cuales se enfoca a tratar de darnos luz sobre los fenómenos naturales y sociales que ocurren en la realidad. Los científicos, desde los primeros estudiosos, pasando por Galileo y sus contemporáneos, hasta los especialistas de nuestros días, han tratado de acercarnos a las cosas que nos rodean, explicándonos el funcionamiento de las cosas. Respondiendo siempre al cómo.

Pareciera que la ciencia sólo nos ofrece cosas buenas, aun así, ésta ha tenido muchos problemas a los cuales enfrentarse. Uno de ellos ha sido encontrar un método definido que le permita explicar las cosas que investiga. Otro, merecer respeto, o por lo menos ser sujeta de tolerancia por parte de instituciones con poder para ser llevada a cabo. El último problema que mencionaré hace hincapié a los espacios, foros, momentos y tiempos a su alcance para ser difundida.

Actualmente para difundir ciencia existen revistas, congresos, museos, páginas web, foros de discusión, libros, universidades, entre otros. Haciendo énfasis en los museos, éstos son conocidos por la mayoría de la población del mundo. Tenemos museos sobre las ciencias, las artes, la tecnología, incluso sobre aspectos tan específicos como las estampas, las obras hechas con acuarela, o incluso otros que parecieran no poseer tanta importancia, como el museo del sexo o el museo sobre la vida extraterrestre en diferentes ciudades de los Estados Unidos.

Los museos en un principio eran la iglesia de las musas, las nueve hermanas, diosas representantes de las artes y las ciencias. Tiempo después, no se sabe con exactitud si con Ptolomeo I o Ptolomeo II, pero definitivamente en Alejandría, fue donde se construyó el primer museo con las características que hoy se le conocen. Ahí se ofrecía un espacio para las ciencias y otros cultos bajo la supervisión del Estado.

Contamos ahora con museos privados y museos públicos, pero dejando de lado esa distinción, la importancia que reviste a los museos hoy en día es innegable, ya que se han vuelto lugares indispensables y de referencia en las grandes ciudades. Son atracciones turísticas, sitios a los que se tiene que ir, por ejemplo, el Metropolitan en Nueva York, el British Museum en Londres, el Louvre en París, o el de Antropología e Historia en la Ciudad de México. También para realizar actividades escolares de todos los niveles educativos, o simplemente para pasar un día de descanso, se programan recorridos en las diferentes salas que nos pueda ofrecer cualquier museo.

Todas las actividades posibles y permitidas en los museos son enriquecedoras, nos permiten ver cuestiones que probablemente nunca hubiéramos conocido en otro sitio, o profundizar información que, en ocasiones vaga, poseemos sobre distintos temas.

Retomando un poco los conceptos de cultura mencionados con antelación, los museos nos aportan cultura. Desafortunadamente, el hábito o la cultura de visitar los museos es poco valorado por la gran mayoría de los mexicanos. No estamos acostumbrados a visitarlos, mucho menos a entenderlos o a participar en éstos. Los museos son santuarios abiertos a la población que nos ofrecen la oportunidad de empaparnos de información fidedigna y útil.

Queda pendiente, pues, la difícil y ardua tarea de generar el hábito de visitar los museos entre los nuevos miembros de nuestra sociedad. Por llamarlo de alguna manera, resulta imperativo fomentar la cultura por la cultura.

 

 

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